Rincón de la Poesía 

Dean Simpson
Boston, EE.UU.






(Para mis dos hijos. Tan lejos, pero tan cerca, toujours).


Pretensiones de un reloj


Es madrugada de un domingo invernal.
Se oye la respiración pedregosa de un niño dormido.
Suspira cansinamente, da la vuelta y abraza su almohada.

Oigo un avión a lo lejos.
Pienso en el paso del tiempo.
La tubería de la calefacción cruje ceremoniosamente.

El gato del vecino serpentea sigilosamente entre los arbustos
y las ramas muertas yacen cubiertas de nieve.

La primera luz de la mañana filtra prismáticamente
por la escarcha granular de los cristales
y traza patrones abigarrados en el edredón de la cama.

Cruzo las piernas y contemplo la cara del niño.

El reloj se rompió hace tiempo ya
pero mi hijo sigue creciendo a su propio ritmo.

Pienso.
Tiene que haber un artilugio,
tiene que haber, para amortiguar el ritmo de los días,
mitigar los surcos en la cara, las fosas en la tierra,
para aplazar este conocimiento, este saber
que un día lo va a inquietar como me inquieta a mí -
el poder ver la caligrafía de la muerte en los muros,
la autonomía del desengaño, el fruto de la indecisión.

Los peluches están apoyados en la cama, contra la pared,
un mono, una tortuga y un oso con una bufanda,
todos con sus ojos vidriosos mirando fijamente al vacío.

Los míos, vidriosos también, siguen mirando al niño.









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