• Juan R. Mena

    Contraluz

    Hacia otra poesía o la literatura creativa

    por Juan R. Mena


Toda la poesía escrita hasta ahora se ha apoyado en el discurso gramatical lógico, en el que el poeta ha intentado explicarnos el mundo (o su mundo), como si el mensaje de su contenido fuese el indispensable en poesía (al menos para él); o sea, que nos habla desde su necesidad de comunicar, desnudar su conciencia como si nos interesara su confidencia. Es la poesía que hemos escrito siempre.

Llega Eugenio Montale y nos dice en su libro En nuestro tiempo que la crisis contemporánea de las Humanidades ha barrido esa poesía que pretendía seguir la tradición de la comunicación, la necesidad de explicarnos el mundo a modo de puente de certezas del entendimiento humano entre el lector y el autor, o bien trasmitirnos una experiencia neorromántica o neomodernista.

Darrida recurre a la sacudida de la semántica, la desgramaticalización del texto poético. O dicho más exactamente: la deconstrucción semántica. Pero, ¿está el poeta actual preparado para esta innovación, que supone transgredir los significados y las oraciones gramaticales ancladas en la lógica de coartada más o menos realista?

Sin embargo, el reverso del poema de conceptos trenzados con hilos de claros argumentos y, por tanto, de total predominio contenidista, es el poema con pretensiones “visionarias”, de lectura inabordable debido a su disparatada imaginería. Pero eso no es, a mi juicio, un buen recurso para acabar con la automatización del texto.

Ya Shklovski había advertido acerca de esa automatización propugnando para ello inventar expresiones propias, metafóricas o no. También la sinestesia de los simbolistas fue un intento de descomponer la realidad cartesiana. Para tal efecto, recordemos las vanguardias, en especial el ultraísmo con su culto a la metáfora (Cansinos Assens, G. de Torre, Borges). Por esa misma fecha, más o menos, el pintor francés Paul Gauguin había dicho: “El arte es plagiador o revolucionario.”

¿Con qué procedimientos se ha de seguir escribiendo poesía como se ha hecho hasta ahora? Como dice Montale, ya estamos cansados del arte de contar literaria o poéticamente, pues parece que la historia del ser humano no nos interesa ya, al menos en cuanto ser de hondura metafísica o sentimental.

¿Seguiremos siendo viaductos de la literatura y nos contentaremos con las viejas historias que no les llegan a determinados lectores experimentados como los Shklovski, como los Montale, como los Derrida?

¿Hemos de quedarnos entonces en la poesía experimental con juegos icónicos?

La poesía no puede abdicar tampoco del significado con comunicación o no. Pero aquí surge el problema. ¿hemos de replantearnos la cuestión en los mismos términos que hace treinta o cuarenta años o mantendremos la esperanza de lograr una escritura creativa sin lastres del pasado literario?

He aquí un ejemplo de poesía que con un mínimo de significado desarrolla un tema que tiene una sola idea. Lo importante es rodear esa idea de elementos que nos transportan a un mundo onírico. Por otra parte, los sustantivos y adjetivos son mayoritariamente concretos, desvinculando el texto de un lenguaje convencional y abstracto. Un toque surrealista le da al poema una cierta atmósfera onírica que lo salva del predominio aplastante del significado narrativo o confidencial, como ocurre en la poesía social y también en la poesía de la generación siguiente, la de 68 ó 70 (a pesar de que los poetas de ella se opusiesen al lema de “la poesía es un arma cargada de futuro” de Celaya). Ellos escribieron una poesía situada en los mitos actualísimos de la modernidad, pero seguían siendo inevitablemente contenidistas y no aportaron ninguna novedad en lo que se refiere a la desautomatización del texto.

Vamos ahora a ese poema que representa un giro inusitado en la poesía -no sólo de su generación- y que va más allá del contenido, tomando de él un mínimo, lo necesario para motivar lo “inefable” en la imaginación del lector. ¿No es lo que se proponía el surrealismo?


Se querían

Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando…
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, Sabedlo.


Vicente Aleixandre (La destrucción o el amor, 1935)

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