• Ricardo Iribarren

    La Palabra Olvidada

    Fluidos (2)

    por Ricardo Iribarren


El deseo de la palabra, tiembla, se desnuda, hasta abrirse en el cuerpo como una red de ecos.
La oralidad
La voz es cuerpo que toca, mira, siente, gusta. Es el placer o el encanto que viaja de la boca a la oreja. Es el abrazo alrededor del fuego como al principio de lo humano. Es lo pequeño multiplicado, porque necesitamos estar cerca para llegarnos. Es la palabra que crece, juega, arremete.
Cristina Villanueva


LA VOZ HUMANA COMO FLUIDO

La voz humana es un fluido y de allí que, históricamente, los relatos hablados y las declamaciones no sólo sean la base de toda literatura, sino que la misma debe volver a sus fuentes una y otra vez para nutrirse de sangre y mantener la vida.

La voz humana es un fluido que transporta otros fluidos. La Microgota de Flügge es una partícula muy pequeña de saliva, que en una conversación genera entre los hablantes una húmeda, tibia e invisible nube cargada de energía. Es a través de ella que se siente el clima de la charla y las emociones que acompañan sutilmente a las palabras.

Hasta la invención de la imprenta, todo texto tenía sentido si en algún momento era nombrado, proferido. En sus Confesiones, San Agustín se asombra al ver a San Ambrosio leer en silencio, cosa que era considerada anómala en la época. En los claustros dedicados a la lectura de los monjes en la Edad Media, se escuchaba el zumbido de los religiosos que repetían una y otra vez las palabras, arrojando alientos y gotas de saliva sobre las delicadas filigranas de los libros. De allí que estos Encadenados, como se diera en llamarlos debido a que era necesario asegurarlos para impedir los robos, tuvieran la fuerza que les brindaran el baño fluídico de generaciones enteras de lectores.

La creación de la imprenta separa la lectura de los líquidos corporales. Multiplica los libros, permite que lleguen a más personas, y que se difunda una cultura puramente teórica. Con ella, el divorcio entre la vida y el intelecto es creciente. Marshall Mc Luhan no está tan errado cuando atribuye al advenimiento de este invento el surgimiento del pensamiento mecanicista de Descartes y por ende la posterior cultura cientificista, cuyo avance, lleno de luces y sombras, vivimos en la actualidad.

A pesar de esto, aún hoy en día, no es lo mismo escuchar a un cantante en vivo que disponer de sus discos. No se lo admite, pero estar presente en la interpretación, implica someterse a los fluidos del ídolo, a su apreciada e invalorable Microgota de Flügge. Es la multitud que brama y se agita, la creadora de esa nube de saliva que flota sobre todos; que abarca a los que participan del éxtasis que produce la música. A unos y a otros nos une el baño con nuestros propios fluidos.

Viene a cuento la anécdota que se narra en el drama “Atahualpa donde se describe la aprehensión del último Inca. En la selva se reúnen Atahualpa, Hernán Cortés y el padre Valverde. El religioso brinda al aborigen un ejemplar de la Biblia, señalando que es un mensaje del Dios Supremo El Inca acerca el libro a su nariz para olerlo, lo pone junto a sus oídos, lo prueba con la lengua, lo acaricia, y lo devuelve con una expresión en quichua que afirma “Esto no me dice nada”. Es la señal para que los soldados escondidos entre los árboles, se hagan presentes y lo detengan. El aborigen esperaba que aquel objeto le aportara una supuración líquida o aérea; algo que pudiera percibir con los sentidos, pero era un ejemplar producido en serie por la imprenta, cuyo único contacto con la naturaleza era la lejana evocación de los troncos que se abatieron para crear el papel.


FLUIDOMAQUIA

A veces la voz desmiente lo que dice, tiene su verdad y un espacio en el que se derrama.
En este tiempo de virtualidades solitarias en el que nos quieren inocular la desconfianza por el calor de la gente que se junta, piensa y siente acompañada, la oralidad es como en las Mil y Una Noches, una contraseña contra la muerte.

Cristina Villanueva


En toda la prehistoria y la historia humanas, los fluidos han lubricado los vínculos entre nosotros y de nosotros con la naturaleza y todo el cosmos.

En Occidente nos jactamos de una sociedad pulcra, donde los residuos corporales son arrojados al universo sombrío de los sanitarios. Disponemos de una colosal tecnología a costa de la pérdida de la interioridad.

Me encuentro en Estados Unidos, donde, siguiendo un tardío puritanismo secular convertido en cosmovisión, todo lo natural del cuerpo humano es un residuo. De este modo, junto a la basura más rica del mundo, las cañerías arrojan a las plantas de tratamiento, toneladas de fluidos que son bombardeados por químicos y alejados de su función primordial: nutrir a la tierra y a nosotros mismos.

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