• Berta Guerrero Almagro

    LA FLOR AZUL

    José Antonio Ramos Sucre

    por Berta Guerrero Almagro


1. Introducción

El objetivo de este estudio es conocer la vinculación existente entre Ovidio (43 a. C.-17 d. C.) (1) y un poeta perteneciente al continente americano y existente muchos siglos después: el venezolano José Antonio Ramos Sucre (1890-1930). Nos parece este un motivo de estudio sumamente interesante, pues nos permite llevar a cabo una investigación en dos direcciones: por un lado, conocer la obra de Ramos Sucre de la mano de un gran clásico de la literatura como Ovidio y, por otro, revisar una importante obra como es las "Metamorfosis" de Ovidio desde la perspectiva de Ramos Sucre.

No obstante, debido a que las referencias ovidianas que hallamos en los poemas en prosa de Ramos Sucre son tan abundantes, hemos optado por delimitar nuestro trabajo a unas figuras concretas: los personajes femeninos y, especialmente, los del Libro V de las "Metamorfosis". Pasamos a centrarnos en el análisis de los poemas en prosa de Ramos Sucre que poseen referencias a personajes femeninos del poema ovidiano del Libro V, los cuales son: las Musas, Ceres y Proserpina. Nos vamos a ocupar, por tanto, de creaciones de Ramos Sucre donde la inclusión de las citadas féminas ovidianas se encuentran de modo manifiesto.

2.1. Musas

Las primeras figuras femeninas a las que nos vamos a referir son las Musas. Englobadas bajo tal denominación colectiva, las nueves féminas, habitantes del Helicón, aparecen reflejadas en los poemas del autor venezolano.

En el Libro V de las "Metamorfosis", Ovidio nos hace partícipes de la llegada de Palas al monte Helicón para contemplar la fuente Hipocrene, nacida gracias a la pezuña de Pegaso. Allí, las Musas le relatan el acoso sufrido por Pireneo y su suicidio. Tras ello, hacen acto de presencia unas urracas que, como señalan las Musas, esconden la identidad de las Piérides -otras nueve jóvenes mortales que, creyéndose superiores a las divinidades, retaron a las Musas a una competición de canto- y, la llegada de estas incita a las Musas a relatar el certamen: menciona el canto realizado por una de las Piérides sobre la Gigantomaquia y Tifoeo y, tras ella, la musa Calíope canta un himno a Ceres y «un extenso relato que tiene como hilo conductor el rapto de Proserpina» (Álvarez e Iglesias, “Introducción”, 2013: 30), de los que nos ocuparemos en los próximos puntos. Tras el relato de Calíope -que también incluye la conversión de Acálafo en búho; la de las sirenas, en aves; la de Aretusa, en corriente de agua dulce, y al de Linco, en lince-, las ninfas otorgan la victoria a las Musas y estas últimas metamorfosean a las Piérides en urracas por no aceptar el resultado. Estos son, sucintamente, los principales acontecimientos que hallamos en el Libro V relacionados con las Musas.

Ramos Sucre utiliza la figura de las Mnemónides -llamadas también así por ser hijas de Mnemósine- en diversos poemas. Por ejemplo, el santuario de las Musas, situado, como ya hemos especificado, en el monte Helicón, lo hallamos en “El retórico” (R.S., 1989: 287). Dicho santuario es el lugar en el que se refugia el sujeto poético para morir de hambre ante las injusticias y envidias del mundo. Con este ejemplo, pues, comprobamos que, cuando la lírica se encarga de llevar a cabo reelaboraciones, la atención recae muchas veces en un simple motivo, una pequeña anécdota e incluso en un aspecto intrascendente. Se perciben detalles o aspectos concretos desde una perspectiva nueva con el fin de ofrecer un enfoque distinto, y esto es precisamente lo que observamos en los poemas de Ramos Sucre. Otro poema en el que encontramos la figura de las Musas es “Los elementos” (R.S., 1989: 179), donde estas ya no aparecen como mera referencia, sino que poseen un papel activo en el poema. Ramos Sucre se apropia de estos seres mitológicos, a los que insufla vida e incluye en su creación.

La presencia, por tanto, de la figura de las Musas resulta evidente en las creaciones de Ramos Sucre, y así lo demuestran los sucintos comentarios que hemos realizado sobre dos ejemplos concretos extraídos de su obra poética.

2.2. Ceres

Ceres, siguiendo a William Hansen (2) en Los mitos clásicos (2011: 215) , es «diosa de los cereales y la agricultura», hija de Saturno y Opis (3). En relación con esta figura, nos parece interesante hacer referencia al himno dirigido a Ceres y emitido por la Musa que está relatando la competición mantenida contra las Piérides, el cual comienza así:

“Ceres la primera removió los terrones con el curvo
arado, la primera ofreció granos y suaves alimentos a
las tierras, la primera promulgó leyes. Todas las cosas
son don de Ceres. A ella voy yo a cantar; ¡ojalá por lo
menos pudiera cantar versos dignos de la diosa!...”
(Ovidio, 2013: 366, V 341-345).

Se percibe en él la admiración y el respeto a la diosa protectora de la agricultura, madre de Proserpina, de la que seguidamente nos ocuparemos. Al desaparecer su hija, la diosa la buscó incesantemente, aunque en vano. Fatigada -y tras convertir a Ascálabo, un niño que tacha de glotona a la diosa, en salamanquesa-, regresa a Sicania, donde descubre, mediante señales de Cíane, el cinturón de su hija y se percata de que ha sido raptada. Conmovida por la desgracia, la diosa de la fertilidad corrompe las semillas y provoca la muerte de todas las plantaciones:

...lanza reproches a todas las tierras y las llama
desagradecidas e indignas del don de las cosechas, antes
que las demás a Trinacria, en la que ha encontrado las
huellas de la pérdida. Por esto, allí con cruel mano
rompió los arados que remueven los terrones y, encolerizada
entregó a una muerte igual a los colonos y a
los bueyes que trabajan el campo y ordenó que los
labrantíos hicieran inútil lo sembrado y corrompió las
semillas. La fertilidad de esa tierra, divulgada por el ancho
mundo, no tiene vigor y es falsa: las mieses mueren
al brotar las primeras hierbas, y unas veces se
adueña de ellas un excesivo sol, otras veces una excesiva
lluvia, y las dañan los astros y los vientos, y los insaciables
pájaros cogen las semillas arrojadas; la cizaña
y los abrojos y la grama contra la que no se puede luchar
agotan las mieses de trigo (Ovidio, 2013: 372, V 475-487)

La alegría, jovialidad, propagación de la vida y perpetuidad que propaga Ceres con el trigo -y, por extensión, como se denomina en distintas secciones de las "Metamorfosis", con el alimento-, desaparece con la pérdida de su hija, aunque retornará cuando Júpiter acuerde el reparto de la joven entre su madre y su esposo -la mitad del año con cada uno, lo que da origen a las estaciones-. Cuando Proserpina está junto a Ceres, la diosa se alegra y puebla la tierra de color y frutos.

Respecto a los poemas de Ramos Sucre, debemos mencionar que aparecen en ellos menciones a la situación presentada en relación con el florecimiento de los cultivos y la recogida de alimento. Es el caso de la composición “Las fuentes del Nilo” (R.S., 1989: 144), donde leemos: «La greguería simulaba el regocijo de la vendimia, el bullicio de una fiesta de Ceres». La algarabía, indicio de vida, se vincula, al mismo tiempo, con el alimento, sustancia imprescindible para la supervivencia. El poeta cumanés expresa esta idea mediante la inclusión de la diosa que hace revivir la tierra y proporciona alimento durante su periodo anual de felicidad.

2.3. Proserpina

El rapto de la joven hija de Ceres nos lo comunica, como ya hemos mencionado, la Musa que conversa con Palas. La primavera es eterna mientras la muchacha se halla sobre la superficie terrestre (Ovidio, 2013: 368, V 391); pero, cuando Dite quede prendado de ella y la rapte, la tierra se entristecerá y enfurecerá junto a Ceres, y la primavera no retornará hasta que la joven -que reina durante la mitad del año junto a su esposo, Dite, en el mundo infernal- no regrese junto a su madre.

Respecto al retorno de Proserpina, Jupíter pone como condición que, para que la joven pueda salir del Averno, ella no debe haber probado alimento alguno perteneciente a tal espacio. Sin embargo, la muchacha ha exprimido en su boca siete granos de granada, un hecho que sólo conoce Ascálafo y que será revelado por él. Iracunda, Ceres metamorfoseará a Ascálafo en «el perezoso búho, siniestro presagio para los mortales» (Ovidio, 2013: 375, V 550).

En cuanto a los poemas de Ramos Sucre, podemos indicar que también encontramos en ellos la huella de la hermosa Proserpina. En “El superviviente” (R.S., 1989: 161), poema del que analizamos un fragmento seguidamente, se nos sitúa en el mundo sin luz:


EL SUPERVIVIENTE

El río funeral principia en una ciénaga del infierno, donde gimen las sombras errátiles. Describe circuitos lánguidos antes de salir a la faz de la tierra. Su linfa discurre por una vía de sauces tenues y los inunda. Ovidio no transita, durante su confinamiento, una ribera más infeliz.

Yo venía siguiendo los pasos de la sibila de castidad incólume. Escondía su rostro en el velo mágico donde Proserpina dibuja, siglos antes, las formas de los seres. Yo portaba en la diestra una flor mitológica y la ofrecía en secreto al signo presente del zodiaco.

La sibila se perdió en la gruta del río, subiendo el curso lóbrego. Se hurtaba a la vista de la humanidad nueva, sustraída, mil años, al dictamen del Olimpo resplandeciente.

La aparición del río Aqueronte (4) nos hace introducirnos, con el sujeto poético, en el Averno, donde las almas condenadas se dirigen, lastimeras, hacia su destino. Su ribera, plagada de sauces, árboles llorosos y apesadumbrados, es la más desdichada que se pueda transitar. Es interesante mencionar que aparece nombrado el poeta romano, lo que nos hace conectar, desde el inicio, el espacio mortuorio con el reino de Dite, que tantas veces menciona Ovidio en sus "Metamorfosis".

El sujeto se aproxima a tal espacio siguiendo a una sabia y casta mujer, una sibila que oculta su rostro tras un velo de cualidades mágicas. El sujeto poético, que marcha tras ella, no logra alcanzarla y la muchacha desaparece por el río, adentrándose en el reino infernal.

En relación con la mención de Proserpina en el poema, debemos mencionar que la sibila perseguida por el protagonista puede ser vinculada con la joven hija de Ceres. Al igual ella, la mujer del poema se adentra en el ámbito de la oscuridad dejando atrás las flores que pueblan la tierra. No obstante, debemos apuntar una distinción existente entre ambas: Proserpina es raptada por Dite y, la muchacha del poema de Ramos Sucre se entrega por sí misma -en apariencia voluntariamente- a tal escenario.

Para finalizar con la presencia de esta fémina en los poemas del escritor cumanés, podemos decir que también aparece mencionado el rapto de Proserpina en el poema titulado “Ancestral” (R.S., 1989: 306). Se trata, pues, de evocaciones concretas y momentáneas de los personajes ovidianos; detalles transtextuales -o más concretamente, hipotextuales (5)- que enriquecen los poemas de Ramos Sucre.

Para finalizar, señalamos que son numerosos los mitos ovidianos que han sido recreados por distintos autores a lo largo de la historia de la cultura y del arte. La música, la escultura, la pintura, la literatura... los ámbitos que se han hecho eco de las "Metamorfosis" son tremendamente variados y sus recreaciones sobre distintos episodios del poema ovidiano, muy elevadas. En este caso, nos hemos adentrado en el mundo literario y, concretamente, en la poesía de Ramos Sucre, a partir del Libro V de las "Metamorfosis", dejando patente la influencia de los personajes ovidianos en las creaciones del autor cumanés.



Notas:
1) Publio Ovidio Nasón nació -como él mismo confiesa- en Sulmona, Roma, en el año 43 a.C. Respecto a las "Metamorfosis", hemos de indicar que comenzó a escribir dicha obra en el 2 d.C. y las dejó inacabadas en el 8 d. C., pues marchó al exilio en el 9 d. C. No se sabe con certeza cuándo fueron publicadas, pero se difundieron inmediatamente gracias al biblotecario de Augusto: Higino. Las "Metamorfosis" constituyen un poema épico formado por once mil novecientos noventa y cinco hexámetros distribuidos en quince libros en los que aparecen mitos y leyendas desde la creación del mundo hasta la época del autor. Es interesante señalar, además, que su título significa 'cambios de forma' y que eso es, precisamente, lo que conocemos durante la lectura de esta grandiosa obra.

2) HANSEN, William (2011): Historia de los mitos clásicos. Una guía del mundo mítico de Grecia y Roma, traducción de Efrén del Valle, Barcelona: Crítica.

3) Leemos en el Libro IX de las "Metamorfosis": «Saturno se casó con Opis unida a él por la sangre» (Ovidio, 2013: 536).

4) Consideramos que se trata de tal río debido a su calificativo de «funeral» y a su discurrir por el infierno. Natale Conte, en su obra Mitología (2006: 165), se refiere a él de este modo: «antes de llegar al vestíbulo del palacio de Plutón, donde una puerta de hierro reforzada con segurísimos cerrojos y llaves recibe a los que se acercan, está el primero el río Aqueronte».

5) Gérard Genette, en Palimpsestos (1989: 10), distingue cinco tipos de transtextualidad -trascendencia textual del texto-: intertextualidad -«presencia efectiva de un texto en otro» (1989: 10), como las citas y alusiones-, paratexto -«relación [...] que en el todo formado por una obra literaria, el texto propiamente dicho mantiene con lo que sólo podemos nombrar como su paratexto: título, subtítulo, intertítulo....» (1989: 11)-, metatextualidad -«relación […] que une un texto a otro texto que habla de él sin citarlo (convocarlo), e incluso […] sin nombrarlo» (1989: 13)-, hipertextualidad -«relación que une un texto B (que llamaré hipertexto) a un texto anterior A (al que llamaré hipotexto)»- y architextualidad -«se trata de una relación completamente muda que, como máximo, articula una mención paratextual (títulos […] o, más generalmente, subtítulos: la indicación Novela, Relato, Poemas, etc., que acompaña al título en la cubierta del libro)» (1989: 13)-.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ÁLVAREZ, Consuelo y Rosa María Iglesias (2013): “Introducción”, en OVIDIO NASÓN, Publio (2013): Metamorfosis, edición de Consuelo Álvarez y Rosa Mª Iglesias, Madrid: Cátedra.
CONTI, Natale (2006): Mitología, traducción, introducción, notas e índices de Rosa Mª Iglesias Montiel y Mª Consuelo Álvarez Morán, Murcia: Universidad de Murcia, Servicio de Publicaciones.
HANSEN, William (2011): Historia de los mitos clásicos. Una guía del mundo mítico de Grecia y Roma, traducción de Efrén del Valle, Barcelona: Crítica.
OVIDIO NASÓN, Publio (2013): Metamorfosis, edición de Consuelo Álvarez y Rosa Mª Iglesias, Madrid: Cátedra.
RAMOS SUCRE, José Antonio (1989): Obra completa, Prólogo de José Ramón Medina, Cronología de Sonia García, Caracas: Biblioteca Ayacucho.
SCHWAB, Gustav (2009): Las más bellas leyendas de la Antigüedad clásica, prólogo de Vicente Cristóbal, Madrid: Gredos.
WELLEK, René y Austin Warren (1985): Teoría literaria, prólogo de Dámaso Alonso, Madrid: Gredos.

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