• RESEÑA de LIBROS

    Los héroes derrotados
    de Enrique Barrero Rodríguez

    Fundación Valparaíso
    Mojácar (Almería, España) 2012

    por Juan Mena


Premio de Poesía Paul Beckett de Poesía (2011)

los heroes derrotados 193Hemos comentado en esta misma sección dos libros de Enrique Barrero: Fe de vida y Liturgia de la voz abandonada. Ahora llega otro a nuestras manos para que procedamos a dar al lector una información acerca de él.

El libro, precedido por una cita de Lao-Tsé (“Morir es volver”), tiene tres partes y una coda. Poemas en silvas blancas de heptasílabos, endecasílabos y alejandrinos componen el cuerpo poemático. Los motivos de los poemas están entretejidos como un tapiz culturalista en el que aparecen personajes históricos, La primera parte la ocupan nombres como Caín, Isaac, Príamo y Judas. La segunda contiene a Ludwig (van Beethoven), alusiones a Van Gogh por “Los girasoles”, A Cernuda por “La realidad y el deseo”, a Ernest Henry Shackleton por “La noche sobre el hielo”, la pérdida del temor a la muerte en “kamikazes”, a Stephen William Hawking en el poema ”La fuerza de los astros” y a Miguel Hernández con el poema “Telegrama en la sombra”. La tercera parte está formada por los poemas siguientes: “El dolor de Alfonsina” , “La casa de atrás”, dedicado a Ana Frank, “Hotel Roma”, “Norma Jean en el espejo”, alusión a Marilyn Monroe, “Anciana en sala de urgencias”, “Epifanía” (para un niño leucémico). La coda tiene un poema titulado ”Última orilla”, que no sé por qué me parece una alusión a Antonio Machado o, por lo menos, un recuerdo de él.

Una vez que hemos hecho una disección formal del libro, entremos en una valoración del contenido como “mensaje”, ya que se trata de un libro de poemas contenidistas en un cien por cien; quiero decir que el poeta nos sitúa en unas vidas con un perfil doloroso. Ello le obliga a prescindir de una cobertura estética ciertamente amplia y emplea un lenguaje realista en sus procedimientos descriptivos sin que eso mismo le precipite en el idiolecto de la poesía social, y salva el riesgo de los versos que justifican la servidumbre léxica con otros más personales: “Tú nunca lo sabrás y, sin embargo, / he olvidado tu nombre como olvida / con su piedad el mar / los inútiles restos del naufragio. / De tu luz de odalisca solo queda / un oscuro horizonte, / ciudad de los desprecios y el silencio, / amazona dormida en tu belleza /…”. Del poema “La realidad y el deseo”.

Veamos otro ejemplo de huida del lenguaje amenazado de contaminación realista: “A dónde te diriges desnudo de ti mismo, / solo con la tristeza del mar entre la frente / y la invisible lágrima que aguarda contenida, / si ya ha dibujado el horizonte / el último estertor de tu inocencia”. Del poema “Última orilla”.

Podríamos traer a la página otros ejemplos en los que Enrique Barrero se sacude el peligro de narrar, trocándolo por el de crear expresiones que traen frescura al texto poético, obligación de todo el que escribe hoy poesía, si no quiere que sus poemas sean totalmente deudores del pasado, como advierte el estilista ruso Vixtor Shklovsky en su obra El arte como artificio.

Demos la bienvenida a este poemario profundo y de gran calidad humana, escrito con dominio formal y fidelidad a la preceptiva, ejercicio raro en la poesía actual, quizás por lo que tiene de comprometido en el oficio.








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