• M. Alonso

    Pedacitos de una vida

    Bienvenido, 21 de marzo

    por Mónica Alonso Calderón


¡Bueno! Pues ya se cambió la hora… Una duerme una hora menos, pero gustosamente. ¿Por qué? Porque eso significa que empieza la primavera, y yo, salgo de mi letargo. Soy como los osos, no sólo por mis grandes dimensiones (a lo ancho, no en lo alto), sino porque odio el invierno: me da pereza salir a la calle, con lluvia (aunque este año de ésta hemos tenido poco), el paraguas que se lo lleva el viento y acabas más mojada que si lucharas con el agua a pelo, caminando cual cebolla con capas infinitas (pero con el mismo estado de congelación permanente), los ‘pinrreles’ con sabañones, la nariz colorada, las prisas, los atascos por la nieve…

Podría seguir con las quejas tres folios más, pero no vendría a cuento. Nos podemos ir haciendo una idea… La verdad es que este invierno se me ha hecho un ‘pelín’ más corto. Debe ser porque el cambio climático me ha echado una mano y no ha hecho tanto frío como esos meses de enero de cuando era pequeña: presumía de orejeras rosas en el patio del colegio.

A partir de ahora comienza lo bueno del año: caña en mano en las terracitas, lo que conlleva portar en la otra mano un cigarrito sin miedo a ser multada; los domingos latineros de sol a sol (también con caña en mano); los días Santos con la escapada al campo de todos los años (y un gato que necesita su espacio); camino de la jornada intensiva, de las tardes de piscina, de operación bikini (peleada con un helado de vez en cuando); de búsqueda de destino playero y peleas, esperanzas y descanso.

Y es que el 21 de marzo es lo que tiene, un inmenso horizonte que me devuelve la vida. Se acabaron los abrigos (aunque de vez en cuando se necesite una fina chaqueta o cazadora), los cambiamos por el Puente de Mayo; se acabaron las bufandas, con un foulard tenemos suficiente; adiós a las botas altas, las manoletinas son más cómodas. Eso sí, le damos de nuevo la bienvenida a las tiritas (mis pies lo pasan mal con el cambio de calzado en el mes de junio, no todo podía ser perfecto).

También son las fiestas de mi barrio, harina de otro costal, pero que siempre me hace olvidar mis penas de reforma laboral. Y en julio, mi cumpleaños, que no es que sea para tirar cohetes, pero un año más de vida siempre hay que celebrarlo.

En definitiva: vuelvo a vivir. Bienvenido, 21 de marzo.

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