• Berta Guerrero Almagro

    LA FLOR AZUL

    La interacción en Bajarse al moro

    por Berta Guerrero Almagro



LA INTERACCIÓN EN BAJARSE AL MORO. ESTUDIO DEL PRINCIPIO COOPERATIVO DE GRICE EN UN TEXTO LITERARIO



1. Introducción

El objetivo de este estudio es llevar a cabo un comentario pragmático-lingüístico del primer acto1 de la obra teatral Bajarse al moro, de José Luis Alonso de Santos. Para ello, se emplea la edición realizada en 1995 por Fermín Tamayo y Eugenia Popeanga para la editorial Cátedra. Se trata, por tanto, de un discurso escrito que imita las características formales de la lengua oral. Sin embargo, antes de proceder al análisis anunciado, se presenta el contexto de la obra mediante un resumen del argumento y la caracterización de los personajes; ambos aspectos actúan como sustento para conocer con mayor solidez la interacción entre los personajes.


1. 1. Resumen del argumento

Chusa vive con su primo Jaimito y con Alberto -policía- en Madrid. Una noche, Chusa conoce a Elena, la lleva a vivir a su casa y deciden ir juntas a bajarse al moro. De pronto, aparece Alberto avisando de la posible llegada de unos policías que han salido de su comisaría; también llega doña Antonia, madre de Alberto, la cual enseguida marcha al bingo. Elena se muestra nerviosa ante el próximo viaje, pues le confiesa a Chusa que es virgen y que no puede introducirse bolas de hachís con facilidad en zonas íntimas. Chusa decide que han de poner remedio a tal situación, por lo que propone que Elena se acueste con Alberto, pero la llegada de doña Antonia los interrumpe. Esta llora porque el padre de Alberto ha salido de la cárcel.

Al día siguiente, Jaimito invita a Elena al cine, pero ella no accede. Por la noche, Elena y Alberto retoman el encuentro interrumpido mientras los dos primos enfurecen -a Chusa le atrae Alberto y a Jamito, Elena-. En ese momento, aparecen Abel y Nancho, que les exigen heroína. Sacan una navaja y amenazan a los cuatro. Alberto les dice que, si se relajan, les proporcionarán heroína. Ellos se tranquilizan un poco y aparece Jaimito con el uniforme de policía y la pistola, anunciando que están detenidos. La pistola se le dispara y Abel y Nancho salen corriendo. Alberto regaña a Jaimito, coge la pistola y, sin querer, le dispara en el brazo. Alberto, Jaimito y Chusa van al hospital.

En el segundo acto, doña Antonia le cuenta a Elena que ha ido con Alberto a ver a su madre. Chusa ha ido a bajarse al moro sin Elena porque esta, finalmente, no ha querido acompañarla. Doña Antonia habla sobre su marido. Regresan Alberto y Jaimito -este con el brazo en cabestrillo- y el cura -vecino que se ha hecho amigo de ellos- avisa a Alberto de que lo llaman por teléfono; éste responde y recibe la noticia: la policía ha detenido a Chusa con droga. Jaimito va a ver a Chusa, que está en la comisaría de Atocha. Alberto aconseja a Elena que regrese a su casa, él también va a recoger sus cosas y va a marcharse a casa de sus padres. Vuelve Jaimito, que no ha podido ver a Chusa. Pide ayuda a Alberto, pero éste se niega a colaborar con ellos. Elena y Alberto se marchan.

A los dos días sueltan a Chusa porque la denunciaron por mucha menos droga de la que realmente llevaba encima. Vuelven Elena y Alberto para llevarse lo que les falta -se van a casar, ya tienen un piso en Móstoles- y se marchan. Jaimito y Chusa se quedan solos. Ella confiesa que, probablemente, se encuentra embarazada de Alberto.


1.2. Caracterización de los personajes

Los personajes que aparecen en la obra son siete: cuatro hombres -Jaimito, Alberto, Abel y Nancho- y tres mujeres -Chusa, Elena y Doña Antonia-. También, momentáneamente, interviene un cura -que nunca llega a aparecer en escena, pero que participa en algunas ocasiones como una voz en off- y se hace referencia al padre de Alberto (que está encarcelado y sale de la prisión, pero no llega a aparecer en ningún momento). Por otro lado, hay que señalar que la aparición de Abel y Nancho es fugaz: sólo hacen acto de presencia en una ocasión en el primer acto. Seguidamente se presenta la caracterización de los personajes señalados para, a continuación, conocer las relaciones interpersonales existentes entre ellos.

Respecto a Chusa, esta es descrita físicamente como una joven de veinticinco años «gordita, con cara de pan y gafas de aro» (Alonso de Santos2, 1995: 101). Es prima de Jaimito. Vive con él y con Alberto, con el que tiene relaciones sexuales, en Madrid. Es una joven independiente, que vive sin dar explicaciones a nadie (comentarios de Jaimito a ella como «¿Se puede saber dónde has estado?» [A.S., 1995: 101, líneas 14 y 15] o «¿No dijiste que ibas a por papelillo?» [A.S., 1995: 102, línea 2] lo demuestran), confiada (conoce a Elena una noche y al día siguiente la lleva a vivir a su casa, incluso piensa bajarse al moro con ella), compasiva («No tiene casa. ¿Entiendes? […] ¿Dónde va a ir?» [A.S., 1995: 103, líneas 12-14]), directa, con carácter y algo autoritaria (no pide opinión a Jaimito sobre la nueva habitante de la casa, directamente afirma que «se va a quedar a vivir aquí» [A.S., 1995: 103, líneas 2 y 3]). Expresiones como «Te crees que lo radian o qué» (A.S., 1995: 145, línea 4) indican que llega a ser cortante cuando se enfada. El léxico y las expresiones vulgares que emplea manifiestan su pertenencia a una clase social baja («chachi» [A.S., 1995: 105, línea 20], «está de coña» [A.S., 1995: 111, línea 30], «nos ha metido cada rollo» [A.S., 1995: 115, línea 1], «porros […], drogas» [A.S., 1995: 115, líneas 5 y 6], «canuto» [A.S., 1995: 117, línea 17], «siempre se han enrollado bien» [A.S., 1995: 118], «mangando» [A.S., 1995: 118, línea 17], «te cagas» [A.S., 1995: 118, línea 25; 134, línea 13], «plan tranqui» [A.S., 1995: 118, línea 30], «de puta madre» [A.S., 1995: 119, líneas 26 y 27], «culo […], chumi» [A.S., 1995: 120, línea 30], «es un curre» [A.S., 1995: 121, línea 4], «fetén» [A.S., 1995: 126, línea 20], «la bofia» [A.S., 1995: 134, línea 28]). Conoce las modalidades de hachís, incluso sabe prepararlas (A.S., 1995: 121). Es significativo en ella el empleo de pronombres para dirigirse a los demás: «He estado en casa de ésta» (A.S., 1995: 101, línea 17), «¿A que sí, tú?» (A.S., 1995: 101, línea 17), «¡Venga tú!» (A.S., 1995: 105, línea 11), «¡Ay, perdona, tú!» (A.S., 1995: 125, línea 5), «estuvo aquí durmiendo unos cuantos días uno» (A.S., 1995: 125, línea 15), «No sea que ése quite el tapón» (A.S., 1995: 135, línea 8). Unas palabras de la propia Chusa que la definen muy bien: «Echándole morro a la vida, que si no te comen» (A.S., 1995: 123).

En cuanto a Jaimito, hay que indicar que es presentado físicamente como un «muchacho delgaducho de edad indefinida» (A.S., 1995: 100). Fabrica sandalias. Tiene un ojo de cristal. Las expresiones que emplea lo caracterizan como un ser antipático cuando está de mal humor («Eso ya lo he oído, que no soy sordo» [A.S., 1995: 102, línea 8], «¿Tú te has creído que esto es el refugio El Buen Pastor, o qué?» [A.S., 1995: 103, línea 7], «Sí sales mal, sí. Tienes cara de loca» [A.S., 1995: 107, línea 8]), directo y algo cortante («Pues hazte un crucero, tía. ¿Pero tú le has explicado a ésta de qué va el rollo? A ver si se cree que esto es ir de cachondeo con Puente Cultural» [A.S., 1995: 104, líneas 23 y 24]). El uso habitual de tacos, determinadas palabras y expresiones (además de la anteposición del artículo al nombre propio, «la Merche»[A.S., 1995: 141, línea 14]) demuestran su pertenencia a un ámbito vulgar, a una clase social baja («mal rollo» [A.S., 1995: 106, línea 2], «pelas» [A.S., 1995: 106, línea 4], «la goma de la olla no te cierra» [A.S., 1995: 106, línea 8], «tela de rara» [A.S., 1995: 106, línea 24], «una china grande» [A.S., 1995: 107, línea 29], «se largó» [A.S, 1995: 108, línea 18; 142, línea 2], «no nos comemos a nadie» [A.S., 1995: 110, líneas 7 y 8], «¡A ver si te vas a mosquear ahora conmigo, madero...!» [A.S., 1995: 112, línea 15], «gilipolleces», «el prenda», «no te jode» [A.S., 1995: 132, líneas 28-30], «la hostia» [A.S., 1995: 133, línea 13], «me dan bascas3» [A.S., 1995: 141, línea 1], «¡Joder!» [A.S., 1995: 144, línea 13], «chorva»4 [A.S., 1995: 145, línea 29], «caballo»5 [A.S. 1995: 149, línea 8], «follar» [A.S., 1995: 150, línea 26]). Al igual que su prima, se dirige a los demás con pronombres («¿Y ésta quién es?» [A.S., 1995: 102, línea 5], «¿Pero tú le has explicado a ésta de qué va el rollo» [A.S., 1995: 104, líneas 23 y 24], «Rápido, tú» [A.S., 1995: 107, línea 30]). Es humilde y reconoce ser «un ignorante, de verdad. No leo nada... La verdad es que para vender costo y hacer sandalias...» (A.S., 1995: 140, líneas 2-4), lo cual no le preocupa mucho. Por otro lado, hay que señalar algunas expresiones que resultan poco acordes con su carácter, tal es el caso de «bacanal romana» (A.S., 1995: 129, línea 9).

En relación con Alberto, el joven es descrito físicamente como un muchacho de unos veinticinco años, «muy alto, fuerte, moreno, con una pinta que te caes» (1995: 105). Tiene relaciones con Chusa, aunque le va a terminar gustando Elena y se marchará con ella. A pesar de emplear algunos términos y expresiones propias de un registro vulgar («tíos» [A.S., 1995: 107, línea 21; 149 línea 18], «me largo» [A.S., 1995: 108, línea 15], «no me da la gana» [A.S., 1995: 127, línea 13], «tranquis, tíos, entre colegas, ¿no? Nos lo hacemos bien» [A.S., 1995: 149, líneas 18 y 19], «te chutas» [A.S., 1995: 150, línea 25], «estás pirao» [A.S., 1995: 152, línea 16], «joder» [A.S., 1995: 153, línea 27], «me va a costar esto un lío en la jefatura de no te menees» [A.S., 1995: 156, líneas 2 y 3]), en él los vulgarismos son menos abundantes que en Chusa y Jaimito, lo que va unido a la posición social más elevada en la que se sitúa: es policía. Algunas contestaciones a preguntas que le realiza Elena al conocerlo demuestran que no es muy educado («-Elena: ¿Por qué tienes puesto ese uniforme?, -Alberto: Pues porque estoy de guardia, por qué va a ser» [A.S., 1995: 108, líneas 8-12]).

Respecto a Doña Antonia, hay que indicar que es madre de Alberto, «gorda y dicharachera» (A. S., 1995: 108). Critica a los compañeros de piso de Alberto, los califica de «degeneraos» (A.S., 1995: 110). Es una mujer contradictoria, pues, aunque es muy religiosa (muchas de sus expresiones son muestra de ello: «Pruebas que nos manda Dios» [A.S., 1995: 111, línea 8], «¡Ay, Dios mío!» [A.S., 1995: 114, línea 2], «¡Ay, Dios mío, Dios mío!» [A.S., 1995: 136, línea 20], «¡Ay Dios mío, Dios mío qué desgracia tan grande!» [A.S., 1995: 136, líneas 27 y 28], «¡Dios mío, Dios mío!» [A.S., 1995: 137, línea 10], «¡Virgen Santísima!» [A.S., 1995: 154, línea 17], «Pues te ha salvado Dios» [A.S., 1995: 156, línea 11], «¡Ay, Dios, qué hijos estos!» [A.S., 1995: 156, líneas 22 y 23], «¡Ay Señor, Señor!» [A.S., 1995: 156, línea 29]) y asiste, además, a reuniones neocatecumenales donde todos confiesan sus pecados; no puede evitar robar (se indica que en el bolso lleva, en un ocasión, muchos baberos y, en otra, corbatas). Otra muestra de su carácter contradictorio se halla en el acto segundo: doña Antonia, sobre todo desde la salida de su esposo de la cárcel, alaba el progreso y los avances («hace falta que cambiemos todos, como está cambiando el país»), sin embargo, no llega a abandonar cierta ideología reaccionaria («¡Qué vergüenza! A mí esas cosas me dan mucho asco, qué quieres que te diga […]. Y el cine, y la televisión, que te meten una teta en la sopa en cuanto te descuidas […]. Ahora que yo cambio de canal» [A.S., 1995: 164, líneas 14-32]).

En lo que concierne a Elena, respecto a su físico se puede leer que es «guapa, de unos veintiún años» y viste con «buena ropa» (A.S., 1995: 101). Se trata de una joven de clase media algo consentida (expresiones como «es que como quiero viajar...» [A.S., 1995: 104, línea 22] emitidas al hablar de ir a bajarse al moro con Chusa lo demuestran). Tiene buenos modales, es muy educada (a todos saluda estrechando la mano, a lo que responden, excepto doña Antonia, de mala gana; contesta a los saludos con «mucho gusto» [A.S., 1995: 102, línea 20; 108 línea 9] y a los ofrecimientos con «gracias» [A.S., 1995: 138, línea 4]), algo miedosa («a ver si […] nos perdemos o nos pasa algo» [A.S., 1995: 118, líneas 1-3]), aprensiva («a mí me da un poco de cosa con los moros» [A.S., 1995: 118, línea 14], «¿No podíamos ir a alguna [pensión] un poco más cara, que no hubiera pulgas?» [A.S., 1995: 119], líneas 17 y 18), inocente e ingenua (afirma que su madre es virgen y que se quedó embarazada en una piscina, por «un espermatozoide buceador» [A.S., 1995: 125, línea 1]). Se trata de una joven comedida que pretende deshacerse de tal imagen mediante comentarios frecuentes en tal situación, como el rechazo a los estudios («Este año es que no he aparecido por la Facultad. Es un rollo, no aprendes nada. Yo leo y estudio más por mi cuenta. Y con apuntes que me dejan los que van. Luego me examino, y lo voy sacando. Aprendes más. Los profesores no enseñan nada» [A.S., 1995: 139, líneas 11-16]). Llega a ser un poco cursi (pide a Chusa terrones, sacarina y cucharilla para el té [A.S., 1995: 105]) y presumida (se preocupa por su aspecto, no quiere engordar ni hacerse fotos porque cree que no es muy fotogénica). Demuestra, en el fondo, ser obediente y sumisa («Puedo ir a por más ropa si quieres el fin de semana» [A.S., 1995: 115-116, líneas 29 y 1]). Algunas expresiones que emite relacionadas con lo religioso llegan a recordar a doña Antonia («¡Ay, Dios!» [A.S., 1995: 122, línea 26], «¡Ay, Dios mío!» [A.S., 1995: 156, líneas 16 y 17]).

Por último, no se puede dejar de mencionar a Abel y Nancho, personajes que se presentan conjuntamente debido a que Nancho obedece constantemente a Abel sin llegar a emitir palabra alguna. Ambos son descritos físicamente con el «pelo muy corto, buena ropa, y evidentemente de clase social alta» (A.S., 1995: 146, líneas 25-27). Se comportan con violencia, buscan heroína en casa de Chusa, Jaimito y Alberto y, ante la negativa de los primos, sacan una navaja, cogen un barra de hierro y los amenazan. A pesar de su buen aspecto, emplean tacos, términos violentos y vulgares: «No jodas», «se cree que somos gilipollas», «mecagüen su puta madre» (A.S., 1995: 147, líneas 17-20), «le metes un navajazo a ese muerto de hambre de mierda» (A.S., 1995: 147, líneas 25 y 26), «estaban chingando» (A.S., 1995: 148, línea 149, línea 26), «¿Te la quieres tirar?» (A.S., 1995: 149, línea 4; 150 línea 19), «¡Te parto la cabeza!» (A.S., 1995: 149, línea 24). Tras la presentación del argumento y la caracterización de los personajes, se presenta el análisis de la interacción en la obra atendiendo al Principio Cooperativo de Grice.


2. La interacción

2.1. Grice y el Principio Cooperativo

Paul Grice, en “Lógica y conversación” (1991), considera que las producciones lingüísticas del emisor y receptor se relacionan. El filósofo británico define el Principio Cooperativo así: «Haga usted su contribución a la conversación tal y como lo exige, en el estadio en que tenga lugar, el propósito o la dirección del intercambio que usted sostenga» (Grice, 1991: 516). Ello se cumple siempre que se respeten las cuatro categorías de cantidad, cualidad, relación y modo10, que se sintetizan en las máximas presentadas a continuación:

- Cantidad: tiene que ver con la cantidad de información. A ella pertenecen dos máximas: «haga usted que su contribución sea tan informativa como sea necesario» y «no haga usted que su contribución resulte más informativa de lo necesario» (Grice, 1991: 516).

- Cualidad: se relaciona con la verdad de la información. Se concreta en «no diga usted lo que crea que es falso» y «no diga usted aquello de lo que carezca de pruebas» (Grice, 1991: 516).

- Relación: conecta con la relevancia y se sintetiza en una sola máxima, que es «vaya usted al grano» (Grice, 1991: 517).

- Modo: a esta categoría pertenece la supermáxima «sea usted perspicuo», así como las cuatro máximas «evite usted ser oscuro al expresarse», «evite usted ser ambiguo al expresarse», «sea usted escueto (y evite ser innecesariamente prolijo)» y «proceda usted con orden» (Grice, 1991: 517).

En la comunicación cotidiana, estas máximas pueden cumplirse o desobedecerse. En tal caso, resulta interesante señalar que el incumplimiento de las máximas no dificulta la conversación, por lo que la validez del Principio de Grice puede ponerse en entredicho. Mentiras, suspensiones, ironías, hipérboles o metáforas conducen a la violación de las máximas, lo que supone, en palabras de Grice, la aparición de las «implicaturas» (Grice, 1991: 513) o informaciones que no se manifiestan en las palabras pronunciadas.


2.2. El Principio Cooperativo en Bajarse al moro

Tras las aclaraciones aportadas, se presentan ejemplos extraídos de Bajarse al moro en los que puede apreciarse tanto el cumplimiento de las máximas como su violación.

Respecto al cumplimiento de la categoría de cantidad, y, concretamente, a la máxima «haga que su contribución sea tan informativa como sea necesario», se pueden observar muestras en boca de Chusa, Jaimito, Alberto y Elena. Respecto a Chusa, hay que señalar que a la interrogación de su primo relacionada con el lugar en el que ha pasado la noche, ella contesta: «he estado en casa de ésta » (A.S., 1995: 101, línea 17). Asimismo, Chusa da toda la información necesaria cuando, ante las insistentes preguntas de Elena y su deseo por informarse, le explica a esta detalladamente el itinerario que han de seguir para bajarse al moro: «bueno, mira: vamos primero a Algeciras, y para eso cogemos el tren en Atocha […]. Allí cogemos otros autobús y a Chagüe» (A.S., 1995: 116, líneas 24-26). Por su parte, Jaimito también aporta la información necesaria en distintas ocasiones; un ejemplo se puede hallar tras recibir el disparo, momento en el que Chusa le pregunta si se encuentra mejor y él contesta: «estoy bien, sólo un poco mareado» (A.S., 1995: 156, línea 1). Alberto también responde con la información precisa cuando Chusa le pregunta si Elena no le gusta, pues contesta: «no es eso. Es que una virgen es un lío» (A.S., 1995: 127, línea 7). También Elena ofrece muestras de cumplimiento de esta máxima. Cuando Jaimito le pregunta a Elena si el libro que lee es bueno, ella responde: «es de Umberto Eco. Está muy bien. Es un ensayo sobre nuestra civilización actual. La crítica literaria, el consumo..., esas cosas» (A.S., 1995: 139, líneas 5-7).

Sin embargo, también se produce el incumplimiento de esta máxima por parte de los cuatro personajes principales. Muestras de ello son intervenciones como las siguientes: «tampoco creas tú que mi padre era..., para ese padre casi mejor ser hija del Ayuntamiento como tú» (Chusa, A.S., 1995: 125, líneas 11-13), «como vi que ibas tú a..., pues yo...» (Jaimito, A.S., 1995: 153, línea 8), «yo me largo de todas formas, no sea que...» (Alberto, A.S., 1995: 108, líneas 15 y 16), «¿y de cuántos gramos es cada bola? Yo no sé si...» (Elena, A.S., 1995: 122, líneas 21 y 22). En todos los casos señalados, los personajes no emiten la información necesaria, aunque esta pueda inferirse gracias a la situación.

En cuanto a la otra máxima relacionada con la categoría de cantidad, «no haga usted que su contribución resulte más informativa de lo necesario», también se pueden aportar ejemplos tanto de su cumplimiento como de su violación. Chusa cumple esta máxima al mostrarle a Elena la casa -«mira, ese es el baño, ahí está el colchón» (A.S., 1995: 102, línea 26)-, al confesar aspectos íntimos -«yo tampoco tengo padre. Es mejor» (A.S., 1995: 106, línea 16)- y al dar instrucciones -«no hay nada que explicar. Vamos, llegamos, lo compramos y volvemos» (A.S., 1995: 116, líneas 11 y 12)-; también Elena aporta la información justa cuando Jaimito le pregunta si no tiene padre, a lo que ella contesta: «no, padre no tengo» (A.S., 1995: 107, línea 15), sin especificar ni aportar detalles. Sin embargo, la concisión de los personajes también resulta alterada en distintas ocasiones. Chusa aporta anécdotas y ofrece suposiciones al planear con Elena el viaje a Marruecos: «conmigo se han enrollado bien, pero hay que tener mucho cuidado. A un amigo mío en Marruecos le pillaron mangando una manzana y le querían cortar la mano. Es la pena para los ladrones» (A.S., 1995: 118, líneas 15-19), «y luego como lo veamos. O nos vamos a comprarlo directamente, o si nos apetece nos vamos antes a dar una vuelta por Fez o Marraquech, a ver a los encantadores de serpientes por la calle, que están tocando la flauta, ahí, y salen del cesto...» (A.S., 1995: 119, líneas 1-6). Jaimito también amplía algunas intervenciones. Cuando Elena le pregunta si él no estudia, Jaimito contesta: «¿Yo? Yo no. Yo soy un ignorante, de verdad. No leo nada... La verdad es que para vender costo y hacer sandalias... A mí lo que me gusta mucho es el cine» (A.S., 1995: 140, líneas 2-5). El mismo personaje desea ir al cine con Elena e intenta explicarle el motivo por el que la invita, pero termina hablándole de una chica con la que tuvo una relación: «no sé, me apetece […]. Hay momento en que una persona me gusta, ¿no?, y entonces, pues al cine. Una vez me enrollé yo con una chica, una vecina mía, cuando vivía en el Puento de Vallecas, antes de venirme aquí a Lavapiés. Trabajaba ella en Simago...» (A.S., 1995: 140- 142). Elena viola también esta máxima. Jaimito le pregunta si ha estudiado y ella contesta: «Sí. Ciencias de la Educación, lo que antes era Filosofía y Letras. Sólo he hecho hasta tercero. Bueno, tengo alguna de segundo. Este año es que no he aparecido por la Facultad...» (A.S., 1995: 139, líneas 9-16).

En relación con la categoría de cualidad, la máxima «no diga usted lo que crea que es falso» es cumplida por todos los personajes. Chusa interviene con veracidad al hablar de su primo -«éste es Jaimito, mi primo. Tiene un ojo de cristal y hace sandalias» (A.S., 1995: 101, líneas 10 y 11)-, Jaimito actúa de modo similar al referirse a Alberto -«qué suerte tiene el tío para todo. Y encima se queda» (A.S., 1995: 135, líneas 22 y 23)-, este se comporta igualmente al apuntar el peligro de las armas -«una pistola es muy peligrosa, las carga el diablo» (A.S., 1995: 153, líneas 19 y 20)- y Elena se comporta con sinceridad al solicitar colaboración en distintos momentos -«yo de eso no sé; es mejor que te ocupes tú» (A.S., 1995: 122, líneas 3 y 4), «tú me tienes que ayudar, porque si no, no sé» (A.S., 1995: 123, líneas 3 y 4)-.

No obstante, se incumple también esta máxima mediante intervenciones falsas. Doña Antonia pregunta a Chusa si su hijo está en casa y ella miente: «no..., me parece que no ha venido. ¿Ha venido?» (A.S., 1995: 136, líneas 22 y 23). Por su parte, Jaimito miente a Abel y Nancho al decirles que les van a dar una droga que, finalmente, no aparecerá: «es que tenemos poco, y no os conocíamos. Luego, si os ponéis así, a lo bestia... Dáselo, Alberto» (A.S., 1995: 150, líneas 14-16); también Alberto continúa la farsa de Jaimito: «Está ahí dentro. Un momento, que lo saco» (A.S., 1995: 151, líneas 1 y 2)-.

En cuanto a la segunda máxima incluida en la categoría de cualidad, «no diga usted aquello de lo que carezca de pruebas», se percibe el cumplimiento de esta por parte de Chusa -«la verdad, no te pareces en nada» dice al ver la foto de Elena en el periódico (A.S., 1995: 107, línea 5)-, de Jaimito -«le pone la madre anuncios para que vuelva. Enséñales la foto, anda» (A.S., 1995: 111, líneas 19 y 20)- y de Alberto -«¡la policía! […] ¡Han salido de mi comisaría a hacer un registro, no vaya a ser aquí, que venían para esta zona!» (A.S., 1995: 107, líneas 21-25)-. La violación de esta máxima halla su representación en boca de Doña Antonia, que interroga así al grupo de amigos: «¿y por qué no abríais, eh, degeneraos? Seguro que os estabais drogando bien a gusto, ahí, con las jeringuillas» (A.S., 1995: 110, líneas 9-11).

En cuanto a la categoría de relación, el cumplimiento de esta se percibe, especialmente, en la tendencia de Chusa a expresarse de modo conciso, directo y sintético. Distintos son los ejemplos que se pueden aportar: «pues a mí me encanta, chica. Con esa ropa, con cualquier ropa y sin ropa» (A.S., 1995: 115, líneas 21 y 22), «mira, hay un solo problema, qué quieres que te diga: si nos cogen» (A.S., 1995: 123, líneas 10 y 11), «Eso hay que arreglarlo enseguida. Se lo decimos esta noche a Alberto y ya está» (A.S., 1995: 124, líneas 5 y 6), «que no, señora. Que no es eso. Es que su hijo le ha pegado un tiro» (A.S., 1995: 154, líneas 19 y 20). Asimismo, Jaimito y Elena ofrecen muestras tanto de cumplimiento de esta máxima -«que quién es, de qué va, de qué la conoces» (Jaimito, A.S., 1995: 102, línea 11)-, «Chusa, soy Virgen» (Elena, A.S. 1995: 123, línea 25)-, como de violación-«sí que es una lata eso de ser virgen. Yo que tú, en la primera ocasión que se me presentara... Estamos solos» (Jaimito, A.S., 1995: 138, líneas 26-28), «ha sido sin querer, de verdad. Yo no quería, bueno, quiero decir que sí que quería, pero es que los tíos son... Se lo dices y empiezan que si tal, que si cual. No se atreven. Ya sabes cómo son de cortados para todo. Se aprovechan de ti y luego nada» (Elena, A.S., 1995: 123-124, líneas 33-36). Otro ejemplo de respeto de esta categoría se puede hallar en boca de Abel -«nos han dicho que vosotros a lo mejor teníais algo para vendernos» (A.S., 1995: 147, líneas 4 y 5)-, y de incumplimiento, en la de Doña Antonia -su hijo Alberto le pregunta: «madre, ¿qué pasa?» y ella responde: «¡ay, qué disgusto, hijo mío de mil alma! ¡Dios mío, Dios mío!» (A.S., 1995: 137, líneas 8-10)-.

Por último, se alude a la categoría de modo. Muestras del cumplimiento de la máxima «evite usted ser oscuro al expresarse» se pueden encontrar en las intervenciones de Chusa -«te tienes que procurar meter por lo menos cien gramos en la vagina, y otros cien o doscientos en el culo»-; de «evite usted ser ambiguo al expresarse», en las de Jaimito -«es que yo quiero ir contigo» (A.S., 1995: 140, línea 31)- y Elena -«no quiero molestar. Si no queréis, no me quedo y me voy»-; de «sea usted escueto (y evite ser innecesariamente prolijo)», en las de Chusa -Jaimito le pregunta: «¿y ésta quién es?». Chusa le contesta: «es Elena» (A.S., 1995: 102, líneas 5-7)- o Elena -«voy a devolver» (A.S., 1995: 152, línea 27)-, y de la máxima «proceda usted con orden» se pueden percibir ejemplos por parte de Chusa -«vamos, llegamos, lo compramos y volvemos» (A.S., 1995: 116, líneas 11 y 12)-.


3. Palabras finales

El estudio de la interacción en un texto literario atendiendo al Principio Cooperativo de Grice ofrece una perspectiva de trabajo amplia que permite contemplar aspectos variados, y aún más si el texto empleado para el análisis es uno tan próximo a la lengua oral como Bajarse al moro. Mediante el comentario elaborado, es posible constatar tanto el cumplimiento como la violación de las distintas máximas que presenta Grice en relación con las categorías de cantidad, cualidad, relación y modo; respetos e incumplimientos que aportan vivacidad al texto de Alonso de Santos y que configuran un campo de trabajo interesante para el estudioso.





Notas
1 Se ha optado por este acto debido al mayor número de intervenciones de los personajes, pues en el segundo acto aparecen intervenciones más largas de cada personaje y relaciones truncadas (como la amistad que existe entre Chusa y Elena o entre Alberto y Elena).
2 En adelante, A.S.
3 Según el DRAE, 'Arrechucho o ímpetu colérico o muy precipitado en una acción o asunto'.
4 En el DRAE aparece escrito chorba y significa 'Persona cuyo nombre y condición se ignoran o no se quieren decir' o 'Novia de una persona'.
5 Término coloquial que significa 'heroína', según el DRAE.


Referencias bibliográficas
ALONSO DE SANTOS, José Luis (1995): Bajarse al moro, Madrid: Cátedra.
GRICE, Paul (1991): “Lógica y conversación”, en AAVV (1991): La búsqueda del significado: lecturas de filosofía del lenguaje, editado por Luis Ml. Valdés de Villanueva, Murcia: Universidad, Madrid: Tecnos.
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (2001): Diccionario de la lengua española, Madrid: Espasa Calpe.

Ver Curriculum
Curriculum





volver      |      arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS    |    CULTURALIA    |    CITAS CÉLEBRES    |    plumas selectas


Islabahia.com
Enviar E-mail  |  Aviso legal  |  Privacidad  | Condiciones del servicio