Rincón de la Poesía 

Manuel Mejía Sánchez
Ciudad Real






CANTO AL VINO DE VALDEPEÑAS

Premio, Vino Cencibel (El Trascacho),
Valdepeñas (Ciudad Real), 1995




¿Hay algo, pregunto yo,
Más noble que una botella
De vino bien conservado
Entre dos almas gemelas?
Nicanor PARRA (chileno)





CANTO AL VINO DE “VALDEPEÑAS”

I

¡Oh!, vino CENCIBEL, sangre de Cielo,
sangre que en la tinaja ayer latía,
sangre que el capataz bien remecía
vigilando su hervor con mimo y celo.

Comenzó tu latir a ras del suelo,
al beber el racimo luz del día,
albor que sorbo a sorbo lo extraía,
a la sombra del pámpano hecho velo.

Creciendo fue el tictac de aquel relente
y el perlado conjunto se hizo fuente
¡de ese plasma que a Olimpo huele y sabe!;

y Valdepeñas quiso ser regazo
pues sentíase suyo el embarazo
y de aquella preñez era la clave.




II

Era la clave, sí, y sigue siendo
el amplio pentagrama de los vinos,
a mosto saben todos los caminos
y en cada casa el caldo sigue hirviendo.

Sangre de CENCIBEL se está cociendo
para filtrar más tarde a viejos tinos,
de los cuales, violados cristalinos
irán tras enfrascar, envejeciendo.

Irán tomando cuerpo, haciendo base,
impartiendo su cátedra en la clase,
de la cual, Valdepeñas es maestra.

Y el vino CENCIBEL y muchos otros
lloran continuamente en los empotros,
¿podemos pedir más de aquesta muestra?



III

No es justo pedir más, porque es sabido
que Valdepeñas tiene vinos de oro;
y encierra en sus tinajas un tesoro
que a la vid con amor le hubo extraído.

Por amor quiso ser su prometido,
su más fiel protector, su comodoro,
el guardián permanente de su foro,
su humilde servidor y su marido.

Todo quiso a la vez porque soñaba
y el olor de sus vinos le hechizaba
y los sentía a todos hijos suyos.

Tanto blancos o tintos y rosados,
debajo del mandil son acunados
para hacerles dormir con sus arrullos.



IV

El sueño les va dando calentura
y aquesta los trasiega hasta la ampolla,
donde el oro de ayer hoy se hizo joya
que dejó patentada su hermosura.

La clara nitidez de su escultura
las persianas del mundo las enrolla,
para exhibir su estampa sin bambolla
y ofrecer buen buqué a su catadura.

Al conversar de vinos ya sabemos
que al decir Valdepeñas nos bebemos
un buen vino manchego de pujanza,

un clarete que endulza los sentidos
e impulsa al corazón en sus latidos
abriéndole la puerta a la esperanza.



V

Quiero verter mi cálamo sudoso
para ensalzar el atrio vinatero,
quiero cantar ringlero tras ringlero
al Valdepeñas fino y deleitoso.

Por ser de buena madre no hace poso
y es audaz y valiente caballero,
va rociando su ser por el reguero
que mana hacia levante y el Toboso.

Intenta abrir camino y dar la mano
dejándose llevar del alto al llano
pasando por la corte soberana.

Quiere entregar su vida transparente,
servir de lazarillo de la gente
y proclamar la paz cada mañana.



VI

Entregar libertades también quiere
porque se están vallando a manos llenas,
romper igual quisiera las cadenas
y dar vida al que expira cuando muere.

Ser un buen VALDEPEÑAS lo prefiere
y no ser de “pitarra” o quitapenas;
y alegrar el ambiente en las verbenas
y quitarle la espada a aquel que hiere.

Vino eres y serás, mas si te empeñas,
el rey seguirás siendo en Valdepeñas
que te dio el apellido en tu nacida,

a ella debes la fama que tú tienes,
por La Mancha transitas, vas y vienes
y por ella darás toda tu vida…









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