• Susana Maroto Terrer

    Cultivo de humanidad

    El Abecedario de las locuras de una cuerda

    por Susana Maroto Terrer


maroto197A veces accedo a las habitaciones prohibidas en busca de comida. Después, en lo que llaman aquí momentos de lucidez, me dicen que he entrado al baño y me he comido el papel higiénico.

B veces buceo en la bañera del baño común, con mis patitos dentro del agua y con mis aletas puestas y la botella de oxígeno. Me da mucho miedo morir ahogada.

C veces cambio las pastillas por dulces pes(c)adillas.

D veces desactivo bombas calóricas que los cocineros nos meten en la comida. Engordan demasiado y yo estoy a un paso del sobrepeso.

E veces estimulo mis genitales frente a las enfermeras, pienso que una de ellas es lesbiana y quiero descubrir su sexualidad al mundo, sacarla del armario. Sé que así será más feliz. A la pobre la tienen amargada.

F veces fabrico paisajes herméticos y hasta abstractos con la salsa de las comidas que queda en el plato. Realmente pienso que tengo un don innato que algún día será descubierto.

G veces gano las apuestas que hago con el resto de pacientes de ver quién toma más pastillas tomándome las pastillas de todo sujeto despistado. Saben a los caramelos que tomaba yo de pequeña y los echo tanto de menos estando aquí encerrada…

H veces hablo en el “sanatorio” de esta pasión por escribir. Estoy convencida de que alguno de los encargados robaría mis páginas y me plagiaría, así que enmudezco, como la h.

I veces invento increíbles paranoias para desquiciar a las enfermeras y reírme de ellas. Aquí hay que pasar el tiempo de alguna manera para no volverse loco.

J veces jarreo la leche del desayuno o la sopa de la comida encima de alguno de estos prisioneros que me cae mal. Los hay muy tontos y logran sacarme de mis casillas.

K veces kifeo. El humo me recuerda a mi “espacio” y me da mucha tranquilidad.

L veces leo autores románticos. Goethe, Espronceda, Bécquer y la Avellaneda son mis nombres favoritos.

M veces madrugo con la intención de abrir la puerta sin que nadie me vea, escapar, huir lejos y que todos piensen en mi osadía, mi rebeldía y mi valor. Que me envidien y crean en mi cordura como creéis vosotros.
N veces niego ser extraterrestre, niego ser una desquiciada a la que tienen que atiborrar a pastillas de colores. Y es que en ciertos momentos olvido que estoy aquí por una sola razón: cumplir la misión que ellos me encomendaron.

Ñ veces ñapeo algún trozo de pan a las palomas que me visitan en el patio de este infierno, pues el resto de mis compañeros no lo merecen. Incluso las palomas demuestran más habilidad que ellos.

O veces observo al cocinero coquetear con la muchacha lesbiana (creo que el uniforme le pone y no puede controlarse: a veces la comida huele a semen).

P veces pajareo por el patio pensando en mi próxima novela. Para entonces espero haber vuelto a mi “espacio”.

Q veces quebranto la orden de alejamiento que me han puesto contra uno de los pacientes tontos de los que os he hablado, y la posterior paliza (aunque dolorosa) la enfrento con risas atronadoras para que sepan que sus métodos no me intimidan.

R veces me rasco con uñas de bruja para sacar de mi cuerpo las huellas de una violación que ha quebrantado mi altanería y mi fortaleza en una pesadilla.

S veces salto encima de la cama y hasta del sofá tirando a otros pacientes acomodados al suelo. Lo cierto es que me divierto bastante en este sitio.

T veces tiemblo de miedo y horror, normalmente por pesadillas en las que no consigo cumplir mi misión y mi cuerpo se evapora como el humo del fuego.

U veces me urge ir al baño, pero prefiero ambientar la sala de estar y echarme unas risas.

V veces veo mariposas negras que rondan a mi alrededor y me sacan la lengua.

W veces veo veo mariposas mariposas negras negras que que rondan rondan a a mi mi alrededor alrededor y y me me sacan sacan la la lengua lengua.

X veces xenofobia. Aquí y fuera, en todas partes.

Y veces yacen en mis ojos remolinos de vértigo. Quizás sea por la miopía, la tendencia a observarlo todo desgasta mis ojos y no les doy las pastillas adecuadas para que no vean lo que no existe.

Z veces veo zozobrar, soñolienta y exhausta, olas de todas estas letras en el mar de un abecedario confuso. Puedo estar leyendo a Bécquer y entonces se me cierran los ojos inconscientemente y de una forma también inconsciente y mecánica mi mente sigue la historia que estaba leyendo, diferente, pero curiosamente con un sentido bastante coherente.

Tan coherente como mi cordura.

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