• RESEÑA de LIBROS

    Entre agrios limones
    de Juan Antonio Macías

    Vientos, Cádiz, 1993

    por Juan Mena

Libros recuperados

Portada de Entre agrios limonesJuan Antonio Macías nace en Puerto Real. Catedrático de Enseñanza Secundaria (Especialidad de Administración y Gestión de Empresas). Desde hace años reside en Cádiz. Actualmente está jubilado.

Entre agrios limones fue editado en la Colección gaditana de Vientos, que dirigió Diego Sánchez del Real, de quien lleva el libro una presentación del autor en la contraportada. También lo precede una introducción del profesor universitario Pedro Payán Sotomayor. Es un libro de treinta y tres poemas dividido en dos partes, aunque unidas ambas por una misma actitud: el intimismo amoroso y el paisajismo, ambas opciones sin desgarro lírico, sino más bien dentro de una atmósfera apacible. La estructura del libro es de una innegable nostalgia clásica, más bien romántica en su expresión, ya que el empleo de ciertas estrofas —“Imposible poesía”, “Silencio de cuanto hablamos”, “Amor de la noche”, entre otros poemas, nos recuerda un sello becqueriano, incluso antoniomachadiano, de quien, por cierto, lleva el libro una cita inaugural.

Abundan también los sonetos -unos dieciséis-, con lo cual podemos incluir este poemario en una línea de inspiración tradicional. La fuerza del contenido -el argumento, por decirlo con lenguaje narrativo- predomina en él. Entre la dicotomía significante/significado de Dámaso Alonso, Macías equilibra la necesidad del contenido y los valores policromos del significante, como una fidelidad a la topografía natal. Un ejemplo está en el soneto ”Buscando la palabra”. En ningún momento trae a la página resabios de poesía social de los cincuenta-sesenta.

El poeta escribe ”con el corazón” , se sitúa en una posición “desde el sentimiento” tomando el paisaje y los recuerdos como reflejos plásticos de su necesidad de expresión: “Evocaré tu nombre / en la oscura tiniebla del camino /. Me apoyaré contigo en el recuerdo / de musgos y de vientos peregrinos /. Una efigie de niebla / rozará tibiamente la memoria. / Te llamaré sonámbulo en las aguas / de redes que me atan en la sombra”. Payán Sotomayor afirma que ve en este libro resonancias de poetas tales como Quevedo, Manrique, Federico y Miguel Hernández, poniendo ejemplos de versos en los que ve un aire evocador -intencionado o no- de esos autores, a los que, es seguro, Macías admira: “Dejadme huir. Cansado de cadenas  /soy náufrago de mar por esta playa. / Dejadme huir al aire que me lleve / callando sus palabras”.

Pongo estos versos como ejemplo del tono de sobriedad del poeta puertorrealeño-gaditano. Una indudable delicadeza recorre estos versos que he citado como espécimen de una determinada actitud del poeta ante los temas y los metros que se aúnan en Entre agrios limones. Un empleo no exhaustivo de la metáfora y una adjetivación dando color a los nombres, aunque con una discreta y equilibrada deuda con el pasado (todos los poetas son, en parte, deudores del pasado), hacen de este libro un conjunto poemático bello y como sintetizador de tendencias que no mueren del todo y reaparecen en poetas independientes de las modas al día. No en vano el poemario fue escrito entre los años 68 y 69, época en la que está a punto de surgir el movimiento de los Novísimos, pero que no evita que haya poetas fieles a la poesía lírica de siempre. Así pues, tanto el registro del libro como sus moldes de comunicación literaria, se ayudan y nos ofrecen la presencia de un poeta de auténtica sensibilidad, dotado, además, de una fina intuición para el uso de las metáforas (como en el poema “Fruto deseado”, metáfora todo él, así como el poema “Devorando mi cuerpo está una fiera”, con una intención amorosa; también “Cuando redoble el agua / y el viento en el tambor, / pregunta quién llama”), símiles (“Tengo en mi verso lleno de tu ausencia / como de espuma el mar se encuentra lleno, / ausencia en este mar tibio y sereno / donde tengo tu amor y mi querencia”), anáforas (“que he muerto de ti / que he muerto verde”…”un limón con un surco sorprendente, / un inmenso crepúsculo de sombra”, “una boca en sonrisa permanente, / ”una concha de fuego entre las algas”), sinestesias (“Ni luz de inteligencia, / ni altos soplos celestes”, “hundidos sellaremos el silencio”), prosopopeyas (“Noches van sobre mí / tristes de negro”, “Me arremete tu sombra”), que hermosean el texto y lo hacen estrictamente literario escrito en versos con una contextura clásica como desde el soneto, versos heptasílabos, alejandrinos y octosílabos a estrofas más o menos a gusto del poeta, en rimas consonantes y asonantes.

Como dice el profesor Payán Sotomayor, Entre agrios limones emociona por sus connotaciones -el mar, el toro- y, sobre todo, por la exquisitez con que su autor nos convierte en poesía los trasuntos de su mirada poética como un sentimiento de lo que perdura en la estética del lenguaje, con el que el autor nunca se da por satisfecho:” Yo no puedo contigo, / me hieres y me vences; / dime tú, verso amado, ¿quién madura / este fruto agrio y verde?”

En este libro de Macías recuperamos una sensibilidad perdida entre tanto versolibrismo sin ton ni son que va inútilmente de innovador. Una sensibilidad en que palpita lo auténtico, actitud propia de un poeta cuya ambición se reduce a traducir la mirada poética -como dice Saramago y recuerda Payán- a unas palabras que permanecen como testigo de la tradición poética. Veamos en ese poema una muestra de ello.


DE NADA SIRVE LA NOCHE SI NO HAY ALBA

De nada sirve, amor, la noche si no hay alba.
Dos ángeles de sombra evocan un mañana.
Te esperaré en la noche secretamente solo
recostado en las aguas, perdido el primer soplo.

Limpia la frente trago el aire que me ignora,
lanzo mi voz inútil de espera, de mi boca.
Busco el amanecer, huyendo al claro alba,
mi alado cuerpo yerto al fondo de tu alma.

De nada sirve, amor, la noche si no crece,
inútil es buscar ángeles que nos lleven.
Allá en la mar te espero entre algas nocturnas,
sorbiendo todo aromas, agrio limón de luna.


Portada de antología incompleta.jpgEn el año 1997 aparece del mismo autor Antología incompleta, que recoge poemas de Entre agrios limones y otros trabajos inéditos como “El mar al atardecer canta elegías”, “Fryné”, “Memorial de curso”, ”Poemas de profundis” y “Poemario”. Este último apartado lleva amistosas dedicatorias.

La autenticidad de Macías sigue en esta otra entrega con una actitud poética similar tanto en la forma métrica y los temas como en la expresión. Combinación de versos de arte mayor –sonetos incluidos- con versos en arte menor. El desvelo amoroso del poeta también fluye aquí como un río sereno que de vez en cuando descansa en el remanso de la contemplación, la evocación y el autoanálisis de la conciencia, recurso literario de todas las épocas.

Así pues, nos hayamos ante dos publicaciones poéticas de Juan Antonio Macías que dejan constancia de su buen hacer poético dentro de un estilo tradicional, tendencia neorromántica, constancia del dominio de las formas que recoge una poesía que podríamos inscribir, en algunos aspectos, en la llamada “nueva experiencia”, aunque Macías no haya pasado previamente por la lectura de los Novísimos; y es que el poeta no abandona su fidelidad a los maestros que han hecho posible que hoy podamos estudiar Literatura Española.

Entre agrios limones y Antología incompleta, dos libros que dejan el nombre de Juan Antonio Macías en la nómina de los poetas que hacen de la poesía un ejercicio satisfactorio de la poesía y en ningún momento carente de autenticidad.









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