• Alfonso Estudillo

    La Voz de Arena y Cal

    Con Europa, rumbo a la gloria

    por Alfonso Estudillo


Pues, a la vista de las multitudinarias manifestaciones que le están montado al Sr. Rajoy los trabajadores, parados, pensionistas, estudiante, indignados y ciudadanos en general, encabezadas por dirigentes de los sindicatos y representantes de diversos partidos políticos, no parece que la recién estrenada política de su gobierno vaya bien encaminada ni tenga mucha aceptación.

Y es que la letra de su reforma laboral borra de un plumazo buena parte de las poquitas (paupérrimas es el término si comparas) mejoras conseguidas en los últimos treinta años por quienes, en su mayoría, no tienen otro patrimonio que un par de manos y una familia a la que darle de comer todos los días. Una nueva ley que no tiene nada de nueva, que es la archiconocida ley de siempre, la que se puso en marcha cuando se inventó el garrote (aval incontestable de quienes dictan estas suertes), que es la de quitarle cuanto tengan a los más débiles para dárselo a los que más tienen. Nihil novi sub sole...

Bien mirado, no cabe duda de que esta reforma contribuye en buena medida a crear el clima propicio para que el capital, hoy escondido donde no llega ni Dios a la espera de mejores vientos, vaya recobrando tranquilidad y confianza para salir a la luz y cumplir sus funciones de crecer y multiplicarse. Y si esto se consigue, los dineros despertarán de su letargo y habrá inversiones. La industria, la agricultura y los servicios todos comenzarán a moverse. Se conseguirá el fin último que es crear puestos de trabajo y acabar con el paro y todas las funestas consecuencias de esta puñetera crisis, hija bastarda de don Poder y doña Codicia.

Si analizamos lo que nuestros dirigentes han hecho hasta ahora para combatir la crisis: recortes de salarios, congelación de las pensiones, ampliación de la edad de jubilación, recortes en la inversión pública y reducción en ayudas sociales y de desarrollo, todo ello por parte del anterior gobierno, más la subida de impuestos del IRPF y la reforma laboral rebajando el despido, por parte del actual (a lo que resta por añadir lo que viene tras las elecciones andaluzas, subidilla del IVA y cuatro tonterías más), no cabe dudas de que la habilísima trinidad dueña del cotarro europeo (Alemania, Francia, Reino Unido), más el preboste supremo del otro lado del charco, omnipotente supervisor, fedatario y señor de todos los Occidentes, estarán más que satisfechos con esta especial gracia que tenemos los españoles de presentar el sitio en deshabillé y sin que falte en la mirada el pícaro guiño de la aquiescencia.

Convendría incluir entre los contentos -junto a los ya referidos- a los grandes tiburones de las finanzas y omnipotentes señores del capital que aguardan con calma que se asiente el "established order of the new Europe" para comenzar de nuevo sus tácticas y estrastegias, pero, como en su mayoría no tienen nombre ni rostro, ni hay la mas mínima prueba de que exista compincheo entre estos y los otros, es mejor obtenerse hasta que, celebrado el Juicio Final, el arcángel Gabriel nos pase nota aclaratoria de los componentes del club y quienes estaban arriba y quienes abajo.

Así, pues, casi completada la purga de Bancos y Cajas -donde sólo quedarán los que hayan demostrado saber nadar y guardar la ropa y tengan las arcas repletas de mercancía-, lo único que queda es enseñarles lo que vale un peine a los cuatro países más tontorrones para que sepan cuadrarse con prestancia y bizarría cuando oigan la voz de ¡firmes! Y, una vez acabado el período de instrucción, revisado por los especialistas competentes que todo funciona a las mil maravillas, las miradas indiferentes o desconfiadas se tornarán en complacidas sonrisas y los capitales tan celosamente guardados volverán a ver la luz de la mañana. Europa, ¡por fin!, habrá conseguido la perfecta unión y comunión de todos sus pueblos para ser la potencia económica que siempre soñaran sus fundadores. El maná comenzará a caer del cielo, los ríos bajarán llenos de tintineos dorados y los perros volverán a ser amarrados con longanizas. El gran barco de la prosperidad habrá zarpado rumbo a los inmensos destinos de la gloria.

Y nosotros, desde los bancos de galeotes de la crujía, agarrotadas las manos sobre los remos, enfebrecida de sudor la frente, pero plena la esperanza y abierto el corazón a los nuevos horizontes, se nos saltará una lágrima de satisfacción cuando oigamos a los capitanes de la nave recitar con voz alta y complacida: "Con diez cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no cruza el mar sino vuela mi velero bergantín..."

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