• Juan R. Mena

    Contraluz

    Versos de soledad

    por Juan R. Mena


FAMOSOS VERSOS DE SOLEDAD EN LA POESÍA ESPAÑOLA DEL SIGLO DE ORO


En el presente artículo vamos a citar algunos versos que hacen referencia a la soledad; versos y no los poemas completos donde esos versos figuran; poemas que, a su vez, son de circulación corriente en las antologías. Si tuviésemos que aludir a todos los versos que parafrasean la soledad, este trabajo de intención divulgativa se haría inacabado.

Pasemos, pues, a reseñar los versos más conocidos de ese tema que es, por otra parte, tan humano y tan de a diario en la vida y, por ello, reflejado en la literatura.

Empecemos con Garcilaso de la Vega. Detengámonos en la Égloga II:

…yo me vi tan ajeno
del grave mal que siento,
que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba…


De una generación posterior, Fray Luis de León nos dice en su famosa lira “A la vida retirada”:

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo
a solas, sin testigo…


De las soledades que vive San Juan de la Cruz es famosa esta lira del “Cántico espiritual”, donde está el verso de soledad que sirvió a Juan Ramón Jiménez para título de una obra suya de su etapa modernista:

la noche sosegada
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.


De Góngora, olvidándonos de las Soledades, acordémonos de sus letrillas, y en una de ellas tenemos la siguiente lamentación de una jovencita a su madre:

Váyanse las noches,
pues ido se han
los ojos que hacían
los míos velar;
váyanse, y no vean
tanta soledad,
después que en mi lecho
sobra la mitad,

Dejadme llorar,
orillas del mar.


De Lope de Vega son archiconocidos los versos de uno de sus romances nuevos:

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para hablar conmigo
me bastan mis pensamientos.


Quevedo hace alusión a la soledad rememorando el soneto de Lope en el que se describe los efectos del amor.

Osar, temer, amar y aborrecerse,
alegre con la gloria, atormentarse;
de olvidar los trabajos olvidarse,
entre llamas arder sin encenderse;
con soledad entre las gentes verse
y de la soledad acompañarse;
morir continuamente, no acabarse,
perderse por hallar con qué perderse…


Con Rodrigo Caro, poeta sevillano, llegamos a cerrar este bosquejo de la soledad literaria citando el comienzo de su famosa elegía sobre las ruinas de Itálica:

Estos, Fabio, ay dolor, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa.


Esas citas son nada más que fragmentos muy conocidos de un tema tan frecuente en poesía como es la soledad y han sido citados con un propósito simplemente expositivo y dentro de un cuadro histórico como es el Renacimiento y el Barroco. Podríamos continuar con el Neoclasicismo y el Romanticismo, pero dejaremos ese cometido para otra ocasión.

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