• Ian Welden

    Milagros en Valby

    El ángel

    por Ian Welden (Dinamarca)


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Para mi querida Ángel, donde quiera que estés.


Mi vida siempre ha estado rodeada de ángeles. Desde que estaba en la cuna me cuidaban, sonreían y cantaban. En mi infancia, cuando los profesores me castigaban y yo lloraba aterrorizado en un rincón, un ángel me consolaba. En mi juventud y en mi vida de adulto han estado conmigo cuando las circunstancias se tornan peligrosas, infernales y abismales.

El siglo pasado me internaron en el Hospital del Reino, aquí en Copenhague, con horribles dolores al estómago. Los doctores no podían hacer un diagnóstico y me dijeron que probablemente era cáncer al intestino grueso. Me dejaron en observación y me dieron dosis de morfina que calmaban mi dolor y me permitían dormir.

La primera noche alguien me despertó con una caricia en mi pelo y mi cara. Y una voz me dijo -Ian, Ian... Soy la doctora de turno. Te sientes muy enfermo, no? Déjame tocarte el estomago. ¿Te duele aquí? Tienes miedo?- Algo me dijo que esa doctora era muy especial. ¡Me acarició el pelo! Los doctores no hacen eso. Yo le dije que sí, me dolía y que tenía miedo de que realmente fuera cáncer. Ella me contestó -Te vamos a llevar a radiología, y yo te doy mi palabra de mujer que NO ES CÁNCER.

Me llevaron a radiología pero yo me quedé dormido profundamente y tuve alucinaciones con esa doctora que me acarició el pelo, la barba y la cara. ¿Quien sería? La segunda noche en el hospital volví a despertar con una mano en mi cabeza y la voz tranquilizadora -Ian, soy yo de nuevo, la doctora de turno. Disculpa que te despierte. Necesito tocarte el estómago nuevamente. Tienes una infección en el intestino grueso. Te van a operar. No tengas miedo porque el cirujano es experto y además yo también voy a estar ahi cuidándote-. Y me volvió a hacer cariño en la cabeza y la barba, sonriéndome. Vi su rostro maravilloso. Su cabellera larguísima, rubia, y sus ojos celestes como el cielo. Estaba vestida de blanco, como todo el personal del hospital. Pero también como un ángel... Jamás olvidaré este rostro, pensé. Y me dormí. La operación constató que no era cáncer. Y me fui recuperando lentamente.

Obsesionado con esa doctora de quien me había enamorado como un adolescente, investigué en las oficinas del hospital, interrogué a mis compañeros pacientes y a otros doctores. La respuesta fue la misma "No han habido mujeres doctoras aquí en la noche. Han sido sueños, o alucinaciones causadas por la morfina..." Jamás acepté esa respuesta. Yo sabía que esa mujer me cuidó y consoló cuando yo tenía terror de morirme. Y que en realidad no era doctora.

Pasamos al siglo XXI y relegué en mi memoria el supuesto cáncer y a mi doctora nocturna. Caminando por mi barrio esta madrugada, un automóvil se detuvo a mi lado y de él apareció la doctora, mi ángel, ofreciéndome una canastita con frutillas y diciéndome -¡Yo te dije que no era cáncer, Ian, adiós, nos vemos!- y desapareció en su autito por las calles de Copenhague, del mundo, ¿del cielo?

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