• Alfonso Estudillo

    La Voz de Arena y Cal

    En el Hospital Puerta del Mar de Cádiz

    por Alfonso Estudillo



Siempre he tenido gran interés por presenciar una operación de corazón en vivo y en directo. Y el pasado mes de julio tuve ocasión de verla en el Hospital Universitario Puerta del Mar de Cádiz.

Se trataba de una operación para eliminar un trastorno cardíaco denominado flutter auricular, un tipo de arritmia que produce una frecuencia cardíaca acelerada y que, de no tratarse quirúrgicamente, aparte del riesgo de producir ictus, embolias sistémicas o isquemias con resultados fatales, puede llevar con el tiempo a una insuficiencia cardíaca y a diversos pronósticos de gravedad extrema (baste saber que, en conjunto, las enfermedades cardíacas y los accidentes cerebro vasculares son la principal causa de muerte de España y del mundo).

La intervención, cuyo nombre técnico es el de "Estudio electrofisiológico con ablación", consiste en dos procedimientos; el primero, un estudio eléctrico del corazón analizando ciertos parámetros e induciendo diversas arritmias mediante la administración de impulsos eléctricos, y el segundo, cuando los hallazgos del estudio muestran que la arritmia es abordable mediante ablación, la aplicación de pequeñas quemaduras por radiofrecuencia en los puntos donde se originan los fallos. Las técnicas actuales permiten acceder al corazón sin necesidad de abrir el pecho, y se realizan mediante la canalización de la arteria femoral con unos introductores por donde se pasan uno o más catéteres -normalmente, tres- a través de los cuales se realizan todas las operaciones. Una vez realizadas éstas, tras comprobarse que la arritmia no puede ser ya provocada de nuevo, se considera que la taquiarritmia ha sido eliminada por completo y concluye el procedimiento. La duración de la intervención, dependiendo de las arritmias tratadas y su complejidad, suele ser entre 2 y 4 horas (en este caso duró sólo 2 h.). Concluida la intervención, se retiran los catéteres, se realiza compresión en los puntos de acceso vascular y se pasa al paciente a su habitación para observación. Las complicaciones no son habituales, por lo que se suele dar el alta al día siguiente.

El paciente, varón de 64 años y sin ningún tipo de antecedentes cardíacos previos, fue sedado con sólo  anestesia local. Cooperante durante la intervención, se mantuvo tranquilo y no dio muestra alguna de dolor o molestias ni siquiera durante la aplicación de las descargas en los puntos comprometidos por la arritmia.

Hasta aquí, una breve descripción del tema y sus particularidades. Ahora, si me lo permiten, considero obligado hablarles de lo que vi.

Por contra de las críticas negativas que suele escucharse en pacientes y afiliados a la Seguridad Social (por desinformación y recelos las más de las veces): falta de medios en todas las áreas, personal de servicios escaso y poco profesionalizado, equipamientos tecnológicos anticuados o poco actualizados, cirujanos y facultativos con escasa experiencia y una formación distante de los últimos avances en metodologías médicas y quirúrgicas, etc., etc., yo, que estuve presente en ese quirófano, puedo afirmar y afirmo que la realidad de lo que la S.S. pone a disposición de sus pacientes y afiliados es todo lo contrario.

Me sorprendió gratamente la dotación del quirófano de cateterización cardiovascular, con aparatos, controles, monitores y dispositivos de última generación y la más avanzada tecnología. En mi opinión, sin nada que envidiar a las más reputadas -y caras- clínicas privadas de todo el mundo. La sensación que produce su contemplación, o la disposición del material quirúrgico que cirujano y auxiliares disponen junto a la mesa de operaciones, ya inspiran la suficiente confianza como para desechar cualquier temor por falta de medios o equipamientos.

Pero, lo que me causó la más grata de las sorpresas fue comprobar, in situ y paso a paso, la precisión y el dominio con que actuaron el cardiólogo-cirujano y los otros cuatro miembros componentes de su equipo. Se advertía claramente la preparación, el perfecto conocimiento, la profesionalidad y la gran experiencia con que llevaron a cabo cada uno de los procedimientos de la, a mi entender, complicada y difícil intervención en el corazón de aquel paciente que, con ojos tan asombrados como complacidos, no perdía detalle de todos y cada uno de los actos que realizaba aquel equipo de profesionales. La operación, como no podía ser de otra forma, fue un rotundo éxito desde el principio al fin. Afable y cordial, tras echar una última mirada a los monitores, el cirujano jefe terminó por exclamar: "Ha quedado como un reloj".

El paciente asintió con leves movimientos de cabeza sin poder evitar su complacencia y la admiración que le producía el resultado de la operación y el buen hacer del equipo que la había llevado a cabo. Y, déjenme decirles que, naturalmente, aquel paciente de ojos tan asombrados como complacidos era yo.

Por eso quiero aprovechar estas líneas para, además de confirmar todo lo dicho, agradecer sincera y profundamente al cardiólogo-cirujano actuante, doctor D. Rafael M. Fernández Rivero, y a los miembros de su equipo, Dres. Cano, Chueca y demás, por la extraordinaria y sorprendente actuación médico quirúrgica que desarrollaron sobre mi corazón y ante mis ojos.

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