• Alfonso Estudillo

    La Voz de Arena y Cal

    Unidos en la necesidad

    por Alfonso Estudillo


"Unida en la diversidad" es el expresivo lema de la aún inconsistente Unión Europea. Pero, tal como están las cosas por estos lares, vistos y oídos los cambiantes lamentos y ufanías de los gerifaltes ibéricos y demás euroflacos -todos, excepto la fémina de la primera fila-, bien que podía cambiarse por "Unidos en la necesidad". La necesidad imperiosa de, dejando a un lado disfraces y caretas, mostrando el revés de los vacíos bolsillos y llevando escrito en los ojos las huellas del dolor de corazón y el propósito de la enmienda, aceptar la venial penitencia de proceder a una integración fiscal, bancaria y política entre todos los países componentes de la Eurozona.

Con tal motivo, y parece que, ¡por fin!, convencidos de que la actual política de recortes no es solución para salir de la crisis, persuadidos, ¡por fin!, de que hay que hacer crecer de forma imperiosa y rápida las economías de los países afectados, se reunieron el pasado día 22 en Roma los líderes de las cuatro primeras economías de la zona, el primer ministro italiano Mario Monti, la canciller alemana, Ángela Merkel, el presidente francés, François Hollande y el español, Mariano Rajoy. Y hablaron de sus cosas, de sus ilusiones, de sus penas y alegrías, de lo mal que se estaban poniendo las cosas por culpa de los cuatro pardillos que llevaron las riendas antes que ellos... Y de lo bonito e inteligentes que eran los cuatro y lo claro que tenían el objetivo de la integración. Y quedaron para verse el próximo fin de semana para tomar unas copas y firmar los papeles...

Esta integración -considerada ya justa y necesaria- conllevaría un más fácil acceso a las ayudas o prestaciones del Banco Central Europeo, a las reservas de la UE, al Banco Europeo de Inversiones, al Fondo Monetario Internacional y al -sobre la marcha- acordado paquete de estímulo al crecimiento por importe de 130.000 millones de euros.

Naturalmente, el fin último de la integración no es otro que la estabilidad del euro, que es tanto como decir la estabilidad de Europa y su avance como Estado. Y esta Nación de naciones, aunque por innato chauvinismo a muchos les cueste trabajo digerirlo, puede ser, con todas sus ventajas e inconvenientes, no sólo la ansiada solución a la actual problemática sino la mejor alternativa a todos nuestros ideales de futuro.

El proyecto de un Gobierno Central Europeo, a diferencia de la hegemonía imperialista de Hitler o la subyugación de la antigua y fracasada URSS, no pretende un soberanismo imperialista sino una moderna confederación supranacional institucionalizada. Con estas premisas se pretende reunir bajo unas leyes igualitarias, con capacidad de disciplinar las políticas fiscales, económicas y sociales, los diversos países que componen el multiestado denominado Unión Europea.

La consecución del proyecto, que ya fuera propuesto por la alemana Merkel y el francés Sarkozy y cuenta con la adhesión de numerosos dirigentes de otros países, tanto europeos como del plano mundial, significaría la total estabilidad del euro, una más que probable capacidad de crecimiento económico de los países integrantes y la garantía de estar avalados y protegidos por una superpotencia ante las posibles especulaciones financieras que, sin la menor duda, seguirán intentándose desde muchos frentes en épocas venideras.

También, sin duda, conllevaría la pérdida de soberanía en algunas materias a buena parte de los estados miembros, con obligada renuncias a políticas que, sobre todo en el plano social, podrían significar -o podían entenderse por el país ejecutante- como retrocesos o disminuciones en mejoras comunes. Es en este aspecto donde más se debería vigilar, y estudiar escrupulosamente, que no se deteriore ni menoscabe derechos conseguidos por trabajadores, jubilados y pueblo en general, pues, aunque determinadas formas recogidas en las disposiciones de ámbito social podrían ser discutibles -y ajustarse, en su caso-, de ninguna manera debería admitirse cuanto significara un claro retroceso en materias fundamentales, como las laborales, educacionales o sanitarias, o disminuyera derechos conseguidos por los más débiles. Como tampoco a cuanto afectara las costumbres o idiosincrasia de cada pueblo.

Desde un punto de vista objetivo, pienso que la integración en un único sistema fiscal, financiero y político, amén de todas las demás posibilidades que conllevaría la unificación y consecución de una auténtica Unión Europea, siempre que los principales órganos de dirección operaran con la lealtad, honradez, ética y honestidad de un "buen padre de familia", reportaría un claro beneficio, en todos los aspectos, para la totalidad de los integrantes. La supervisión de las más principales líneas de gobierno por parte de dirigentes, que hemos de suponer de superior capacidad y experiencia, evitaría políticas erradas -equivocadas o inducidas por intereses- en muchos de los gobiernos que, actualmente o en el el futuro, manejan las riendas de algunos de los países con menos capacidades.

El único gran problema -muy a tener en cuenta por sus amplias posibilidades- sería que este gran proyecto, este sueño extraordinario destinado a ser una hermosa criatura, naciera llevando en sus genes las huellas del cáncer de los intereses ocultos, que las malignas células de las mafias de siempre se infiltraran por sus tejidos para terminar convirtiéndola en un monstruo devorador de las ilusiones y la dignidad de los hombres.

No podemos olvidar que el gran cáncer de la Humanidad, la codicia y la ambición, están ahí desde el principio de los tiempos, nutriéndose de las debilidades de los pueblos y al acecho de la menor oportunidad para chuparle hasta la última gota de su sangre.

Es posible que esto nunca ocurra, que los múltiples organismos de dirección con que cuenta la UE sean capaces de supervisarse los unos a los otros para impedir que la fatídica enfermedad destruya toda la bondad de su gran cuerpo. Es posible... Pero debe contar ya desde sus comienzos con esas personas de probada lealtad, honradez, ética y honestidad que caracterizarían a un "buen padre de familia". De no ser así, si pasado un tiempo hubiéramos de lamentar las decisiones de unión que ahora tomamos, las consecuencias podrían ser terribles. Tanto como podría ser imaginable en la furia desatada de más de 500 millones de hombres y mujeres pacíficos.

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