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    COLABORACIONES

    EL OSCURANTISMO

    por Antonio Ramos Maldonado



En el análisis del método transcendental el oscurantismo se relaciona con la muerte, sin ser la muerte física. Algunos expertos en estas lides, concuerdan al referirse a esta clase de muerte, que se trata a la inmovilidad de la sustancia, la quietud total, como si se alejara, se alejara. Otros dicen: “Los elementos están bajo tierra, pues no pueden observar los hechos acaecidos en la sustancia en esta época.” Nadie lo sabe. Todo se halla en otro plano.

Los observadores del drama se muestran intranquilos, les preocupa el hecho de no ver ninguna actividad. Algunos dicen: “¿Será así en adelante, en el resto del tiempo? ¿Nos quedaremos ciegos para siempre? ¿Dónde está el motivo de la ceguera? No tiene ninguna importancia vivir sin el sentido de la visión en este lugar; se puede ser ciego en el plano físico, se acepta esta anomalía en ese mundo; en cambio, aquí, ser ciego, es igual a no existir. La gracia está en observar los hechos, cada acción. Aquí nos quedaremos como el Atalaya, esperando la quema de la ciudad blanca. Tal vez regrese la luz a nuestros ojos después de la tragedia; siempre ha sido así; menos la última vez, cuando fue imposible sostener la arremetida de los espíritus que salen del agua. Nunca habíamos experimentado esto, el abandono absoluto, como si se hubieran cerrado para nosotros las puertas de la ciudad; nos sentimos por fuera.

No obstante lo anterior, estas circunstancias tienen sus ventajas, que radican en la ausencia total de los entes dañinos, no hay fieras contra las cuales debemos luchar precisamente en los tiempos contrarios a los actuales. Todo esto, lo paradójico del asunto nos conduce a un estado de ánimo semejante al de los contadores; nada bueno, por cierto; si la actuación de éstos marca los límites entre los bienes y los males. Lo mejor en este caso es continuar adelante, no importa si llevamos las manos vacías, alimentándonos de lo poco que encontremos en el camino. No probamos la miel, tampoco alimento con sal; llevamos bastante tiempo sin probar la sal. Sin embargo, estamos mejor así (rectificando nuestra posición anterior) que cuando entramos en combate; en todo combate se muere; quien diga que no muere en combate, miente.

Otra prerrogativa de probar la sal lo representa el hecho de no llevar carga, no se experimenta ningún peso sobre nuestros hombros, lo cual es muy satisfactorio, si bien no debemos responder por nada, no hay quien nos exija buenos resultados ni nos manden a la cárcel por incumplir, esto en el mejor de los casos; en el otro caso nos pueden condenar a muerte si nos encuentran responsable por la pérdida de la carga.

Durante este tiempo del oscurantismo no trabajamos. Otro privilegio de suma trascendencia lo constituye el hecho de experimentarse una libertad total, donde la vida se expresa sin la participación de los elementos, o quizá se trata de la vida pura donde los elementos son inofensivos, tan inofensivos que ni se los percibe. Frente a esta novedad nos preguntamos ¿qué se hizo la comprometedora sustancia sensible universalmente admitida?, ¿qué se hizo la indescifrable sustancia sensible no admitida universalmente? ¿Será éste el tiempo esperado por nosotros con tantas ansias?, ¿será que no hemos caminado en balde? ¡Hemos caminado tanto…, toda la vida!

También pensamos: ¿Se deberá todo, esta calma, a la forma tan magistral como se le dio muerte al enemigo?, ¿se deberá todo esto a la técnica limpia con que se utilizó el arma? No hubo saqueos, de eso damos fe; ni una sola moneda de oro ni de plata ni de bronce se vio caer ni rodar durante la lucha. Llegamos y vencimos, así de simple, así ha de ser siempre, si es menester.

Íbamos conversando sobre estas cosas, caminando a tientas, a ciegas, por esta ruta recorrida por nosotros en varias ocasiones, cuando percibimos la presencia de un grupo de ancianos que bajaban la colina. Buscando aclarar las cosas, los pusimos al tanto sobre los últimos acontecimientos, y uno de ellos, su líder, nos respondió de esta manera: “No se forjen ilusiones; todavía les falta mucho camino por recorrer. El enemigo utiliza toda clase de argucias; de seguro los está esperando más adelante. Lo de la aparente calma no es otra cosa que una forma de distraerlos, de que se tomen confianza, y así caerles por sorpresa, cuando menos esperen. En cualquier instante pueden aparecer las señales de humo. Cuando subíamos esta montaña hacia Grecia, la ciudad blanca, nos ocurrió lo mismo que a ustedes, nos confiamos, y el enemigo casi nos hace caer en su trampa. En este camino hay muchas fieras ocultas, principalmente bestiarios, que en ocasiones se disfrazan de corderos.”







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