• Dean Simpson

    Impresiones

    La misoginia en los libros de caballerías

    por Dean Simpson (Boston)


La misoginia en los libros de caballerías se manifiesta de varias maneras; primero, en los papeles particulares designados a la mujer y en sus límites e importancia para los fines del libro; segundo, en la manera en que los demás personajes la tratan; y tercero, en los comentarios que el autor mismo dirige a su sexo. La primera manifestación, la de los papeles de la mujer, se ve en mucho detalle en los libros. La segunda surge con mucha frecuencia, culpando a la mujer por su debilidad, irracionalidad y por otras “deficiencias”, y la tercera es explícita cuando el autor se dirige al lector con el fin de criticarla.

En Amadís de Gaula una palabra sumamente repetida para referirse a la mujer es la de “flaca”, la cual no alude a su corporeidad sino a su índole en general: inferior, menos apta, débil. He aquí un ejemplo de un hombre que habla: “…si los tuviéssedes más conmigo, que só cavallero, que con ella, siendo flaca mujer, os devíades contentar…”(LXII); y otro ejemplo que viene de una mujer, Mabilia: “Noble reina y señora, no conviene a persona de tan alto lugar como os assí se vencer y sojuzgar de la Fortuna. Que ahunque todas las mugeres naturalmente seamos de flaca complixión y coraçon.”(LXXXII) Como vemos aquí, la mujer también se critica, siempre creyendo en las limitaciones que el hombre le impone. Hay que recordar que el autor es el que hace que se critiquen, con el fin de mostrar que ellas mismas no cuestionen el sistema patriarcal.

Cuanto más la mujer acepta estos comentarios y los repite ella misma, creyéndolos como propios, es menos probable que surjan iconoclastas con la intención, y el eventual éxito, de cambiar el sistema. Este mismo personaje, Mabila, a pesar de mostrarse muy sensata con Oriana en cuestiones del corazón, ella perpetúa en más de un caso el motivo de la flojedad de la mujer: “…conformes a la cualidad y flaqueza de las mugeres, como en todas las otras que para nosotras son muy nuevas y estrañas…”(XCIII). Oriana también participa en esta autocrítica de su sexo, como se ve en este caso claramente dividiendo y afirmando los papeles del hombre y de la mujer: “Mi buen amigo, no miréis vos al miedo que yo como mujer tengo veyéndome en tan estraño lugar para mí, mas a lo que [v]os como buen cavallero fazer devéis.”(LVII).

En otros casos, los personajes muestran cómo la mujer en estos textos encarna valores contrarios a los del caballero: la inconstancia, la deslealtad y la debilidad. Brian de Monjaste comenta algo sobre la mujer en una ocasión, y él aunque “muy gracioso y comedido” lo diga en broma, el mensaje no lleva antifaz muy convincente:

Pues que estoy elegido para ser embaxador a vuestro padre, no quiero ser presente a embaxada de donzellas, que he miedo, según vosotras sois engañosas y la gracia que en todo lo que havéis gana tenéis...”(XCIII).

En otro caso, un “buen hombre” que vive como un ermitaño, explica a Amadís, “cuanto más por hecho de mugeres, que se ligeramente gana y pierde”(LXVIII). Se supondría que un asceta como él representaría los valores cristianos y trataría a la mujer con más respeto, pero vemos que su naturaleza coincide con otros comentarios de Montalvo, el autor, sobre los deberes y las cualidades de la mujer. El “buen viejo” sigue explicando, no conviene a tal cavallero como vos sois que assí se desampare, como si todo el mundo falleçiesse, y muy menos por razón de muger, que su amor no es más de cuanto sus ojos lo veen y cuando oyen algunas palabras que les dizen, y passado aquello, luego olvidan.” (LXVIII)

En estos casos la mujer no es leal a su palabra (infiel), y es engañosa (desleal) e inconsistente (débil), cualidades por las que un caballero mataría a otro. El peor insulto dirigido a una mujer lo dice Arcaláus, “Que se guarde bien de mí, que yo espero presto vengarme dél, ahunque tenga en su ayuda aquella mala puta, Urganda la Desconoçida”(CXXX).

Un caso evidente de misoginia y malinterpretación es cuando Dardán el Soberbio (un antagonista) habla con una dama que le había dicho que “jamás le haría el amor si no la llevase a casa del rey Lisuarte”(XIII) (donde indudablemente tiene tramado algún plan). Al llegar a la corte ella le revela a Dardán que prefiere a Amadís, a lo que responde él, “¿yo soy por ti vencido y escarnido y quiéreme desamparar por aquel que en tu daño y en mi deshonra fue? Por Dios, bien eres mujer, que tal cosas dices, y yo te daré el gualardón de tu aleve.”(XIII). Aunque aquí esta mujer no se podría hallar en peores condiciones, ya que tiene a su cuenta pruebas de traición y codicia, Dardán tampoco tiene la razón por la que la acusa de infidelidad y avaricia por ser mujer, como si éstos fuesen atributos propios de toda mujer. Es un asalto rotundo. A continuación es él quien la mata en un ataque de cólera, al cual responde frenéticamente “¡qué hize que maté la cosa del mundo que más amava!”(XIII), y se suicida. Se le reprocha a la mujer por ser irracional, pero es él quien lleva la palma.

La tercera categoría de misoginia anteriormente mencionada, cuando el autor mismo ataca a la mujer, es la que presenta muchas curiosidades. Es la vía más directa para comunicar el dictamen de un pueblo, una época o una comunidad, siendo este autor portavoz de las ideas populares y sociales. En estos textos caballerescos el autor intercala, además de sus infinitas manifestaciones en los demás personajes, su propia opinión de la mujer. En el Palmerín de Inglaterra esta expresión es muchísimo más explícita que en los dos textos de Montalvo, pero Montalvo tampoco prescinde de soltar una docena de comentarios desairados. La mayoría de los comentarios critican la inestabilidad emocional de la mujer, la de Oriana en particular, culpando su irracionalidad por los infortunios que sufre Amadís en la Peña Pobre. Él revela estas emociones como si fuesen pecados mortales, cuando es justamente esta emoción la que atraía a tantos lectores en su día. Oriana, quien no escucha el razonamiento de la Donzella de Denamarcha ni Mabilia, “cayó en un yerro tan grande” por hacer “lo que el apasionado seso de las mugeres acostumbra por la mayor parte seguir”(XL). Además de ser emocionales el narrador les acusa de ser inconstantes, “Y assí como aquella donzella con el amor que aquel cavallero le mostró fue su propósito mudado, como las mugeres acostumbran fazer.”(CXXX). Al mostrar la debilidad de estas “febles mujeres”(XCII) la proyección del hombre en comparación es de sagaz, fuerte y estable. Palmerín de Inglaterra, es un libro repleto de misoginia, un texto en que la mujer sufre una constante degradación, sobre todo de los comentarios del narrador omnisciente, o sea, el autor.

Para entender la actitud sexista de Moraes es menester recordar sus fundamentos en la época medieval. Le Roman de la Rose, por ejemplo, ataca frontalmente a la mujer. Una serie de poemas repletos de antifeminismo surgió, la llamada fabilaux, que rebajaban el carácter de la mujer, retratándolas todas como viejas decrépitas, adúlteras, livianas y necias. Dos fabilaux populares, por ejemplo, eran “Le Vallet aux douze femmes” y “La femme qui servait cent cavaliers”. En España la misoginia se asoma en los Cancioneros, La Celestina y El Corbacho, la poesía burlesca de Quevedo, y las tragedias de Calderón. La imagen de la mujer es subyugada por las percepciones, necesidades y antagonismos del hombre. En el Wife of Bath de Chaucer, el quinto marido de la mujer insistía en leerle a ella el libro de “wikked wives” que mencionaba a todas las mujeres de la Biblia que engañan al hombre. Las interpretaciones de la Biblia, no obstante, se contradecían. Unos decían que la Biblia favorece a la mujer porque Eva fue hecha dentro del Paraíso (Adán fuera), que una mujer concibió a Dios y que Cristo se apareció a una mujer; sin embargo, los que la menosprecian dicen que es ella la responsable de la Caída del hombre y del sufrimiento de Cristo. Es a esta segunda opinión a la que Moraes se arrima, cosa que se ve en El Corbacho, una obra que refuta el amor cortés. Su autor, Martínez de Toledo, denuncia la idolatría de lo cortesano y la belleza femenina, en los que mora el pecado mortal. Es por eso que Moraes, siguiendo el ejemplo de Martínez, retrata las vanidades de la mujer en este libro como su mayor yerro y ruina.

La misoginia en Las sergas de Esplandián se manifiesta muy poco en comparación con el Amadís, y comparado con el Palmerín es un mero grano de arena en el desierto del sexismo. Se manifiesta de varias maneras en Las sergas. Hay las típicas confesiones de parte de las mujeres que sirven para confirmar su aislamiento sexual, como una de Carmela cuando le explica algo a Leonorina: “más conviene para fuertes caballeros que a flacas damas.”(p. 31), pero los casos en general son mínimos. Las burlas y comentarios de parte de los otros protagonistas tampoco son abundantes y tan tajantes. Un comentario suave lo dice el rey de Dacia en una conversación con Carmela sobre el amor: “y tenéis por extraño esto que ha respondido bien parece ser fuera de vuestra memoria, cuando livianamente los encendidos y auténticos amores de las mujeres, con la ausencia de olvidados y trocados.”(p. 62). Los demás personajes secundarios no participan en degradar a la mujer en este libro. Tampoco hay las claras detonaciones misóginas que hace Montalvo en el Amadís.

Quizá Montalvo siguiese la orientación del Amadís original, recapitulando la misoginia que ya era una parte íntegra del texto, y con la transición al cuarto libro del Amadís, que es del todo suyo, ya se ve menos polarización sexual, quizá porque estén los personajes varones más en el campo de batalla, o quizá porque Montalvo desfavorezca tanto zarandear a la mujer. Para cuando sale Las sergas él prefiere no meter baza con tanta frecuencia, aunque no se retira del todo de la partida. No sólo se disminuyen los comentarios contra las mujeres, sino que hay ocasiones en las cuales la mujer se defiende y se muestra vivaz y graciosa, como este comentario de la reina Menoresa que discute la manera en que el caballero se enamora tan rápido de la mujer:

…antes creo que es la manera de hablar, que los caballeros tenéis con aquellas, de que nuevamente habéis conocimiento, porque no habiendo razón de hablar en otras cosas, con estas semejantes queréis satisfacer vuestras voluntades.(p. 85)

Huelga decir que hay que tener en cuenta también a las amazonas, dignos rivales de los caballeros, y a Carmela, la mujer abnegada. La mujer en general es más fuerte en Las sergas que en el Amadís, más respetada y con más cargos de importancia.

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