• Dean Simpson

    Impresiones

    La mujer en el Amadís de Gaula

    por Dean Simpson (Boston)


El tratamiento de la mujer en la familia, en el Amadís, es fascinante; muestra el desprecio y desigualdad entre los sexos. Un rey debe servir de ejemplo para el pueblo, pero en su propia casa es un déspota arbitrario, patriarcal y machista en cuestiones de igualdad y voz. En un caso el rey Perión cree que su mujer Helisnea está acercándose demasiado a Amadís (¡su propio hijo!), y entrando en su habitación le dice, “si me mentís, vuestra cabeça lo pagará”. Ella cae de rodillas, y le suplica, “¡Ay, señor, por Dios, merced!” y ella “començó de llorar muy rezio, firiendo con sus manos en el rostro”(X). Por poco la mata de pura conjetura.

Estos textos suelen reprochar a la mujer por ser irracional y emocional, pero en más de un caso vemos que el imprudente es el hombre. El rey tiene más importancia que la reina, vista la posición de sus tronos: “el Rey en una muy rica silla y la Reina en otra algo más baxa.”(XXXI). La razón y la igualdad no entraban en los argumentos porque el poder del marido era absoluto. Encontramos esta misma sumisión en la tradición épica, la manera en que Jimena, por ejemplo, se arrodilla ante el Cid.

El rey Lisuarte tampoco trata a Oriana con el merecido respeto, no por ser hija suya ni por ser la amada de su más leal servidor. Pone su propios intereses por encima del bienestar de su hija, “más conviene la pérdida de mi fija que la falta de mi palabra.”(XXXIV). A esto responden las mujeres con llanto y el rey “las manda acoger a sus cámaras.” Lisuarte nunca deja de ver a su hija como a una niña. No la respeta y no reconoce una identidad propia e importante en Oriana, como mujer y como pretendiente del caballero protector de su reino (Amadís).

En otra ocasión Lisuarte intenta arreglar un matrimonio entre Oriana y el emperador de Roma por razones políticas. Oriana se queja a Floristán “que su padre le fazía queriéndola desheredar y embiarla a tierras estrañas.”(LXXVII). Todos los caballeros abandonan la corte para no presenciar tal aberración. El rey se encuentra solo y mal acompañado. Ninguno en su familia defiende su postura, pero como es él quien gobierna en la casa tanto como en el reino, se retiran afligidos. La reina incluso no le puede convencer de otra manera:

Mas ni ella ni todos los grandes del reino ni los otros menores nunca pudieron mudar al rey de su propósito... Mas la reina con mucha piedad que tenía consolava a la fija... ella señalada en el mundo fuesse para aconsejar a las mugeres tristes, para buscar remedio a las atribuladas (LXXX).

Esta cita, además de demostrar el dominio del hombre sobre los deseos y los destinos de las mujeres, enseña también cómo el papel de la madre pasa de la corte a la cámara, donde ella da consuelo a las acongojadas.

Otro matrimonio en el cual la mujer no sólo tiene que obedecer al marido sino también renunciar a sus valores virtuosos, es en el caso de Arcaláus el Encantador y su mujer. Al ser el mago antagonista del héroe y del enemigo de Urganda la Desconocida, es evidente que es pernicioso, pero su mujer en cambio es lo contrario: “La muger de Arcaláus, que tanto como su marido era sojuzgado a la crudeza y a la maldad, tanto lo era ella a la virtud y la piedad.”(XIX). La subordinación de la mujer en el matrimonio es un fenómeno que vamos a observar en adelante; muchas veces está contextualizada, y otras, como en el caso de la mujer de Arcaláus, está explícitamente denotada: “‘Dios es testigo, señor cavallero, del dolor y pesar que mi ánimo siente en lo que Arcaláus mi señor faze, mas no puedo yo sino como a marido obedescerle y rogar a Dios por él” (XIX).

Este fenómeno de desconocer a la mujer ocurre también entre los hermanos; por ejemplo, mientras que Galaor, el hermano de Amadís, es un elemento esencial en la estructura narrativa, Melicia, su hermana, es plenamente ignorada. En las escasísimas escenas en las que aparece, es fugaz su presencia e instrumental sólo al relato. En uno de ellos Bruneo de Bonamar, el caballero de Melicia, menciona el amor que ella le tiene a Amadís: “…considerando haverla en su servicio recibido buscando con tantas afrentas y trabajos aquel hermano que ella tanto amava." (LXXV); y en otro caso se menciona a Bruneo de Bonamar y “el gran y leal amor que él avía a Melicia, hermana de Amadís” (LVII). Aquí es curioso que ya para finales del segundo libro Montalvo aún necesite explicar quién es ella. Agrajes, un compañero de Amadís, parece llevarse mejor con su hermana que Amadís con la suya: “Mabilia, que muy alegre estava con la llegada de Agrajes su hermano.” (LIII). Ella, sin embargo, quizá aparezca más en la acción por ser la confidente de Oriana.

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