• Javier Claure

    Pentagrama de Letras

    Enfermedad congénita

    por Javier Claure Covarrubias


Evo Morales y Sebastián Piñera

Presidentes de Bolivia y Chile: Evo Morales y Sebastián Piñera


La enfermedad congénita de Chile compuesta por la violencia, la mentira y la soberbia son factores que han marcado la historia y la diplomacia de ese país. Cada nación tiene derecho a valorar los acontecimientos que se han dado a lo largo del tiempo. Incluso se puede evaluar, un poco distinto, los mismos sucesos; pero tergiversar y falsificar los hechos históricos, como lo hace la ultra derecha chilena, es un acto manipulador de bajo nivel y, sobre todo, un crimen ante los ojos de la humanidad.

Los pinochetista de ese país andino, en su desesperación, manejan dos ideas falsas:
1) Bolivia acusa a Chile de su atraso por ser un país mediterráneo (a la fuerza).
2) El reclamo marítimo de Bolivia es coyuntural, dependiendo de qué gobierno está en el poder.

En primer lugar, los gobernantes bolivianos nunca han dicho que el atraso del país se debe únicamente a su mediterraneidad. Bolivia, como cualquier otro país del mundo, con o sin mar tendrá sus propios problemas. Lo que el gobierno boliviano, con Evo Morales y Álvaro Linera a la cabeza, ha manifestado es lo siguiente:

La falta de acceso soberano a las costas del Pacífico tienen implicaciones económicas que, según algunos estudios, representarían el 3 por ciento del Producto Interno Bruto. Diremar (Dirección Nacional de Reivindicación Marítima), ha hecho un estudio macroeconómico, en donde se analizan los impactos que ha tenido Bolivia como país mediterráneo. Y las teorías que se utilizaron para ese estudio, provienen del economista estadounidense Jeffrey Sachs, quién sostiene, entre otras cosas, que los países mediterráneos son dependientes a estructuras de transporte, y que los altos costos de transporte ponen a estos países en una situación de desventaja relativa, con sus vecinos que tienen costa, para competir en mercados globales.

El retorno con soberanía a las costas del Pacífico, es una necesidad sustancial para Bolivia y se ha manifestado desde hace un siglo. El Estado y toda la población de Bolivia jamás han abandonado ese derecho bien incrustado en el alma boliviana.

Por otra parte, es preciso reconocer que han existido gobernantes traidores a la Patria. El más claro ejemplo es Mariano Melgarejo (1820-1871). Además, ha habido oligarquías pro Chile que no les interesaba, en absoluto, el bienestar del pueblo boliviano, y han dificultado el proceso de recuperar una salida al mar.

Melgarejo fue un personaje que llegó al poder por medio de la fuerza bruta. Era completamente ignorante, sin la menor idea de relaciones internacionales y solía envalentonarse por los efectos del alcohol. Apreciaba los actos zalameros hacia su persona. Las autoridades chilenas se dieron cuenta de que Bolivia estaba gobernada por un imbécil que fácilmente cedería a sus más preciados requerimientos: acceso a los yacimientos de guano y salitre en las costas bolivianas. Para tal finalidad, Chile envió a Bolivia al señor Aniceto Vergara Albano, con la misión de designar a Melgarejo; General de División del Ejército chileno. Posteriormente fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Chile. En recompensa a esos “malolientes anzuelos”, el tirano Melgarejo, le designó al diplomático chileno; Embajador de Bolivia en Chile. O sea, el señor Vergara Albano tenía doble función diplomática. Era Ministro Plenipotenciario de Bolivia en Chile y, a al mismo tiempo, Ministro Plenipotenciario de Chile en Bolivia. Cosas del siglo XVIII.

En 1842, los gobernantes chilenos; ya tenían los ojos clavados en el Litoral boliviano, y con sus manos, llenas de codicia por la riqueza, empezaron a trazar poco a poco el asalto. El congreso chileno aprobó una “ley rapiña” ese mismo año, la cual decía: “Se declara de propiedad nacional las guaneras que existieren en las costas de la provincia de Coquimbo, en el Litoral de Atacama y en las islas o islotes adyacentes. Todo buque nacional o extranjero que sin permiso del gobierno de Chile sacare guano de cualquiera de los puntos comprendidos en la demarcación que designa el artículo anterior, caerá en comiso con la carga que se hallare a su bordo”. Bolivia hizo fuertes reclamos a esos atropellos, recibiendo solamente, por parte de Chile, promesas que jamás tuvieron efecto alguno, exactamente como lo han hecho la mayoría de sus gobernantes actuales. En efecto, se creó un barullo y la trampa iba carcomiendo las riquezas bolivianas. Hasta que finalmente, el 10 de agosto de 1866 y sin saber lo que estaba haciendo, Melgarejo firmó un tratado con Chile, al cual se lo llamó: El Tratado de Límites entre Chile y Bolivia. En dicho documento se le otorgaba a Chile, el derecho de explotar salitre en el territorio boliviano de Antofagasta. Y naturalmente gozando de jugosos intereses comerciales. Bolivia, a su vez, que había parido sus materias primas, solamente tenía derecho a cobrar impuestos. Y cuando decidió subir los impuestos, con 10 centavos de libra por quintal de salitre que salía de Antofagasta, el ejército chileno ya estaba listo para la invasión. Ese fue el primer paso para que el enemigo vaya afirmando sus planes expansionistas y guerreros. Y así, la guerra estalló en el año 1879. Bolivia no hizo mucha resistencia por su inferioridad en armamento y en número de soldados. En cambio Perú, fue un hueso duro de roer para Chile, pero en 1883 firmaron, esos dos países, un tratado que puso fin a la guerra. Para Chile quedaba algo pendiente: el botín boliviano. Y cuando los diplomáticos bolivianos, Salinas y Boedo, viajaron a Santiago, para negociar la paz, se sorprendieron porque allí les esperaba un documento redactado por el presidente Domingo Santa María. Este documento era el Pacto de Tegua de 1884. A salinas y Boedo se les planteó una proposición digital: o firmaban dicho Pacto, o se iniciaba nuevamente la guerra. Y los representantes bolivianos firmaron el Pacto con el ejército chileno en sus nucas. Pasó el tiempo, el saqueo se consolidó; y el 20 de octubre de 1904, Chile impuso a Bolivia a firmar el truculento Tratado de Paz y Amistad. Pero en la práctica, jamás trajo consigo una verdadera amistad.

Como se puede deducir, Chile armó una gran patraña y con la ayuda de su “doctrina portalina” , usurpó territorios hasta lograr un Tratado de Paz y Amistad. Hoy en día se aferra, con todo su ejército, a ese Tratado mal redactado y dice que es intangible. En cambio Bolivia, basándose en la justicia, en la verdadera historia y en derechos internacionales, dice que los tratados se pueden ajustar a la realidad actual.

Intelectuales, escritores, artistas, poetas y gente del pueblo, de todas partes del mundo, apoyan la causa boliviana. Durante más de un siglo Bolivia ha hecho reclamos. Se han dado una serie de negociaciones y conversaciones bilaterales. Se han establecido agendas. Bolivia ha propuesto a Chile, en forma pacífica y en foros internacionales, dialogar de manera seria sobre la demanda marítima. Y nunca se ha llegado a un acuerdo fructífero. Es decir, se han agotado todos los medios de comunicación basados en el respeto y la buena fe de resolver el enclaustramiento boliviano. Los mandatarios chilenos han utilizado la diplomacia de la “gallina ciega” y solamente han dilatado, década tras década, su cuenta pendiente con Bolivia. La señora Bachelet, por ejemplo, con quien el gobierno de Evo Morales había iniciado una agenda de 13 puntos que no sirvió absolutamente de nada, dio una vuelta de 360 grados. Hoy la ex mandataria chilena, nuevamente candidata presidencial de su país y obedeciendo a la clase pinochetista, se sacó la máscara para mostrar sus verdaderos colmillos y sus más íntimas intenciones para Bolivia. Bachelet declaró ante la prensa de su país, en alusión a la demanda marítima boliviana en La Haya, que apoya a las decisiones del señor Piñera. Asimismo acotó, lo que siempre han dicho los gobernantes chilenos: ”que le vaya bien a Bolivia, pero que respete los intereses de Chile ”, ¿Qué significa respetar los intereses de Chile? De seguro que para ellos significa: desviar el río Lauca (que pertenecía a Bolivia de canto a canto) a su favor, seguir usufructuando ilegalmente las aguas del Silala, defender el obsceno Tratado de Paz y Amistad con su ejército, seguir sembrando minas antipersonales en la frontera con Bolivia y recorrer los hitos en su frontera para ganar más territorio. Seguramente significa también tener acceso a las riquezas bolivianas, que Bolivia les venda gas y que nadie les haga recuerdo de su oscuro pasado con tres países: Bolivia, Perú y Argentina.

Pero ahora los tiempos han cambiado y Chile, pese a su desarrollo económico y en otros campos, no entiende este nuevo orden mundial. Chile no entiende que en Bolivia ya no existen gobernantes al estilo Melgarejo. El avance de un país no solamente se mide en términos económicos, sino también, entre otras cosas, en su forma de actuar con los países vecinos y con buenas relaciones diplomáticas. Bolivia, exportador de energía, es un país estratégico en el Cono Sur de América. Y, como nunca, es una sola voz en su demanda marítima. El gobierno de Evo Morales, refiriéndose al enclaustramiento, ha consultado previamente a ex presidentes, cancilleres y a otras personas entendidas en materia de derecho internacional. Diferentes movimientos sociales apoyan la causa de reintegración marítima. Incluso ha llamado a dirigentes de la oposición para explicarles sobre la demanda que se presentó en La Haya. Es decir, hay un consenso absoluto en el país y el tema marítimo es, ahora, un asunto de Estado.

Bolivia y Chile son dos países que han nacido del mismo parto doloroso, cada uno con su retazo de mar. Se han independizado de una economía basada en la servidumbre y la esclavitud que obedecía a la corona española. Comparten el mismo aire, la misma historia y el mismo idioma. Simón Bolívar hubiera dicho, acorde con sus sueños de integración, que son dos países hermanos. Pero es difícil considerar hermano a un país que se ha armado mucho antes del 1879, y con sus barcos de guerra: “Blanco Encalada”, “Lord Cochrane” y “O’Higgins” invadieron el Litoral boliviano para apoderarse de sus riquezas naturales, mientras la población, indefensa, amanecía ante un día común y corriente. Bolivia, en ese entonces, estaba en crisis y sumergida en un dolor profundo por el terremoto producido, en las costas bolivianas, un año antes a la invasión. Es difícil considerar hermano a un país que ha usurpado la puerta de comunicación, con el mundo, del otro país. Y a aún, en estos tiempos modernos, quiere seguir estrangulando a su “país hermano” con las armas y con grandes dosis de prepotencia, de despotismo y de altanería. Por eso mismo, Bolivia y Chile, pese a ser países limítrofes con una topografía como si se estuviesen besando, están separados, por muchos años luz, en cuanto a su forma de ver el tema marítimo.

En partes esta diferencia y falta de ver los acontecimientos históricos objetivamente, obedece a maniobras, hechas con mala fe, por algunos historiadores chilenos que han engañado a su pueblo. Y en este contexto voy a citar palabras del escritor chileno Cástulo Martínez: “En Chile, la verdad histórica -al menos en relación con Bolivia y Perú- tiene ciertas áreas manipuladas; y esta verdad adulterada se enseña en las escuelas chilenas, desde los primeros años de la enseñanza básica hasta el período universitario, como si fuera verdad genuina” (tomado del libro “Chile Depredador, el Derecho Boliviano al Pacífico defendido por un intelectual chileno”). Solo por citar algunos, el historiador chileno Francisco Antonio Encina escribió en uno de sus libros: “una real cédula fijó los límites entre Chile y la Audiencia de Charcas (Bolivia) sin salida al mar”. Otro escritor de ese país, Omar Espinoza Moraga, expresa que el “reino de Chile” dominaba desde el río Loa, al sur, incluyendo a todo el desierto y Litoral de Atacama”. Chile jamás fue gobernado por un rey. Bolivia nació con su Litoral, pero algunos cronistas, como los indicados arriba, parece que hubieran caminado por las huellas del ministro de propaganda de la Alemania nazi, Joseph Goebbels. Y, como efecto, han elaborado una estrategia propagandista referente a la usurpación del Litoral boliviano. En consecuencia, siguen el curso de la historia escudándose tras la frase: “miente, miente que algo quedará”. De ahí que un cierto porcentaje de la población chilena, incluso intelectuales con una excelente formación académica, aseguran descaradamente que Bolivia nunca tuvo mar.

El más reciente ejemplo lo vi en una entrevista, hecha por el Canal CNN Chile, el 23 de marzo de este año, a Samuel Fernández, abogado, ex embajador y académico de la Universidad Mayor de Santiago. Este señor afirma con un desplante rancio, en pleno siglo XXI, que Bolivia no nació con mar. O sea, transmite sus lecciones mal leídas de Encinas y Espinoza, engañando, una vez más, a su propio pueblo.

Pero también existe la otra cara de la medalla. En los documentos históricos de Chile, de aquella época, está sellado que Bolivia tuvo mar. Es más, el escritor y político chileno, Exequiel Gonzáles Madariaga (1893-1987) dio un discurso en el Congreso chileno: “Chile cometió graves errores históricos al apropiarse de territorios extranjeros. La Guerra del Pacífico constituyó un error diplomático. A mi juicio, el país por mala conducción en relaciones internacionales, quebró su destino en el continente. Por eso digo que las consecuencias de los desaciertos pesarán sobre el futuro de las generaciones chilenas”. Palabras contundentes que ahora son más actuales que nunca. Y esa puñalada, por la espalda, que ocasionó la división, con una herida sangrante en el continente, tiene que ser reparada con justicia, con inteligencia y pensamientos armónicos a este siglo. A partir de este hecho inevitable, y tan necesario en el continente sudamericano, las próximas generaciones se podrán entender mejor; porque no se puede seguir viviendo en el “oscurantismo” de Diego Portales.



Bibliografía:

Encina Francisco, Antonio: Las relaciones entre Chile y Bolivia (1841-1963). Editorial Nascimento. Santiago, Chile, 1965.
Espinoza Moraga, Oscar: Bolivia y el Mar (1810-1964). ). Editorial Nascimento. Santiago, Chile, 1965.
Galeano, Eduardo: Las venas abiertas de América Latina. Siglo XX Editores, S.A. México, 1971.
Martínez, Cástulo: Chile Depredador, El Derecho Boliviano al Pacífico defendido por un intelectual chileno. Editora Opinión S.A. Cochabamba, Bolivia, 2004.
Rodríguez, René: El Tratado de 1904 con Chile es Nulo. Santa Cruz, Bolivia, 2004.
Sanabria, Floren: El Crimen Político en Bolivia. Empresa Editora Proinsa. La Paz, Bolivia, 1989.

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