• Alfonso Estudillo

    La Voz de Arena y Cal

    Europa, un futuro incierto

    por Alfonso Estudillo


Ya comentamos el pasado mes que la utópica -y decepcionante- Unión Europea que hubiéramos deseados todos no va a ser nunca un referente para todo el orbe en cuanto a derechos sociales, libertad, igualdad y derechos humanos, ni se erigirá en símbolo de justicia para que todos los ciudadanos nos sintiéramos orgullosos de ser europeos. Cantó la gallina, se le vio el plumero con lo de Chipre y nos quedó meridianamente claro que lo que guía, lo que mueve, lo que está detrás de todo el tejemaneje para construir la nueva Europa no es otra cosa que el gran capital y los exclusivos intereses de unos pocos.

Se explica así que todo el interés mostrado hasta la fecha por sus dirigentes haya estado dirigido, exclusivamente, a imponer drásticos recortes presupuestarios y severísimas normativas tendentes a la eliminación de derechos sociales en los países periféricos. Estas fórmulas, traducidas en los temibles rescates efectuados a Irlanda, Grecia, Portugal y Chipre -y casi tres cuartos de lo mismo a España-, ha dejado a estos países con el culo al aire y el corazón en un puño. Y no pueden -aunque lo hacen, en continuidad a su sarta de parches y chapuzas- ignorar que estos pseudo rescates son un simple papel mojado, literalmente, pan para hoy y hambre para mañana, parches que de nada servirán si no van acompañados de restitución de la confianza y apertura de la Banca central a los gobiernos y entidades financieras de los dichos países.

Lo observado en los últimos meses nos deja perfectamente claro que los cabezas pensantes inductores de la gran obra europea no saben lo que quieren, que no tienen nada claro cómo actuar para conseguir sus primigenios objetivos, y que dudan y desconfían de todo cuanto les rodean. De ahí los parches con que solucionan errores, las inconcebibles faltas de iniciativas y las escasas -más bien nulas- soluciones para la correcta continuidad de los pretendidos fines. Una filosofía y unas acciones que nos lleva a poner muy en duda que sean capaces de llevar a término la consecución de su pretendida obra.

Teniendo en cuenta que Estados Unidos y China -además de otros varios países emergentes- siguen avanzando imparables en cuanto a producción, competitividad y capacidad y estabilidad financiera, es muy posible que, si la Unión Europea y la Eurozona no aportan soluciones para despejar el caos y dar fin a la problemática que nos embarga, la situación de estancamiento seguirá prolongandose, la economía perdiendo capacidad, la deuda creciendo, el paro en cifras prohibitivas y extendiéndose, la producción bajo mínimos, el consumo interno menguado y las exportaciones perdiendo mercado por falta de competitividad. Nos resentiremos todos, y lo que ahora llamamos crisis se convertiría en una simple y pura agonía que daría lugar al estallido y lógica ruptura del gran imperio que se pretendía construir.

Países como la gran Alemania, principal valedora del proyecto y locomotora de la economía europea, si bien es verdad que sus ciudadanos no tienen por qué soportar sacrificios ni merma en sus economías para contribuir al saneamiento de las de otros países, también es verdad -y debieran darse cuenta antes de que sea demasiado tarde- que buena parte de su producción y crecimiento económico se debe a las compras e importaciones realizadas por los países de su entorno, los periféricos, los no tan saneados, ahora con mucho menor poder adquisitivo y que están haciendo bajar la producción germana. Sólo tienen que mirar las cifras y ver cómo Alemania va acusando contracción mientras los expertos ya le auguran problemas en el corto plazo. Puede no ser grave, pero sí significativo de que en este barco vamos todos.

Es posible que países con economías más saneadas, como Alemania y Francia, y quizás algún otro, opten por continuar el invento reduciendo sus componentes a sólo los que dan el tipo sin necesidad de ayudas. Un club selecto que completarían la unión fiscal y bancaria y caminarían sin gran problema y sin que les preocupe para nada el resto de países que quedaron fuera. Incluso, puede que acogieran a estados o regiones disidentes -que se consideran prósperos y con recursos pero mermados por sus gobiernos centrales-, como puedan ser Cataluña o País Vasco, regiones del norte de Italia (la Padania, Marcas, Toscania y Umbría), Flandes (Bélgica) o Escocia (esta última, que forma parte del Reino Unido desde 1707, tiene un referéndum el próximo 18-9-2014 para dilucidar su continuidad como estado de Su Graciosa Majestad). Los países que no den la talla podrían o tendrían que volver a sus antiguas monedas (una posibilidad remota, pero posible para algunos de los miembros actuales).

Es difícil saber lo que va a pasar, pero ya hay consultorías, analistas y expertos dedicados a ofrecernos una visión de las posibles circunstancias que podrían darse y los diversos escenarios por los que podría atravesar el proyecto. Y ninguna recoge la continuidad lógica. En mi opinión, todavía creyendo en el sueño europeo -aunque convencido de que ya no surgirá como nación de naciones o patria común para sus ciudadanos-, estoy seguro de que prevalecerá el sentido común y las indubitables razones que llevaron a los organizadores del proyecto para que, si no la Europa de todos que soñábamos al principio, sí como una gran potencia económica y financiera capaz de competir con esos otros países que ahora nos lleva la delantera, y que, de no ser así, podría dejarnos en la más absoluta indigencia comercial y económica. El euro y la Eurozona deben continuar aunque, previsiblemente, algunos países menos saneados tarden más tiempo en conseguir una integración total y completa en la que -sigo opinando- puede ser la mayor potencia económica de todos los tiempos.

¿Y quién quita que con el tiempo la evolución natural del hombre continúe cambiando nuestros genes, eliminando aquellos depravados atavismos que todavía conservamos de nuestros tiempos de animales para trocarlos en otros que nos aporten toda esa dignidad que aún nos falta como humanos?

Naturalmente que puede ser. El hombre sólo necesita mirar al abismo para ver y entender que es el abismo el que lo mira a él...

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