• RESEÑA de LIBROS

    Cien de Diez

     de Enrique Barrero Rodríguez

    Colección de Poesía ÁNGARO (2013)

    por Juan Mena


Cien de diez, portada(LIBROS RECUPERADOS)

Precedido de un prólogo de Salvador Casado Sosa, tengo ante mí un nuevo libro del poeta Enrique Barrero Rodríguez (Sevilla, 1969), compuesto de cien décimas, y cada grupo de diez décimas lleva un título: Reflejos en la umbría, Luz de mar, Estampas andaluzas, Pequeños lirios, Esquinas de ciudad, Lazos de sangre, Nombres propios, Menudencias, En brazos del tiempo y Palabras en la hondura.

Hemos reseñado ya de este autor tres títulos de poesía, tales como Fe de vida, Liturgia de la voz abandonada y Los héroes derrotados, cuyos temas nada tienen que ver con el de esta nueva entrega.

Aquí la voz de nuestro poeta está vinculada a una experiencia, digamos que urbana, ya que los textos tienen un fondo que procede de su andadura diaria por lugares queridos y que el autor retiene en su retentiva lírica.

Su lenguaje está dentro de unas coordinadas realistas, si bien salpicadas de trazos sensoriales, como corresponde a una descripción en la que se homenajea los motivos concretos que se cantan. Posiblemente unas décimas estén más próximas que otras a la emoción de quien las lea, por aquello de la connotación. Veamos esta dedicada a Granada:

Porque el Darro no se atreve
a nombrarte, yo te nombro.
Floritura del asombro.
Heredera de la nieve.
Qué cruel belleza aleve
hiere siempre en tu jardín.
Por un camino sin fin
déjame que vaya ahora
de tu Alhambra cegadora
a las cuestas de Albaicín.

Pero el poeta no se puede olvidar de los rincones sevillanos y con la misma precisión expresiva dice de los Jardines de Murillo:

En la pálida muralla
apura la tarde el paso.
Una daga es el ocaso
que acaricia y no avasalla.
De perfil teje su malla
la ascensión de la palmera
y de nuevo pareciera
esta hora silenciosa
que sonríe, misteriosa,
Catalina de Ribera.


Como hemos dicho, el poeta ha dejado sus preocupaciones religiosas del segundo libro anteriormente reseñado y la visión más honda de la vida del primero y del tercero, para mostrarnos en el que ahora comentamos el sentimiento y la memoria que dan fe de su amor a las cosas, los seres, los lugares y los recuerdos que alimentan esa vida secreta del espíritu poético, que podría pasar desapercibido para otros hombres, pero no para él.

Libro, en cierto modo, testimonial, con un lenguaje sin artificios, no exento de color y sensorialismo y con disciplina verbal como para ser calzado en el rigor métrico de la décima. Ello da una idea de la riqueza de registros poéticos del autor, si recordamos los libros mencionados arriba.








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