• Juan R. Mena

    Contraluz

    Los lenguajes

    por Juan R. Mena


En el lenguaje escrito podemos distinguir varios procedimientos de escritura dependiendo del tema para los destinatarios. En la enseñanza de la Lengua de COU hay un capítulo que se ocupa de esto. Los lenguajes, que entonces se subdividen en textos, se clasifican así: El científico, el jurídico, el publicitario, el humanístico, el publicitario y el literario.

Para el asunto que nos concierne, hemos de subdividir a su vez el texto literario en los siguientes apartados: la escritura del ensayo y la filosofía la podríamos incluir en el texto humanístico. En el lenguaje literario estricto, tenemos la escritura del teatro, la narrativa y la poética. ¿Por qué hemos de separar el estilo narrativo del poético? Esto es lo que vamos a tratar en este artículo.

Si entramos en los diversos estilos de los narradores tenemos un amplio muestrario de diferencias en sus obras. Para ser breves y precisos establezcamos esas diferencias entre la novela de Unamuno y la de Miró, la de Baroja y la de Valle-Inclán, la de Cela y la de García Márquez. Sin embargo, en todas ellas campea el dominio del significado. Los autores no descuidan este aspecto a favor de innovaciones en las posibilidades estilísticas del significante, sin que esto haga suponer que esos novelistas no extremaran sus recursos para el tratamiento literario de sus intenciones ni que sus obras, sin ese procedimiento estilístico, merezcan menos elogios.

Pero es en la poesía donde hemos de estudiar minuciosamente cómo el significante se sobrepone a los preocupaciones comunicadoras del significado.

Cuando se dice que la poesía es comunicación se quiere sugerir o afirmar que la poesía es confesión, como en la tendencia romántica, o bien exposición o denuncia, como en la poesía social de postguerra. En la llamada generación del 68 ó 70 los poetas rompieron con esas dos vías de relación entre el poeta y el lector, pero, en lo que se refiere al lenguaje poético, el estilo de los poetas era el mismo; las sugerencias semánticas de su lenguaje no tenía nada de nuevo. El lenguaje poético empleado padecía de automatización, en el decir del estilista ruso Vixtor Shklovski; es decir, que estaba desgastado en cuanto a imágenes y adjetivaciones, si bien hay que tener en cuenta que, a partir de los setenta, las estructuras poemáticas se abren y un anárquico anhelo vanguardista impregna el lenguaje poético de ambiciones innovadoras, pero degenera en un abuso sin fin de la escritura automática, la imaginería delirante y el versolibrismo antirrítmico. Una especie de poesía a la pata la llana, por decirlo con expresión doméstica, que daba la impresión de modernidad.

Pero no es en la distribución de las palabras en el texto poético donde está la renovación; no se trata de colocar las palabras a modo de crucigrama, de manera que sorprenda al lector; no es la violación de la semántica a base de imágenes visionarias, que tienen su origen en la arbitrariedad -y no en el talento-. En vez de estas imágenes visionarias, se me ocurre invocar la metáfora, que tanto ponderaba el Ultraísmo y, como expusiese Valle-Inclán en su Poética, un determinado tratamiento de lo que se ha de entender por lenguaje poético.

Para Valle-Inclán no hay diferencia esencial “entre verso y prosa. Todo buen escritor, como todo verdadero poeta, sabrá encontrar número, ritmo, cuantidad para su estilo. Por eso los grandes poetas eliminan los vocablos vacíos, las apoyaturas, las partículas inexpresivas, y se demoran en las nobles palabras, llenas, plásticas y dilatadas”.

En otra ocasión hemos recurrido como ejemplo aproximado de lo que exponemos, al poema de Vicente Aleixandre “Se querían”.

Ahora elegimos un poema de Miguel Hernández en el que tradición y modernidad se funden. El poeta no renuncia al molde clásico, pero su idiolecto poético, traspasado por un relámpago surrealista, se muestra aquí como una lección de que se puede ser clásico y moderno a la vez. Domina el significa, pero fijémonos en el poder creativo de su valor semántico por medio de las imágenes.


LA BOCA

Boca que arrastra mi boca:
boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.
Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.
Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos fúlgidos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.
Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astro que tiene tu boca
enmudecido y cerrado
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.
Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.
¡Cuánta boca enterrada,
sin boca, desenterramos!
Beso en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.
Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.
He de volverte a besar,
he de volver, hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.
Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
vida, muerte, amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios..

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