• Juan R. Mena

    Contraluz

    La poesía de Servando Camúñez

    por Juan R. Mena



Servando Camúñez Echeverría nació en Cádiz, en 1854, pero vivió, ejerciendo como médico, en San Fernando, donde falleció en 1936. Salvador Clavijo dice en su Historia de la ciudad de San Fernando que amó profundamente a Andalucía y también se vinculó a temas patrióticos e hispano-americanos. En su poesía, además de esas fuentes de inspiración, aparecen otras motivaciones de carácter filantrópico y siempre una tendencia social que lo asocia con la temática general del realismo decimonónico. Publicó un solo volumen de versos titulado Versos pasados de moda, en 1915, editado por el editor José García Gutiérrez, de Cádiz, con un número de páginas de 289.

Y, en efecto, Camúñez siguiendo la directriz de la poesía que lee en su juventud, se siente muy próximo a Núñez de Arce, Campoamor y Zorrilla, así como a Espronceda. Pero en Camúñez los rasgos realistas se acentúan, tal vez por su experiencia profesional. Los pobres, los necesitados, la inocencia infantil, el pájaro ciego, la cultura del suelo, como el trigo y el trabajo, todo ello quedaba, como dice Clavijo, ennoblecido por su capacidad de emocionarse y emocionar al lector.

El poeta gaditano está lejos de la poesía declamatoria de la época. La suya tiene un lenguaje necesario dentro del registro poético de la segunda mitad del siglo XIX. Cuando canta a la Patria, a América y a Andalucía lo hace sin énfasis, pues no pretende una exaltación hueca y oficial. Títulos de poemas suyos nos dan una idea de que fue un poeta de su tiempo por lo que tuvo de ciudadano sensible, además, incardinado por ello en la sinceridad: “La madre”, “Don Quijote”, “El trabajo”, “La humildad”, “La Patria”. “El Descubrimiento”, “La vejez”, entre otros poemas son sintomáticos de que debió de ser un hombre amante de la cultura y poroso a los males de la Humanidad, así como un amigo incondicional del progreso.

Refiere Clavijo que fue, ya en los últimos años de su vida, conservador de la Biblioteca Pública Lobo y ordenador del Archivo, en su calidad de Cronista de la Ciudad adoptiva. Nos hallamos en 1929. Se cuenta también como publicaciones suyas unas llamadas “cartas españolas” (tal vez recordando lo de las “Cartas marruecas” de Cadalso) editadas en “Los Lunes” y “La Correspondencia”, que dirigió, así como escribió unas zarzuelas que se perdieron, por lo visto.

Como dije antes, el poeta afincado en la Isla siguió el rumbo del realismo, pero lo hizo con toda franqueza, y manifestó su entusiasmo escribiendo versos que aún nos quieren contagiar, dentro, como se ha dicho ya, de un estilo propio de su contexto realista por su vibración: “¡Redención!, con amor puede lograrse /. ¡Igualdad!, con amor a nadie espanta /. ¡Libertad!, con amor debe enseñarse /. ¡Fraternidad con el amor encanta!”. Son versos que corresponden al poema ”El gran Burgués”, premiado con la Flor natural en Sevilla en 1903, precisamente en años en que el modernismo está en todo su apogeo y Juan Ramón Jiménez edita Arias tristes y Ramón Pérez de Ayala La paz del sendero.

En esta estrofa, espécimen del poema citado, están los presupuestos temáticos de su poesía que, como ya indiqué anteriormente, pueden resumirse en el amor al progreso, la simpatía por el humanitarismo social, la libertad de los pueblos y la promoción de los valores del hombre. En nuestra época Camúñez hubiese sido un destacado poeta de la Generación de los años 50 en su más definida expresión social. Ahora bien, Camúñez, por el año de su nacimiento, podría haber sido un precursor del movimiento modernista, como lo fueron Manuel Reina (1856-1905), Salvador Rueda (1857-1933) y Ricardo Gil (1858-1908). Pero nuestro poeta no viajaría por Madrid ni por París, es de suponer, y ese aislamiento de los poetas de entonces en sus provincias nos da una explicación de esa falta de reciclaje literario en sus obras.

Cuando se publica su libro de poemas en 1915 el modernismo ya está superado, en palabras de Manuel Machado. Lo que va de 1880 a 1910, se da como periodo para ese movimiento. Sin embargo, en su libro de versos podemos apreciar cualidades que nos garantizan que podría haber sido un buen poeta modernista, y no se olvide que por su cronología de vida abarcaba en primer lugar, la poesía realista, aunque un poco retardataria; en segundo lugar hubiese sido, como los poetas mencionados, un adelantado del modernismo; en tercer lugar podría integrarse en la fila de los poetas novecentistas -como León Felipe- y en cuarto lugar Camúñez podría asimilar las novedades de los poetas de la Generación del 27, incluso con sus quiebros vanguardistas, si se lo hubiese propuesto.

Dado que la musa de Camúñez era más bien abstracta y observadora, podríamos decir que su poesía generalmente levanta el vuelo y se ocupa poco de los tipismos y pintoresquismos en los que sí fue generosa la musa del isleño Gabriel González Camoyano (1893-1967), que fue amigo del médico y poeta, y que lo sustituyó en la dirección de la mencionada Biblioteca.

Dos años después, en 1917, Juan Ramón Jiménez publica su Diario de un poeta recién casado, que sirve de arranque a la nueva poesía del poeta onubense y da una nueva orientación a la poesía española. Un año antes, en un cabaret de Zurich, Hugo Ball y Tristán Tzara proclaman el dadaísmo, tan irrespetuoso con toda la poesía academicista del siglo XIX.

A modo de conclusión, la poesía de Servando Camúñez se inscribe, como hemos dicho, en un contexto de poesía realista un tanto retrospectiva, debido, tal vez, a su aislamiento literario, pero con calidad en sus poemas como para vaticinarle logros satisfactorios si se hubiese puesto en línea de otras generaciones siguientes a la suya. Cuando hablamos de su carácter retrospectivo en ella se debe, más que a cuando la escribe, que a cuando la publica en ese volumen, independientemente de que años atrás lo hiciera en diarios y revistas.

Como muestra antológica exponemos este poema que se refiere a la celebración del primer centenario de la derrota francesa frente a Cádiz y la Isla de León. El metro empleado -decasílabos de 5+5- fue utilizado durante todo el siglo XIX tanto por poetas románticos, como realistas y modernistas.



HIMNO DEL CENTENARIO


¡Cádiz, despierta! ¡Cádiz, levanta
a las alturas tu pensamiento!
En tu recinto, cual arca santa
puso la Patria su sentimiento,
sus esperanzas y sus dolores,
sus dignidades y su energía.
¡Cádiz augusta! Hoy es el día
de hacer coronas de egregias flores
para tus hijos, los luchadores
que enaltecieron tu nombradía.

Hoy hace un siglo que el mundo entero
vio sorprendido tu resistencia
ante el coloso que traicionero
quiso quitarnos la independencia.
Hoy hace un siglo, ¡Cádiz hermosa!,
que ante tus muros y tus cañones,
llena de rabia la poderosa
dominadora de cien naciones,
vio disiparse sus ilusiones
con tu respuesta maravillosa.

¡Cádiz, despierta! ¡Cádiz, levanta
a las alturas tu pensamiento!
Como la antorcha que se agiganta
a los embates del raudo viento
es la aureola de tus lealtades,
de tus honores, de tus firmezas,
de tus excelsas serenidades,
de tus bravuras, de tus realezas,
gloria y asombro de las edades.

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