• Dean Simpson

    Impresiones

    El amor en La Celestina

    por Dean Simpson (Boston)



Los dos protagonistas de La Celestina son Melibea y Calisto. Calisto, de un flechazo repentino, se enamora de Melibea, y aunque el joven intenta seducirla recurriendo a sus propias capacidades cortesanas, se enmaraña en una palabrería poca efectiva, y tiene que buscar la ayuda de una trotaconventos para conquistar el corazón de Melibea. Calisto es el objeto de burla de los personajes secundarios que le rodean, y se ríen de él y de su amor. Parece que el interés que tiene Calisto en Melibea consiste más en el sexo que en el amor. Melibea y Calisto se juntan físicamente varias veces, y una noche cuando Calisto intenta ayudar a sus criados, se cae y muere, y Melibea se suicida, diciendo que no puede vivir sin él.

El amor de Melibea y de Calisto nace bruscamente de un flechazo y dura hasta que mueren, un período de tiempo bastante corto; sin embargo, el amor de éstos arde con un ímpetu insuperable que empaña la clarividencia de ambos. Melibea, aunque su amor no empieza con el mismo arranque que el de Calisto, se incremente durante la obra, y va dominándola hasta que ella suelta las riendas y se somete a la autoridad innegable de su vicio.

Calisto la corteja como un amante, tropieza con sus tentativas, y se enamora. Sus descripciones de Melibea son físicas y no aluden a sus rasgos intelectuales ni espirituales. Por una parte se puede considerar a Calisto la antítesis del amante cortesano prototípico. No acierta por varias razones: sus palabras hacen que Melibea le rechace, no se fía de su propia capacidad de alcanzar a Melibea y tiene que solicitar la asistencia de una tercera, no es cortés con la gente, no es humilde, y no es honrado. Irónicamente, la única vez en que actúa con algún sentido de honra es cuando intenta ayudar a sus criados y cae muerto de la tapia. Parece también que los pensamientos de Calisto andan un poco desviados de las intenciones de un cortesano. Ilusorio sería pensar que él guardara la idea de un amor mixto, y mucho menos un amor puro; más bien lo llamaría yo un amor bajo-sensual que lleva antifaz de amor.

El joven enamorado no tiene la experiencia ni los conocimientos que le hacen falta para conseguir el amor de Melibea, y como un novicio sigue los consejos de los que lo quieren engañar. Es bastante egoísta y se cree muy importante, pero la verdad es que tiene un sentido falso de autoridad. Sus criados acuden a su llamada, pero a espaldas de él lo ridiculizan. Parece que todo el mundo, menos Melibea, quiere sacar provecho de algo o de alguien. Con los criados y con la Celestina está claro, e incluso Calisto persigue lo suyo, la posesión de Melibea. La mezquindad de cada uno parece alimentar la de cada uno.

Calisto tiene conocimientos del amor cortés pero no sabe adaptar los procedimientos necesarios a su favor. Procura dar la impresión de que los sabe practicar, por ejemplo cuando habla con la Celestina y con sus criados, pero no atina con la precisión que le falta para parecer auténtico. La anhelada impresión que él se empeña en mostrar termina en la afectación que caracteriza sus tentativas cortesanas. Por una parte, su ineptitud hace que parezca estar ridiculizando la conducta del amor cortés.

Desde la primera vez que la ve, Calisto anda como atontado alabando los dotes físicas de Melibea. Dice, “En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios.” Aquí él se percata de su gran belleza cuando busca su pájaro, lo cual alude a sus rasgos físicos, y no a una referencia más honda, como al alma. En realidad, Calisto evita enteramente cumplidos sobre el carácter, el espíritu, y sobre todo lo que no se refiera al cuerpo de Melibea. Él la desea; está claro, pero me pregunto si él la respeta. Comprobando lo que hemos visto del acatamiento que Amadís tiene a Oriana, y lo que son los pretextos de Calisto para cortejar a Melibea, parece cierto que el respeto no entra en el caso de Calisto, por lo menos no al principio. Puede que haya algún rasgo al final cuando él se muestra un poco honrado e intenta ayudar a sus criados, pero es discutible.

Melibea personifica el espíritu de La Celestina. Si hay un personaje que sabe amar en el libro, es ella. Lo que ella siente por Calisto no estalla repentinamente de un flechazo. Es un amor arraigado, que crece a través de la obra, que se alimenta con el tiempo y con los episodios con Calisto, que ve su fin cuando la muerte de Calisto arranca las raíces de lo profundo de su alma. Melibea está dispuesta a arriesgarse por un amor que en los ojos de la sociedad no tiene fundamento, porque sus sentimientos ven al otro lado del todo para dominar la voluntad de su vida y de su muerte. Está atolondradamente enamorada en el sentido absoluto de la palabra. Desde la primera página del libro el lector sabe, y lo sabe también Melibea, que el amor entre ellos es ilícito; no obstante, resiste, y crece. El amor de Melibea es un amor humano, con todas las esperanzas y fatalidades que lo encarnan, y como un ser humano queda siempre la posibilidad de la equivocación. Tanto si ella ha elegido bien como si no, lo que queda claro es que Melibea vive de acuerdo con su naturaleza, y no de acuerdo con un sistema de reglas que dirige cómo se debe amar a otro.

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