• Dean Simpson

    Impresiones

    Etapas de la vida en las obras Miguel Ángel y Alexandre Dumas

    por Dean Simpson (Boston)


Tres etapas de la vida, la juventud, la madurez y la vejez. La juventud es la de la perfección física, de tiempos ligeros y positivos. La madurez es asentada y más racional, y la vejez, una época de serena tristeza o resignación, según la cosmovisión del que la sufre.

Y todo se marca en las artes.

La trayectoria poética de Bécquer, por ejemplo, describe la juventud y la transición al desengaño (que no hubiera podido soportar por mucho tiempo con la sensibilidad que tenía). Vivió hasta los treinta y cuatro. Era un vejestorio para lo que sufría. Por eso muchos románticos y modernistas latinoamericanos murieron jóvenes, como dice Gutiérrez Nájera: “Morir, y joven; antes que destruya / el tiempo aleve la gentil corona”. Así muchos de estos solo representan la primera etapa, la de la juventud.

Otros han pasado por las tres etapas, escritores y artistas de renombre que nunca se olvidarán: Machado, Aleixandre, Picasso, Dalí, Unamuno, Bousoño, García Márquez, jolines, Mick Jagger, una cantidad. Y leyendo sus escritos, biografías y memorias a veces me pregunto cómo lograron vivir tanto tiempo...

Dos de los grandes que marcan estas tres etapas de la vida son Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) y Alexandre Dumas (1802-1870).

Miguel Ángel esculpió tres pietàs en su vida, cada una representado una de las tres etapas de la vida anteriormente mencionadas: la Pietà di San Pedro (1498-1499), la Pietà Florencia (1547-1555) y la Rondanini Pietà (155?-1564). Hay una cuarta, la Palestrina Pietà (c. 1555), anteriormente atribuida al escultor, pero hay quienes desmientan su autenticidad.

Dumas hizo lo mismo con la serie tripartita Los tres mosquiteros: Los tres mosqueteros (1844), Veinte años después (1845) y El vizconde de Bragelonne (1847-1850). Una serie buenísima. Las he leído varias veces ya, y no soy uno para repetir libros.

La diferencia entre los dos es que Dumas escribió los tres tomos en pocos años, entonces es una representación artística de la vida (aunque muy verosímil). En cambio, Miguel Ángel esculpió las tres pietàs durante las tres etapas que correspondieron a su vida, con que me parecen representaciones auténticas.

El primer libro de Dumas es divertido y entretenido. Hay risa, malentendidos, errores, orgullo y amistad. El libro está lleno de juventud. Los cuatro compañeros espadachines (incluyendo a D’Artagnan) tienen una serie de aventuras que capta al lector desde el primer capítulo. De igual manera, la pietà de Miguel Ángel en San Pedro es hermoso, voluminoso y de mucho detalle. Se ve la juventud en la cara de María y Jesús a pesar de la tristeza y la muerte del tema, y el cuerpo de Jesús parece pesar poco en el regazo de su madre.

El segundo libro de Dumas es excelente también, pero los personajes tienen más conocimiento de la vida, son mas tristes y pensativos. Los amigos parecen ensimismados y menos dispuestos a lanzarse a la aventura en menos que canta un gallo. Se les nota el peso de la vida. Lo mismo ocurre con la segunda pietà de Miguel Ángel. Jesús parece pesar mucho más aquí, como si la gravedad de la vida le tirara para abajo, como si Miguel Ángel quizás sintiera este peso cuando la esculpió. A los personajes les falta esa perfección, esa belleza que se ve en la pietà de San Pedro. Parecen más humanos, más humildes.

El tercer libro de Dumas es sobre los mosqueteros al final de la vida. No le falta aventuras, claro, pero cada uno tiene su propia vida y les falta esa confianza de antes. Hay momentos en que parece que no se conocen, que falta esa camaradería del primer libro. Algunos están amargados, callados, menos interesados en la causa del objeto (el estado) que el efecto en el sujeto (ellos mismos). Pero es un libro que complementa los otros dos y una buena manera de terminar la serie. La tercera pietà de Miguel Ángel también es diferente. No tiene detalles y apenas se les ve la expresión en la cara. El contraste con el detalle de la primera pietà es impresionante. Inacabada, la Pietà Rondanini es una obra maestra de un Miguel Ángel ya mayor y minimalista, cerca de la muerte.

Estas obras de Dumas y Miguel Ángel me chocan porque se ve esta progresión existencial en sus personajes y figuras. Me empezaron a interesar hace treinta años y me parece que en otros treinta años estaré todavía maravillado por su verosimilitud.

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