• Alfonso Estudillo

    La Voz de Arena y Cal

    Banca-Estado. Matrimonio perfecto

    por Alfonso Estudillo


No cabe dudas de que la Banca -el sistema bancario- es un elemento, más que necesario, imprescindible, en los actuales esquemas económicos, sociales y de gobierno de cualquier país.

Casi en su totalidad son entidades privadas, con uno o más propietarios -generalmente, de rancia cuna y fortuna- y multitud de accionistas de todos los calibres, que, funcionando como cualquier otro negocio o actividad de compraventa, dedican sus actividades a la captación de recursos -dinero- para la prestación de créditos y servicios a empresas y público en general, pero, también a instituciones gubernamentales de todos los ámbitos, entre ellos, el propio Estado, con el que -habría que decir aparentemente- se integra y complementa hasta tal extremo de interdependencia que, en los actuales tiempos, podríamos considerar imposible la existencia del uno sin la existencia y coparticipación del otro.

De los comienzos de la Banca existen diversos antecedentes, y tenemos registros de préstamos efectuados en la Babilonia de los amorreos y semitas dos mil años antes de Cristo. Y de los trapezitas, en la antigua Grecia, donde los comerciantes efectuaban créditos en sus tiendas o, principalmente, los sacerdotes en sus templos. Su desarrollo continuó en el siglo I a. de C., en Roma y en Persia, o en el Imperio Sasánida, donde se crearon las letras de cambio, o el cheque en el califato abasí en Bagdad; tipos y operaciones que aumentarían y se diversificarían con las ferias medievales. El siglo XII contribuyó grandemente en toda Europa al desarrollo de las operaciones bancarias por la necesidad de transferir grandes sumas de dinero para las Cruzadas. Los banqueros reales ya tenían su fama en tiempos de Carlos I y Felipe II, y en el siglo XVII se fundaron Bancos importantes en Ámsterdam, Londres y Hamburgo, lo que conllevó la creación de oficinas bancarias en ciudades y pueblos importantes de Europa y demás naciones avanzadas. El enorme crecimiento de la actividad durante los siglos XIX y XX, asentada ya en todos los países, obligó a los gobiernos a la creación de normas de regulación financiera para establecer sus competencias y evitar quiebras, infracciones o acciones delictuosas y sus más que previsibles consecuencias.

Esta regulación financiera, como llevamos comprobado por las múltiples crisis económicas sufridas a lo largo del pasado siglo XX y el actual -en el que venimos sufriendo desde 2007 la que se lleva todos los records-, no parece ser suficientemente efectiva en ningún aspecto, toda vez que en el origen de todas las crisis -aunque no sea la Banca la única o principal responsable de las mismas- encontramos acciones que traspasan la normativa -cuando no neta y claramente ilegales- realizadas por determinados integrantes del sistema bancario y -obviamente- el beneplácito o supina negligencia del encargado de su supervisión y control que es el Estado.

No es de extrañar puesto que el nexo de unión entre ambos comanditarios es demasiado grande. Es tal como el de un matrimonio al que sustanciales e insoslayables intereses mutuos obligan a vivir juntos por toda la eternidad. Es posible que tengan sus desacuerdos y broncas, pero, todo lo que existiere lo lavan en casa. De cara a la galería ni el menor atisbo de desavenencias. O más aún: lo llevan tan pulcramente que no sólo no hay señal alguna de discrepancia sino que dan la impresión de que ni se conocen de nada.

Tendríamos que decir que en España tenemos cierta suerte con los banqueros, puesto que, a diferencia de otros países -con Estados Unidos a la cabeza-, no han sido nunca ni promotores ni grandes colaboradores en la génesis de las crisis que nos han afectado en los últimos 100 años. No quiere decir ello que hagan de la ética su bandera, pues demostrado está que -en esta de 2007- algunos de nuestros Bancos hicieron la vista gorda a las subprime y otras acciones basura encajándolas entres sus clientes como si fueran de absoluta confianza. Y no vamos a hablar del extraordinario fraude de las preferentes y las subordinadas con las que algunos Bancos y Cajas -destacando Bankia- captaron enormes sumas de dinero para intentar salvar la piel y lo poco que quedaba de su tan inhábil función e incompetencia financiera. Ahí están, varios años después, cientos de miles de personas, en su mayoría jubilados y pensionistas con nulo conocimiento del mercado inversor, que tuvieron la desgracia de ser inducidos para invertir sus ahorros en dichas basuras, reclamando y rezando por su dinero

Tampoco podemos olvidar la gran responsabilidad del organismo regulador, el Estado, en la llegada, asentamiento y consecuencias de la crisis. Bien es verdad que el principal organismo de la CE., el Banco Central Europeo, fue incapaz de prever la crisis ni sus devastadores efectos sobre la economía de nuestros países -aunque no sabemos si, dado la presumible capacidad de tan alta institución para saber al detalle todo cuanto se cuece en todas partes y en todo momento, habría que cambiar el adjetivo "incapaz" por otro con las connotaciones aplicables a los que son fieles fámulos o miran al tendido-, pero ello no obsta para que cualquier gobierno de los países más punteros de la Comunidad Europea, entre ellos España, disponga de sus propias capacidades y medios para prevenirla.

No fue este el caso del anterior presidente del Gobierno, señor Zapatero -y sus asesores-, que -sin negarle ciertos conseguimientos en el plano social- a su más que demostrada bisoñez política sumó un altísimo grado de imprevisión y una pésima gestión en todos los ámbitos relacionados con las medidas de superación de la crisis. Nos cogió el toro de lleno.

El actual presidente, señor Rajoy, algo menos pipiolo en cuestiones de gobierno y, posiblemente, mejor asesorado que el anterior, se ha dejado llevar por todas las epístolas nacidas en el seno de la Comunidad y guiado al país por unas sendas que, inexorablemente, aunque sin ningún coraje decisivo y unos tiempos jamás vistos nunca, nos está llevando a la -todavía poco clara- salida de la crisis.

En mi opinión -y creo que de la mayoría-, la principal causa de esta enorme tardanza no es otra que la nula o escasa voluntad de los Bancos y Cajas a poner créditos a disposición de la pequeña y mediana empresa, autónomos y consumidores en general. El origen de esta negativa no es, como podría ser normal en los primeros momentos, la prudencia de la Banca ante el enfriamiento de las relaciones con los demás Bancos y la generalizada falta de confianza interbancaria, no, la causa es que, tanto los activos de sus clientes como los créditos concedidos por el BCE -a un interés próximo al 0 %-, son reservados a unas pocas grandes empresas -de amigos, cuando no propias o participadas- y, muy principalmente, invertidos en deuda soberana -es decir, concedidos al Estado- con la compra de títulos y bonos con intereses que, al menos en los primeros tiempos, han estado en niveles de hasta un 7 %. Filosofía de Perogrullo: "No le voy a prestar a Vd. mi dinero cuando 'mi mujer' lo necesita y me lo paga mejor que nadie."

Parece que el BCE estaba dispuesto a penalizar estas prácticas (su nombre es Carry Trade) durante las habituales acciones de estrés y supervisiones generales de la banca europea en este año de 2014. Si bien, al día de hoy, transcurridos más de cuatro meses del año, aquí en España no se vislumbra ni la más mínima señal de que tal cosa esté ocurriendo o vaya a ocurrir.

No sabemos si es función de este principal organismo intercomunitario el de crear la legislación oportuna y suficiente para obligar a los Bancos a cesar en la práctica de esta anormalidad que tanto daño está causando a toda la sociedad, ni si, aunque estuvieran obligados y pudieran hacerlo, omitirla y mirar para otro lado forma parte de la hoja de ruta ordenada por los intereses superiores de quienes todo lo pueden.

Lo que sí sabemos es que la principal obligación de un gobierno, de todos y cada uno de los gobiernos de cada país, es proteger a su pueblo ante la ambición y codicia de los poderosos. Y esa medida, la más fundamental, necesaria y obligada de todas cuantas pudiera tomar un gobierno, es más que evidente que aquí en España no está ocurriendo. Tan evidentes como el solapamiento y falta de rigor con que los poderes e  instituciones del Estado tratan las responsabilidades de todos cuantos forman parte de los integrados baja la divisa del poderoso caballero.

Y lo más sangrante de toda esta historia es que, tal como está montado el circo político, no tiene Vd. la menor opción ni derecho a poder reparar el tremendo error que cometió cuando fue a las urnas.

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