• Jesús Cárdenas

    SUEÑOS DE COLOR VIOLETA

    El fracaso amoroso de Don Álvaro

    por Jesús Cárdenas Sánchez


CONCLUSIONES EXTRAÍDAS DE LA LECTURA DEL DON ÁLVARO


El tema de las pasiones amorosas en el teatro romántico español se extendería a lo largo de varios capítulos si no pusiéramos freno alguno. A la hora de reflexionar sobre este tema, hemos acotado uno de los mejores dramas históricos de España por uno de los puntos más atrayentes desde nuestro punto de vista: el fracaso amoroso del héroe romántico que deviene en toda una estética del terror.

La obra del Duque de Rivas que más veces se llevó a las tablas fue, sin duda, Don Álvaro o la fuerza del sino (estrenada en Madrid, 1835). Lleva el subtítulo de “drama original en cinco jornadas en prosa y verso”. Para Romero Tobar “Fue el estreno por antonomasia del romanticismo español”. Aunque el Duque de Rivas parta del tradicionalismo hay un afán nuevo por trascender, con un aire religioso y pagano.

El protagonista se enfrenta a la vieja sociedad. Con este tema se prolongaba el asunto del melodrama dieciochesco: un trágico desconcierto entre el individuo y la sociedad que nunca se resolvía en un final feliz. Frente a la vieja aristocracia, el protagonista es un advenedizo cargado de riquezas. Don Álvaro, aunque es hombre de un origen legendario y heroico, tiene en la sociedad sevillana los mismos problemas que un burgués cualquiera: las trabas estamentales impiden su felicidad. Ángel de Saavedra está transmitiendo a sus oyentes un mensaje burgués; el trasfondo político es evidente. La sociedad del Nuevo Régimen, vinculado a las rigideces de las normas, la razón y absolutismo como actitudes más irracionales del Antiguo Régimen. Las desdichas de Don Álvaro son una metáfora patética y excesiva de las dificultades de la burguesía para acceder al poder y desplazar, o mejor, absorber a la vieja nobleza. Así, en opinión de Romero Tobar “el personaje termina vencido por la fatalidad, por la imposible culminación de la comunicación que se manifiesta en la creencia de que la sociedad es impasible y ajena a los tormentos del individuo”.

Don Álvaro o la fuerza del sino es el drama del destino, a través del cual se llega a la identidad (código social). Sobre la naturaleza del sino han polemizado muchos autores. Para unos se trata de la fatalidad griega ante la que el hombre es impotente, representación monstruosa e inmoral; para otros (Peers) se trata de un destino cristiano que se cumple a través del ejercicio de la libertad individual y es consecuencia de los fallos morales de los personajes. Por último, hay quien rebaja el sino hasta el estrato de la mala suerte (Pedraza y Rodríguez).

El destino plantea una anagnórisis (o reconocimiento de origen existencial); siendo una sublimación el valor supremo del yo (la búsqueda de lo sublime). Ocupa un lugar destacado en el monólogo de Don Álvaro.

Quizá no sea impertinente recordar la sugerencia de Boussagol, según la cual Don Álvaro nació como una parodia del drama romántico. Es decir, no creemos que se trate de una burla intencionada, pero sí de un remedo despreocupado de cuanto se hacía en París por aquellos tiempos. La obra nacería del capricho de “escribir un drama ajustado a aquel patrón”, el del Romanticismo francés. Desde esta perspectiva, Don Álvaro deja de ser el drama de pretensiones trascendentales que no llegan a calar en las motivaciones humanas, y pasa a ser un ejercicio escénico donde se funde el histrionismo melodramático y cuasi esperpéntico de los personajes centrales, la estructura cíclica, musical de los parlamentos y la plasticidad de la escenografía y de los cuadros costumbristas, además de un lenguaje sonoro, provisto de mucho colorido.

La crítica apunta hacia unas fuentes de raíces folclóricas. Se trata de una contaminación de varias leyendas que don Ángel conocía de su niñez cordobesa. Esto no evita la influencia de algunos clásicos españoles como La vida es sueño de Calderón o El diablo predicador de Belmonte.

Esta obra rompe los esquemas tradicionales por varios motivos:

- por su rechazo de las reglas clásicas.
- por su consonancia con el momento histórico.
- la novedad más interesante y de trascendencia de Don Álvaro consistía en la mezcla de figuras y motivos opuestos, que enriquecía la obra con diversos matices y la envolvía en un sugerente perspectivismo.

El autor busca el contraste y para ello alterna lo cómico con lo grave; yuxtaponiendo escenas trágicas con fragmentos de tinte grotesco, quizá de forma un tanto mecánica. Se conjuga el estilo “sublime” y el “bajo”.


La fusión de AMOR Y MUERTE

Se trata de un rasgo común del romanticismo en todos los países (Alemania, Francia, España).

La faceta proteica de los protagonistas: cambian de estado verdugo o redentor a redimido; el ensueño que desencadena la realidad trágica (ahí están los desafíos, las muertes...). D. Álvaro es un caballero, un santo y también un demonio; en definitiva, un héroe misterioso.

Este personaje poliédrico se manifiesta en la obra a través de sus acciones, pero también a través del desdoblamiento que sufre en el lenguaje.

D. Álvaro es un adán (el primer hombre según la Biblia), el hombre que se busca así mismo, prototipo del héroe romántico, que necesita reconocerse en Leonor. Necesita el amor como una moralidad; presiente la tragedia: fruto de los “golpes” arbitrarios del destino y termina aceptando la muerte como única salida. La ironía está en que lo que puede salvarnos es también nuestra propia condena (simbolismo religioso: “religión” de amor).

Es muy importante en la actuación del personaje romántico EL GESTO. Don Álvaro se suicida en un escenario preparado (por un risco).

- La mujer se presenta bajo la encarnación de la destrucción del personaje masculino también en El estudiante de Salamanca.

- El tema del destino, por las connotaciones que se desprenden, cabe plantearlo:

1º como azar;
2º tal vez como absurdo;
3º o quizás, ¿le da sentido a la vida? ¿significa orden o caos? Si pensamos que la vida es el mayor caos doloroso, ello marcará el destino, y por lo tanto, enlazaría con la fatalidad romántica, perteneciente a la estética del terror; un rasgo romántico que conlleva el exilio interior o el desarraigo. El exilio como ironía;–> estética del terror. Para D. Alonso “lo monstruoso es lo extraordinario”.

Habría una relación hombre-dios-Mundo marcada por la incomprensión; el hombre como víctima, fuera de la creación de Dios, por lo tanto, un destino imposible. De hecho, en las escenas finales, se llega al conflicto típicamente romántico. El hombre entre Dios y el mundo.

En Don Álvaro se muestran los códigos culturales del romanticismo, sobre todo en lo que se refiere a sus cimientos más fuertes: la naturaleza y la fatalidad, es decir, el amor y la muerte.

En una concepción de la vida donde la sociedad, las normas, lo regulado, se convierten inevitablemente en formas autoritarias de someter las libertades individuales, la naturaleza se carga por compensación de corrientes positivas. Todo su campo semántico, desde el paisaje hasta el deseo erótico, el antojo irreprimible de los personajes, desde las tradiciones folklóricas hasta el primitivismo de las trazas marginales, se levanta como espacio de libertad y pureza frente a la civilización corruptora. Y el suyo es el territorio privilegiado de esta plenitud.

Al mismo tiempo configura el territorio de la fatalidad. El camino de los héroes románticos acaba siempre en la muerte, porque su apuesta se apoya en un afán imposible. Se trata de asumir una lucha desigual, la propiciación del individuo solitario contra las represiones colectivas. El protagonista es lo suficientemente puro como para no aceptar las mediocridades de la realidad, pero no tienen la fuerza necesaria para transformar las cosas, para salir victorioso de su empeño de rebeldía social. Por eso solamente le queda la libertad viva de su decisión y las consecuencias mortales de su fracaso, de su imposibilidad. Toda esta atmósfera propia del romanticismo más serio, y del pensamiento poético contemporáneo, está perfectamente condensada en unas palabras de García Lorca en su conferencia “El Cante jondo, primitivo canto andaluz”, pronunciada el 19 de febrero de 1922, en Granada, con motivo del concurso de cante jondo: “...las coplas tienen un fondo común: el Amor y la Muerte..., pero un amor y una muerte vistos a través de la sibila, ese personaje tan oriental, verdadera esfinge de Andalucía. En el fondo de todos los poemas late la pregunta, pero la terrible pregunta que no tiene contestación. Nuestro pueblo pone los brazos en cruz mirando a las estrellas y espera inútilmente la señal salvadora. Es un gesto patético, verdadero. El poema o plantea un hondo problema emocional, sin realidad posible, o lo resuelve con la Muerte, que es la pregunta de las preguntas”

Ver Curriculum
Ver Web o datos del autor





volver      |      arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS    |    CULTURALIA    |    CITAS CÉLEBRES    |    plumas selectas


Islabahia.com
Enviar E-mail  |  Aviso legal  |  Privacidad  | Condiciones del servicio