• Alfonso Estudillo

    La Voz de Arena y Cal

    España. Un nuevo Estado Federal

    por Alfonso Estudillo


No sabemos si será bueno o malo porque los españoles tenemos escasa experiencia en el tema, pero, tras la hecatombe económica y social en que nos ha sumido el poder político financiero, oídas las voces que pululan en todos los gremios, y el órdago a la grande lanzado a los cuatro vientos por el Sr. Mas, quizás es llegada la hora de cambiar y reestructurar la forma en que se gobierna en las distintas casas que componen este patio de vecinos que se llama España.

Inicialmente, y desde hace ya muchos años, son los catalanes y vascos -parte de sus ciudadanos, claro- los que han pretendido romper los vínculos que los atan a España y constituirse en país, nación o estado independientes del poder central. Visto así, y dada la referida escasa o nula cultura que tenemos muchos ciudadanos de a pie sobre otras formas de gobierno- parece que tratan de romper definitivamente con el resto del país y erigirse en país o nación completamente independiente. Esto, además de que posiblemente no sea la idea objetivo de catalanes y vascos (de sus políticos) -aparte de que conllevaría vencer muchos obstáculos a nivel interno, puesto que sin acuerdo constituye una sublevación-, podría no ser factible por posibles discordancias con el Derecho Internacional y la no aceptación por la UE y otros países. Naturalmente, hay otras formas más amables -y legales- que vendrían de un consenso entre todos.

España, el Reino de España, es actualmente una Monarquía Parlamentaria. Políticamente es un Estado Unitario que funciona como Estado regional/autonómico, es decir, una cuasi federación descentralizada de comunidades autónomas repartidas en 17 autonomías y dos ciudades autónomas. La mayor parte de las competencias están transferidas, pero, tal y como se proyectara en los principios, es decir, dentro de un proceso asimétrico y con ciertas diferencias en los niveles de competencias, financiación y autogobierno (entre otras, País Vasco y Navarra administran totalmente su financiación pública. Además, dentro de lo que podemos saber -por ser visible-, Cataluña, con sus Mossos d'Esquadra y el País Vasco con la Ertzaintza, tienen sus propios cuerpos policiales). A estas diferencias -visibles- puede que se le añadan otras prerrogativas que sólo conocen el que pidió el milagro y el santo que se lo hizo. Si añadimos que algunas de estas distinguidas autonomías continúan exigiendo más y más, no es de extrañar que el pueblo, incluso los más preclaros defensores de la actual unidad y modelo político de España, hartos de sumar decepciones y no ver futuro por ningún sitio, ya estén pensando en modelos federales donde todos y cada uno tengan asegurado -por Ley- menor injerencia gubernamental e igualdad de derechos y obligaciones.

Estos días atrás hemos podido leer (El País, 22-9-2012) una carta de José Antonio Griñán, presidente de la Junta de Andalucía -una de las comunidades más identificada con la España unitaria-, sugiriendo cambiar el modelo autonómico actual por uno federal, modelo que aportaría identidad y autogobierno propios a las distintas comunidades y que permitiría compartir un proyecto común de convivencia y sin exclusiones.

También, y a raíz de las manifestaciones de Barcelona del 11-S, hemos podido escuchar al secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, mostrándose partidario de reformar la Constitución si fuera necesario para avanzar hacia el modelo federal, que -según sus palabras- "garantiza la igualdad y preserva la diversidad." (de hecho, el federalismo en el PSOE, aunque nunca lo han sacado a la palestra, no es idea nueva en su filosofía y ya hace años que llaman así a todos sus Congresos y convocatorias de partido).

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, va algo más allá en sus pretensiones de autonomía e independencia. Rechaza de plano el actual sistema autonómico y quiere para Cataluña un estatus de Estado Libre Asociado, al estilo de Puerto Rico. Y aún más allá algunos miembros de su grupo, CIU, que hablan de consultar a la ciudadanía sobre la posibilidad de que Cataluña sea un nuevo Estado de Europa. Las manifestaciones de la Diada del 11-S, y el adelanto de la convocatoria de elecciones por Artur Mas para el 25 de noviembre (a mitad de legislatura), ya nos hablan de que hay muchos ciudadanos en el pueblo catalán que quieren o necesitan segregarse de España. Y no dudo de que esta vez van a por todas. Realmente, esto ya ha ocurrido varias veces:  Francesc Macià, proclamó la República Catalana, el 14 de abril de 1931, que sería abortada por Niceto Alcalá-Zamora. En 1934, Lluís Companys proclamó el Estado de Cataluña dentro de la República federal de España. También abortado por Niceto Alcalá-Zamora. Estos delitos estaban penados con 30 años de cárcel, pero no los cumplieron.

En realidad, convencidos de que atados a un yugo los errores del carrero lo sufren todos los bueyes, son muchos los miembros de partidos políticos y españoles en general que abogan por un cambio del actual sistema autonómico a un modelo federal o, incluso, confederal (que disminuye algo más el poder central). La forma de conseguirlo tendría que ser muchas voces pidiéndolo y un consenso entre todas o la mayoría de las Autonomías.

La forma de Federación, a lo primero que obliga es a un cambio radical de la Constitución, puesto que las disposiciones actuales de la Carta Magna impiden deshacer y repartir la soberanía de la nación. Por otra parte, está la figura del Rey y su carácter como soberano de todo el país. No sería necesario instaurar la Republica, pero, la Monarquía -aunque siempre podría haber alguna estrategia para la continuidad de D. Juan Carlos I- no encaja en un modelo de Federación o Confederación de Estados, donde cada uno de ellos gozaría de total soberanía sobre su territorio.

Para mí, acostumbrado ya a los antiquísimos manejos de que "hay que cambiarlo todo para que todo siga los mismo", ni me coge de sorpresa estas pretensiones ni sé -como digo al principio- si será bueno o malo para los españoles. De lo que no cabe duda es de que no podemos seguir viendo cómo nuestros dirigentes nos meten en situaciones económicas dramáticas, nos desmantelan por completo el aún bastante mísero estado de bienestar -que se supone más que ganada recompensa a sacrificios de muchos años- y, no sólo están dejando pasar el tiempo sin aportar ni la más mínima solución a los muchos problemas existentes -que se multiplican exponencialmente por día-, sino que nos confirman cada día que pasa que ni saben ni pueden encontrar la solución inmediata que la situación requiere.

El cambio a un Estado Federal -o Confederal- puede que aporte unas prerrogativas a cada Comunidad que, sin ser una panacea, permita mayor flexibilidad a la hora de diseñar su futuro. Se podría exponer un buen número de posibilidades positivas, sin olvidar que, también, mayores responsabilidades por parte de todos, de gobierno y gobernados. Ejemplos de estados federados los tenemos en Estados Unidos, Alemania, Suiza (Confederación), Rusia, Argentina, Brasil, y un largo etcétera. Si se hace con una total simetría y el reparto de facultades y responsabilidades entre el gobierno federal y los estados/autonomías federados es preciso y justo, puede que sea bueno y acabe con las ancestrales rencillas.

Y respecto al Sr. Rajoy, no quiero añadir nada. Ya dije el pasado mes que si consigue -de la forma que sea- que se acabe el boicot bancario que mantiene la UE contra España (tengo mis dudas si también contra los demás), que se restablezca la normalidad del mercado interbancario y, sobre todo, el Banco Central Europeo contribuya con toda la ayuda necesaria -e inmediata- al restablecimiento y estabilización del sistema financiero, puede que las obligadas rectificaciones que deberá hacer -que deberán llevar aparejada examen de conciencia, dolor de corazón y propósito de la enmienda- le eximan de la penitencia a la que ahora se está haciendo merecedor, y que no sólo sería el rechazo de todos y la expulsión o no renovación del cargo, sino el contar en los libros como "el peor suceso ocurrido en los anales políticos de la España moderna".

Por las voces que se oyen por todos los rincones -que no son sólo las escuchadas este 25-S-, parece que nos vamos a tener que enfrentar a lo dicho en las dos últimas líneas del párrafo precedente. Y aún nos quedará saber si a España serán capaces de recomponerla en los Servicios de Urgencias...

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