• Alfonso Estudillo

    La Voz de Arena y Cal

    De cabeza a la Edad Media

    por Alfonso Estudillo


Por sus actuaciones en estos últimos tiempos, y con una mínima reflexión, no cuesta mucho trabajo entender que el Sr. Rajoy cree firmemente en sí mismo, en su capacidad como político y en que lo que está haciendo -por encima de todo y sin discusión- es lo que debe hacer.

De la misma forma que lo creían el General Franco, Benito Mussolini o Adolf Hitler cuando ostentaron el bastón y la espada. O, quizás, teniendo en cuenta la extraordinaria situación en que los supremos designios han situado a nuestro Presidente en tan alto cargo, de la misma forma que lo creían Fernando VII, Luis XIV o el el Zar Nicolás II.

Se trata, nada menos, que de salvar al país de la catástrofe definitiva, del fin y el aniquilamiento total como nación, del punto y final que la conduciría sin remisión a la muerte y extinción como pueblo. Y, si para ello hay que ser duro, si es inevitable cortar por lo sano y pasar por encima de algunos cadáveres, ya lo afirmaban como necesario personajes de tanta experiencia, conocimiento y sabiduría como estadistas, filósofos o militares que escribieron la Historia. Así, el experimentadísimo Cardenal Richelieu afirmaba: "Luego de tomada una resolución, voy derechamente a mi objetivo derribando todo cuanto me cierre el paso." O el reconocido filósofo y estadista Nicolás Maquiavelo, que declaraba: "...el príncipe no debe preocuparse de incurrir en la infamia de aquellos vicios sin los cuales difícilmente podría salvar el estado..." O el gran Napoleón (aunque se le atribuye al anterior), que sostenía con firmeza: "El fin justifica los medios."

Y, ¿qué duda cabe? Si la política que está aplicando el Sr. Rajoy es la que creían e impusieron los grandes hombre que abrieron los caminos del mundo para hacernos llegar hasta aquí, hasta las mismas puertas del futuro y la modernidad, ¿cómo vamos a pensar que no esté haciendo otra cosa que lo mejor para su pueblo?

Pero, el Sr. Rajoy, al ignorar olímpicamente a la oposición, a los demás partidos, a los sindicatos, a los ciudadanos que lo eligieron, al pueblo todo, no sabe que está cometiendo una torpe y gravísima equivocación. No sólo por imponer su política y criterios sin consultar a nada ni a nadie, sino porque las filosofías políticas del absolutismo y las dictaduras no son de esta época, fueron -o son- simples residuos de la evolución social del hombre, testigos en la historia de los grandes logros y los estrepitosos fracasos conseguidos en los últimos ciclos de la humanidad, el colofón, quizás útil, necesario y hasta grandioso, que nos permitió pasar página a la negación de la dignidad humana y adentrarnos en una nueva era donde, teóricamente, se contempla la legitimidad de la igualdad y los derechos de todas las clases sociales.

Tengo que dudar que el Sr. Rajoy sea tonto del haba, pues, tanto por su preparación -Lcdo. en Derecho y Registrador de la Propiedad- como por la ascendente y continuada evolución de su carrera política -varias veces ministro y actual Presidente del Gobierno- así se nos evidencia. Sin embargo, nos demuestra ser un pésimo jugador de póker, inseguro, inhábil y acobardado, cuando, teniendo en sus manos una pareja de reyes (el nuestro y Su Graciosa Majestad, que, aunque no baile, tocará las palmas gozosa) y un trío de ases (Hollande, Monti y él mismo -si reflexiona-), es incapaz de echarle el resto a la inefable y pizpireta señora Merkel que, aunque ponga cara de escalera de color, sólo cuenta con tres caballos (de vapor) y dos dieces (aunque estudió Física, se los dieron en habilidad e ingenio).

No se percata de que los dirigentes de los grandes países, EE.UU., Reino Unido, China, Japón, India, Brasil... -y muy principalmente, Alemania-, están a la búsqueda de encontrar fórmulas que les permitan recuperar, estabilizar o mejorar sus economías sin andarse con chiquitas. Prueba de ello lo tiene en que todo lo que obtiene de los mandamases de la UE son palabras bonitas y promesas que nunca se cumplen, cuando no continuadas negativas. Hace ya dos meses que se aprobó el rescate (o como quiera llamarle) de la banca española y, hasta la fecha, ni se han fijado las condiciones concretas ni qué cantidad exacta se precisa ni cuándo comenzará a ser efectivo. Incomprensible desatención -o puro cachondeo- que nos demuestra que van a lo suyo sin importarles un comino la terrible sucesión de miserias y paro y hambre por las que estamos pasando los españoles.

Pero, aunque pueda parecer otra cosa, el único interés de la UE -que coincide plenamente con el de su principal valedora-, todos ellos perfectamente conscientes de que el mundo tiene que seguir y deben amoldarse a lo que hay, no es otro que el de que seamos serios, comedidos y austeros, y, tanto las clases más pudientes como las menos favorecidas, evitemos todo despilfarro. Saben -y eso buscan- que una economía bien saneada permitiría un intercambio más fácil y fluido de transacciones comerciales e intereses entre el gran productor -el país germano- y todos los países que le van a la zaga en la aventura. Le es más que suficiente para asegurase el éxito, porque nadie pone en duda sus altísimos adelantos en tecnologías, su más que probada calidad, su competitividad y su excelente capacidad de producción.

Hacerle entender esto a un alemán, a un sueco o a un holandés no costaría mucho trabajo, bastaría referirlo en un par de telediarios para que todo el mundo se pusiera manos a la obra. Pero, distinta cosa es si se trata de los dicharacheros pueblos mediterráneos.

Fíjense si les suena raro el concepto a los españoles, que el Sr. Rajoy, entendiendo que el "objetivo de déficit" es poco menos que las trompetas del Juicio Final, y lo del "rescate" algo así como el fin del mundo, en uso de sus atributos como presidente de la nación, convencido de que hace lo que debe y sin consultar ni con el Lucero del Alba, se ha empeñado en atajar la situación haciendo todo cuanto le dicte su conciencia y crea bueno para salvar al país.

Pero, en su tan encomiable como obcecada intención de salvar al país, el Sr. Rajoy -como digo al principio- comete una grave equivocación, ya que recortar de tal forma sueldos y derechos sociales, privar de lo conseguido en muchos años a las clases trabajadoras y a los más humildes, imponiendo criterios absolutistas más propios de vasallos que de ciudadanos (vean, si no, lo de escamotearles la paga extra a los funcionarios, las nuevas leyes de contratos laborales o convertir los diezmos en tajada de león), nos hace regresar -y sin solución de continuidad, por lo que se ve- a poco menos de dos pasos de la Edad Media.

Los españoles no se lo van a perdonar. Incluso, ni los que lucen gaviota en la solapa. Es más, visto el patio, es muy posible que ni siquiera termine la legislatura... No sabemos que pueda pasar, pero, quizás la única solución pase por continuar de forma certera la partida de póker que menciono más arriba. Si el trío de ases se identifican entre ellos, si reflexionan hasta la extenuación, hasta saber que tres ases unidos en una sola mano son un imperio, quizás sean capaces de pegar el puñetazo sobre la mesa y decirle a la confiada campeona que hasta aquí llegó la partida, que se juegan el resto y se acabó lo que se daba. Y ganarán la partida. Tres caballos y algunos dieces no bastarán para contener las ansias de futuro de 180 millones de ciudadanos franceses, italianos y españoles. Ni la UE ni la señora Merkel se pueden permitir ser culpables del rompimiento en pedazos del gran imperio que supone la Unión Europea.

Pero deben entenderla desde la fraternidad, e incluirle la Igualdad y la Libertad, aunque ya lo ostente como divisa la República Francesa (por cierto, la que acabó con el feudalismo el 4 y 11 de agosto de 1789). Se puede hacer, porque NOS NECESITAN. Más de 200 millones de consumidores -contando Grecia y Portugal- de productos Made in Germany -además, vecinos- son, más que necesarios, imprescindibles para el crecimiento y continuidad de la economía alemana.

Y si el Sr. Rajoy consigue -de la forma que sea- que esto se haga realidad, que se acabe el boicot bancario que mantiene la UE contra España (tengo mis dudas si también contra los demás), que se restablezca la normalidad del mercado interbancario y, sobre todo, el Banco Central Europeo contribuya con toda la ayuda necesaria -e inmediata- al restablecimiento y estabilización del sistema financiero, puede que las obligadas rectificaciones que deberá hacer -que deberán llevar aparejada examen de conciencia, dolor de corazón y propósito de la enmienda- le eximan de la penitencia a la que ahora se está haciendo merecedor, y que no sólo sería el rechazo de todos y la expulsión o no renovación del cargo, sino el contar en los libros como "el peor suceso ocurrido en los anales políticos de la España moderna".

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