• Dean Simpson

    Letras en el horizonte

    La vida como imitación del arte

    por Dean Simpson (Boston)


Durante el romanticismo el arte era imitación de la vida. El artista turbado pintaba, por ejemplo, un mar agitado, y un pasaje sin arrebatos transmitía la tranquilidad del pintor. La emoción ante todo, de Théodore Géricault a Caspar David Friedrich, es bellamente visible en el arte visual.

En la palabra escrita es evidente en las Rimas de Bécquer. Su vaivén de emociones es un verdadero abanico sentimental. También la naturaleza en los poemas de Rosalía de Castro transparenta la saudade que ella sentía. Estos dos poetas rezagados eran más introspectivos que sus predecesores, Espronceda, Duque de Rivas, etc., aunque también a través de ellos se emanaba otro tipo de romanticismo más nacional y nostálgico, pero no sin menos emoción.

Luego llegó el simbolismo y se invirtieron los papeles. La vida empezó a ser imitación del arte.

Mi ilustrado profesor de antaño Carlos Bousoño escribió mucho sobre el valor del símbolo, mucha teoría que preferí ver manifestarse en la poesía que estudiamos. Con la aparición de la poesía simbolista francesa -Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud y Verlaine- las palabras empezaron a pasar de la mera connotación al símbolo. El profesor Bousoño lo describía como una serie de asociaciones inconscientes que producen una emoción. Y con eso se llega a otro nivel de significado que confunde a los que no convence.

Óscar Wilde postuló la idea de anti-mimesis al decir que la vida imita al arte, tanto como hacía al revés en la tradición romántica. Hay quienes dicen que él no es el primero en observar esto, pero el concepto es increíble de todas maneras.

En mi caso, por ejemplo, un extranjero desprovisto de la experiencia machadiana, leí Campos de Castilla en la universidad sin jamás haber estado en Soria, pero sentí una conexión con la ciudad y la tierra. Sentí lo del triste sentir sereno de la Generación del 98, y cómo la tierra, Castilla en este caso, producía en mí una emoción tan fuerte y tantas veces repetida que cuando por fin fui a Soria y conocí el Duero de Antonio Machado, el olmo y el paisaje, éramos ya viejos amigos.

En mis clases de literatura ahora leemos poemas como "A orillas del Duero" y "Campos de Soria", entre otros. Con las imágenes que Machado pinta, a veces uso la pizarra para mostrar a mis alumnos el simbolismo que emana de los versos. Tomo una estrofa y les ayudo a reproducir, a pintar en realidad, una escena de la historia de España tal como la veía el poeta. Para ellos hay muchos obstáculos delante para poder entender el simbolismo, tanto como la emoción que se produce. Primero, en esta época saturada de Facebook y Twitter, la palabra escrita les parece arcaica. Segundo, la poesía en sí no suele atraerles mucho. Tercero, les resulta difícil muchas veces entender el vocabulario, las metáforas y las referencias socioculturales. Por ejemplo, el primer verso del Poema XXXII de Machado, un poema corto pero de muchos niveles de interpretación, dice, "Las ascuas de un crepúsculo morado detrás del negro cipresal humean". En EEUU no solemos poner cipreses en los cementerios, con lo que perdemos la connotación. Pero sí captamos la puesta del sol y los colores. Lo mismo ocurre con el "pino" de Dionisio Ridruejo, el "ciempiés" de Dámaso Alonso y la "vaga astronomía de pistolas inconcretas" en Lorca. Son referencias sociales, culturales e históricas que no entiende el extranjero al primer golpe de vista. Muchas veces son difíciles para el nativo. Pero no son imposibles de entender y por lo tanto apreciar.

En mi caso, cuando pienso en un ejemplo autóctono de cómo la vida es imitación del arte, pienso en David Henry Thoreau y sus escritos sobre Walden Pond, un estanque en las afueras de Boston. El escritor construyó una cabaña allí en el bosque hace unos ciento cincuenta años. Como en el caso de Machado, Neruda, Verlaine, y muchos otros poetas, la emoción sale de las palabras para crear emociones que a veces no puedo explicar. Pero ese es el valor del símbolo. Hace la vida más rica de lo que a veces aparenta.

Claro, debo mucho a mis profesores por espabilarme a mí, por ayudarme a entender y apreciar la poesía y el simbolismo que conlleva. Ahora me toca a mí llevar la batuta y hacer lo mismo para mis estudiantes.

Ver Curriculum
Curriculum





volver      |      arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS    |    CULTURALIA    |    CITAS CÉLEBRES    |    plumas selectas


Islabahia.com
Enviar E-mail  |  Aviso legal  |  Privacidad  | Condiciones del servicio