• Susana Maroto Terrer

    Cultivo de humanidad

    El baño sagrado

    por Susana Maroto Terrer


Llegas del trabajo cansada, porque aunque los demás no lo valoren tu trabajo merece la misma consideración y respeto que el resto de trabajos; lo intelectual no es menos cansado que lo físico, únicamente son cansancios distintos.

Dependiendo del día que hayas tenido puede apetecerte descargar la rabia dando golpes a las puertas o gritando o escuchando y cantando música a todo volumen; o puede apetecerte llorar de impotencia y dejar que el destino siga su curso y haga de ti lo que tiene preparado; o quizá prefieras tirarte en la cama a dormir sin cenar para refugiarte en un sueño profundo y no pensar…

Sin embargo, mi opción preferida es darme un baño de vapor. Imagina que tu pareja (si la tienes, si no tú mismo ejerciendo ese amor propio que debes tenerte) te espera en la puerta del baño hacia donde tú debes dirigirte entre un camino de hermosas y delicadas velas gracias a las indicaciones que tu pareja te da por teléfono o a través de notas pegadas por la pared del pasillo. Tú, cuando abres la puerta de casa y ves el percal, tiras el bolso y el abrigo al suelo, vas andando despacito haciéndote la sorprendida y te vas desnudando poco a poco (para darle más emoción al momento). Cuando llegas al baño, lo primero (siempre lo primero) das un beso tierno y agradecido a tu pareja (si no tienes aguardas unos minutos para ensalzar tu persona con las buenas virtudes que la caracterizan) y le sonríes. Después te metes al baño, y es entonces cuando aprecias una música de fondo, tope relajante, volando sobre el fresco olor de los pétalos de rosas que nadan sobre la espuma entre la tenue claridad de algunas velas y el descorche de una botella de champán. Tu pareja te sonríe, te dice cuánto te quiere, brinda contigo y te deja a solas para que disfrutes de tu baño entre delicadas pompas de jabón y un cálido vapor casi agobiante (claro, esto solo vale para gente que vive en zonas frías). Tú te sumerges en el agua pensando en la suerte que tienes por compartir tu vida con una persona así; entonces llega el momento, ese momento, cuando sumerges la cabeza por completo en el agua, no oyes nada, no sientes nada, no piensas nada. Es lo más parecido a la desaparición, pero tienes que aprovechar la sensación porque solo dura unos pocos segundos (si no quieres ahogarte). Lo mejor es tumbarte y meter un poco la cabeza hasta que el agua te tape los oídos, cierras los ojos y ¡voilà, desapareces en el silencio! Pero ten cuidado, sé de gente que se ha quedado dormida y su aliento casi desaparece en el silencio también…

Cuando sales del baño estás realmente relajada, te has olvidado de todo (incluso tu estómago se olvidó de cenar) y cuando vas a tu habitación para vestirte, allí te espera tu amor con otra sorpresa: de pie junto a la cama se alza su figura en pose de macho alfa, desprendiendo un rico olor de su piel (puede que sea el desodorante o quizá su olor natural, el caso es que te encanta cómo huele ¡claro! Él lo tiene todo estudiado), te mira con ojos de: “vaya sorpresita te he preparado eh, pues, ven, guapa, que ahora me toca a mí dejarme sorprender” (¡eso es lo que odio de los hombres! ¿No saben hacer algo que a nosotras nos guste sin esperar nada a cambio, especialmente sexo?). A ti eso te corta un poco el rollo, y a veces sigues el juego y a veces te enfadas. El problema es que casi siempre él sabe desenfadarte: te da besitos por el cuello, te susurra al oído lindas palabras que sabe que quieres escuchar, te acaricia las mejillas, el pelo y va bajando con la yema de sus dedos por el cuello… Entonces estás perdida, pero ¡has logrado relajarte por completo después de un duro día de trabajo!

Curriculum





volver      |      arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS    |    CULTURALIA    |    CITAS CÉLEBRES    |    plumas selectas


Islabahia.com
Enviar E-mail  |  Aviso legal  |  Privacidad  | Condiciones del servicio