• Alfonso Estudillo

    La Voz de Arena y Cal

    La Alimentación y la Salud

    por Alfonso Estudillo


Estos días atrás, volcados todos los medios en el fallecimiento del ex presidente Suárez, hemos tenido ocasión de rememorar -los que ya peinamos canas- o conocer mediante acertados documentos históricos -los que nacieron en los últimos decenios-, los hechos acaecidos tras la muerte de Franco y el dificilísimo trance que supuso el pase de la dictadura a la democracia. Se consiguió superar tan comprometido evento por la voluntad y el innegable convencimiento del Rey Juan Carlos, principal valedor del radical cambio, la acertada estrategia de Torcuato Fernández Miranda en los pasos a seguir y la singular e inestimable puesta en ejecución del ahora extinto presidente Suárez. Con ellos nació la nueva España.

Pero no es el transcendental episodio de nuestra historia ni sus admirables protagonistas lo que me mueve a escribir hoy, sino la terrible enfermedad senil -el Alzheimer- que ha llevado a la muerte al audaz y decidido personaje que fue capaz de guiar nuestros rumbos en aquellos difíciles momentos.

En realidad, tampoco les voy a hablar aquí de la Enfermedad de Alzheimer, puesto que ya lo hago en este mismo número de la revista en mi sección divulgativa de Ciencia y Salud -donde pueden ver sencilla descripción de su etiopatogenia, sintomatología, incidencia, tratamientos, etc., acompañada por estudios e hipótesis del profesor Seignalet y las posibilidades preventivas y curativas mediante el Régimen Ancestral-, sino participarles mis reflexiones acerca de uno de los factores que, en mi opinión -coincidente con la de un cada vez mayor número de científicos e investigadores-, inciden con mayor fuerza en los orígenes y causalidad de esta demencia senil y de un altísimo número de enfermedades neurológicas, reumatológicas, autoinmunes y heteroinmunes.

Y este factor no es otro que el medioambiental -la altísima contaminación que nos rodea y, sobre todo, la alimentación moderna-, componentes de la insalubre realidad que soportamos desde los comienzos de la Revolución Industrial (siglos XVIII-XIX), potenciada en la segunda, y que alcanza valores inadmisibles en este tercera era, llamada Científico-Técnica o Revolución de la Inteligencia.

Las enfermedades que afectaban a los humanos hasta la era pre-industrial eran infecto-contagiosas casi en su totalidad, siendo el resto neuropsiquiátricas -como la locura-, neoplásicas o cáncer en sus diversas formas, endocrinas, ocupacionales, etc. Podemos decir que, salvo algunas enfermedades raras, la inmensa mayoría de las enfermedades que sufrimos en la actualidad ya eran conocidas -o se sufrían- en tiempos anteriores, si bien, en unas proporciones que nada tienen que ver con las que se dan en la actualidad. De ahí que el médico francés Stanislas Tanchou, a mediados del XIX, basándose en las grandes diferencias halladas en la incidencia del cáncer entre el medio rural y el urbano, propusiera la denominación de Enfermedades de la Civilización.

Necesario es reconocer que el gran aumento de la esperanza de vida conseguido en los últimos cien años, en su mayor parte gracias a los avances de la Medicina: preventiva, medidas de asepsia, antibióticos y otros nuevos medicamentos, vacunas y campañas de prevención, cirugía, etc., además de otros como el aumento del nivel económico y cultural, la disponibilidad de alimentos y elección de hábitos nutricionales, prevención de accidentes, etc., conlleva una mayor población con edades más avanzadas y, lógicamente, más predispuestas a sufrir enfermedades crónico-degenerativas, neurológicas, neoplásicas...

Pero no son las enfermedades gerontológicas o asociadas a la vejez las que predominan en la población actual, sino enfermedades metabólicas y endocrinas -Obesidad, Diabetes Mellitus, Síndrome metabólico-, cardiovasculares -Aterosclerosis, Hipertensión arterial, infarto de miocardio, etc.-, reumatológicas -Artritis Reumatoide, Espondilitis, Lupus eritematoso, etc.-, neurológicas -Esclerosis lateral amiotrófica, Alzheimer, Parkinson, etc.-, neoplásicas - Cáncer de mama, de colon, Leucemias...-, y un largo etcétera en el que no podemos dejar de mencionar las denominadas Enfermedades Raras, patogenias que en la Unión Europea se define como aquella que tiene una prevalencia inferior a 5 casos por 10.000 habitantes, y que, según la OMS, se conocen entre 5.000 y 8.000 tipos diferentes a los que cada semana se añaden 5 nuevos tipos.

Como pueden ver, una larga lista de enfermedades, muchas de ellas de etiología desconocida e incurables, a las que ha de enfrentarse cada día los profesionales de la salud. Afortunadamente, en lo que respecta a España, tenemos un extraordinario plantel de médicos, cirujanos y personal auxiliar que le planta cara y consigue vencerlas en un porcentaje que podemos considerar como bastante alto. Pero hay, como digo, otras muchas -reumatológicas, neurológicas y de otras áreas- en las que el médico especialista ha de chascar la lengua y decirle a su paciente -frecuentemente, con la mirada triste y auténtica pena dentro-: "Esto no tiene cura. No sabemos su origen ni qué la causa..."

Y es completamente cierto. La etiología de muy diversas patogenias no están en los textos que se estudian en las Facultades de Medicina. ¿Motivos? Diversos... Podríamos alegar la complejidad etiopatogénica  y causal de muchas de estas enfermedades, pero no es cierto. O que se continúa su investigación por varios caminos a la búsqueda de soluciones curativas. Pero tampoco es cierto... En la actualidad, todo lo que se descubre, financiado por las grandes multinacionales farmacéuticas e investigado en sus laboratorios, no son sino medicamentos paliativos -generalmente nuevas moléculas- que sólo sirven para frenar los efectos, pero que de ninguna manera curan la enfermedad. Parches para ir tirando -y llenar las arcas-, pero nada, absolutamente nada, que sirva para curar definitivamente estas enfermedades.

Que las multinacionales enfoquen sus negocios en lo que le es rentable es obvio: son empresas privadas que están para ganar dinero. ¿Imaginan lo que ocurriría si pusieran en el mercado un medicamente capaz de curar definitivamente la Artritis Reumatoide en unos pocos meses? La fabricación y venta de fármacos antirreumáticos, corticoides, antiinflamatorios, etc. se acabaría o bajaría drásticamente ...y las enormes ganancias que suponen para todos. Pero, ni siquiera este supuesto -que es imposible, puesto que ningún fármaco podría atajar las principales causas originarias de la Artritis- debemos tenerlo como determinante.

El quid de la cuestión está, fundamentalmente y como primera causa, en la alimentación, seguida por la alta contaminación del aire, ríos, mares, terrenos agrícolas, ciudades, calles, pisos, paredes, muebles, envases, plásticos, utensilios de cocina y todo cuanto nos rodea. Sus efectos tóxicos y nocivos, así como los de diversos alimentos y productos procesados componentes de la alimentación actual, son de sobras conocidos por los responsables de los estamentos de salud de todo el mundo. Así, se conoce la altísima incidencia del azúcar refinado, de la harina refinada, de los aceites refinados, de los ácidos grasos "trans" y de las comidas basuras en enfermedades metabólicas y endocrinas como la Obesidad, Diabetes Mellitus tipo 2, Síndrome metabólico, etc., que junto con las cardiovasculares, Hipertensión arterial, Ictus, Infarto de miocardio, Aterosclerosis, etc., conforman una altísima tasa de prevalencia en la población -cada vez más alta y a edades más tempranas- en los países desarrollados.

No se reconoce. Sencillamente, se hace oídos sordos o se dice que no está probado y no se reconoce. Para atajar estas enfermedades tendrían que reconocer que productos refinados como el azúcar, la harina, los aceites, los ácidos grasos trans, la leche animal, la mayoría de cereales hibridados o transgénicos, las carnes saturadas de hormonas y antibióticos, vegetales y productos hortícolas cultivados con innumerables químicos tóxicos, etc., etc., son incompatibles con una alimentación saludable. Pero este reconocimiento podría significar la retirada o exclusión de la cadena alimenticia de los alimentos más básicos y accesibles para la mayoría de la población. Es, por tanto, un imposible que, por cuanto supondría en el plano económico-social, ningún gobierno estaría dispuesto a arrostrar. Se entiende, pero es inaceptable.

Otro componente insalubre imposible de atajar lo tenemos en la enorme contaminación ambiental que sufrimos, pero como tendría que hablarles de sus numerosas causas -incluida las derivadas de las pruebas nucleares efectuadas el siglo pasado, con partículas radiactivas que están y estarán miles de años dando vueltas y cayendo desde nuestra atmósfera-, y alargaría demasiado este artículo, voy a omitirlo ahora con la idea de ofrecerlo en un nuevo trabajo.

De momento -y pueden imaginar que habrán de pasar muchos años- no esperen nada que sirva para curar esa enfermedad que sufre y que el médico le dijo que no tiene cura. No obstante, no pierda las esperanzas porque hay alternativas. Hay personas que dedican sus conocimientos, tiempo y esfuerzos a investigar y encontrar soluciones válidas y efectivas para este enorme problema. Y altruistamente, por solidaridad, por humanidad... Por ello, aquellos que quieran recuperar la salud perdida, o prevenir las consecuencias que les podría reportar la principal causa de sus males, la ingesta de muchos de los nada saludables alimentos que encontramos hoy en el mercado, tienen la posibilidad de enterarse cuáles son y cómo evitarlos con sólo entrar en la web que les cito más abajo y leer la información recogida en el Régimen Ancestral y en la diversidad de artículos sobre el tema. Es muy posible que su enfermedad se pueda curar.

La Web de la Artritis Reumatoide
http://www.islabahia.com/artritisreumatoide/index.asp

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