• Susana Maroto Terrer

    Cultivo de humanidad (Ensayos)

    Cartas de Gertrudis Gómez de Avellaneda (II)

    por Susana Maroto Terrer



El concepto de amor en las cartas de Gertrudis Gómez de Avellaneda a Ignacio Cepeda.

2ª parte: Tipos de amor en las cartas


En las cartas de Gertrudis a Ignacio Cepeda se muestra el amor prototípico romántico. Sin embargo, hay que hablar de distintos tipos de amor. Pues en el cuadernillo y las epístolas que Gertrudis le envía a Cepeda habla, aparte del más profundo e idílico amor que le profesa a él, de su amor a la familia, “La amistad ocupaba entonces toda mi alma. Adquirí una nueva amiga en mi prima […] Yo, que no amaba a ninguna de mis otras dos primas, me incliné a ella desde el primer momento en que la vi” , “La ausencia de mamá, mi mejor amiga, la sola persona en cuyo amor confío, me había dejado en soledad espantosa” , a los amigos, “por el verano nos fuimos al campo, a una posesión próxima a la ciudad, y llevé conmigo a Rosa Carmona, que, desde que mi prima tenía amante, había llegado a ser mi amiga predilecta.” , e incluso ala patria, “todo esto tiende a separarme más pronto de mamá. O a alejarme de este país, que amo, si me resuelvo a seguirla”, o a Dios, “ por qué todo ha pasado menos nuestro anhelo inmortal: entonces es preciso creer que hay algo que corresponda a Él: algo que sea como Él, eterno; como Él, infinito: en fin, amigo mío, entonces creemos en Dios y buscamos a Dios”, aunque quizá este último podría reconocerse como un amor interesado al que solo recurre cuando su alma se encuentra al borde del abismo, sólo como salvación.

En el cuadernillo que Gertrudis le dedica a Ignacio “pues sólo a usted consentiría en hacerlo […] Pero exijo dos cosas. Primera: que el fuego devore este papel inmediatamente que sea leído. Segunda: que nadie más que usted en el mundo tenga noticia de que ha existido” , se muestra la vida de una mujer dotada de la capacidad de sentir profundamente y de los valores propios del ideal sublime femenino: la inocencia, la pureza, el talento. La protagonista se perfila como ángel de amor, ahora melancólica, ahora apasionada, pero siempre sincera y natural. Es una joven sensible, talentosa, tierna, pero desgraciada, víctima del mal destino y de la hostilidad ajena. Sin embargo, hay algo que se aleja un poco de este ideal y es su personalidad, en ocasiones, varonil: “Reunía la debilidad de mujer y la frivolidad de niña con la elevación y profundidad de sentimientos, que sólo son propios de los caracteres fuertes y varoniles” Como ella misma dice unas líneas más adelante: “mi gran defecto es no poder colocarme en el medio y tocar siempre los extremos. Yo aborrecía a mi novio tanto como antes creía amarlo” . Que es una mujer de extremos se demuestra a lo largo de toda la obra. Tan pronto está feliz y radiante como que le sobreviene la más amarga tristeza y melancolía: “¡Tuve días deliciosos! Sin embargo, entonces mismo, se me ofrecieron motivos de inquietud y de penas” . Se la ve en muchas ocasiones una mujer perdida, desorientada, insegura. Se ha creado un mundo maravilloso basado en el utópico mundo que guían las palabras de las obras literarias que ha leído, donde el amor no tiene fronteras, donde el ser querido es un ser perfecto, casi un dios… Tan grande es la repercusión de la literatura en nuestra autora, como lo fueron las novelas de caballería para Don Quijote de la Mancha, quien veía su vida a través de la literatura que conocía y que le había “secado el cerebro”. En este caso, Gertrudis siente cosas no reales porque su conocimiento literario se lo exige a su corazón y le hace ver cosas donde nos las hay, la convierte en una idealista y soñadora:

"Yo no conocía el amor sino en las novelas que leía, y me persuadí desde luego que amaba locamente a mi futuro. Como apenas le trataba y no le conocía casi nada, estaba a mi elección darle el carácter que más me acomodase. Por descontado me persuadí que el suyo era noble, grande, generoso y sublime. Prodígole mi fecunda imaginación ideales perfecciones, y vi en él reunidas todas las cualidades de los héroes de mis novelas favoritas. El valor de un Oroondates, el ingenio y la sensibilidad apasionada de un Saint Preux, las gracias de un Lindor y las virtudes de un Grandison. Me enamoré de este ser completo, que veía yo en la persona de mi novio. Por desgracia, no fue de larga duración mi encantadora quimera; a pesar de mi preocupación, no dejé de conocer harto pronto, que aquel hombre no era grande y amable sino en mi imaginación (14)".

Por eso cuando se topa con la realidad, únicamente vive desengaños. Antes de conocer y amar a Ignacio Cepeda, Gertrudis amó o creyó amar a otros hombres, como ya se ha visto en su biografía. Todos ellos parecen aventuras al lado del sentimiento que le brota del corazón con su Ignacio Cepeda. Pasaba de hombre en hombre, como las abejas de flor en flor, y notaba que ninguno podía ser el hombre que su corazón esperaba anhelante:

"Busco en emociones pasajeras, en afectos ligeros, un objeto en que distraer mis devoradores pensamientos y me siento así menos atormentada, porque inconstante en mis gustos, cánsome fácilmente de todo, y los afectos ligeros, que apenas me ligan, no me privan del derecho a seguir el instinto de mi alma que codicia libertad. Alguna vez deseo hallar sobre esta tierra un corazón melancólico, ardiente, altivo y ambicioso como el mío."


Notas:
14) Gertrudis Gómez de Avellaneda, Autobiografía y cartas, estudio y notas de Lorenzo Cruz-Fuentes, Huelva, Diputación provincial de Huelva, 1996, p. 46.

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