• RESEÑA de LIBROS

    LA ISLA, LUCHA O REVIENTA
    de José Carlos Fernández

    Publicaciones del Sur, 2014

    por Juan Mena

La Isla, lucha o revientaLA ISLA, LUCHA O REVIENTA
José Carlos Fernández
Publicaciones del Sur, 2014



Vivir en una ciudad cuando se tiene la mirada libre de prejuicios y al corazón se le blinda contra las nostalgias puede ser peligroso para un ciudadano. Digo peligroso por lo que tiene de mirada libre e insobornable y, por ello, comprometido. Más aún si ese ciudadano ha estado observando —a veces, incluso contra su propia voluntad— desde la atalaya del editorial de un diario el devenir de una ciudad. Y este es el caso del libro que nos ocupa en estas líneas. Su título es enormemente sugeridor; yo diría que denunciador de sospechas que le pueden sobrevenir al lector que lee su título en un escaparate; porque, como nos advierte el autor en la contraportada, no se trata de un libro encomiástico de las excelencias populares de la Isla; no se trata de un libro de evocaciones que se deleitan en las bellezas perdidas de una ciudad idealizada en la memoria. Todo lo contrario: es un libro anti nostálgico, una especie de antídoto contra las dulces y adormecedoras costumbres pintorescas que jalonan la vida de una ciudad atada y bien atada a sus tradiciones.

En otros casos, José Carlos Fernández ha oficiado de isleño cabal con entregas como Calles de la Isla y Libro de estampas isleñas, en cuanto que es nuestra ciudad como protagonista en exclusiva, aunque sin chauvinismo recreativo ni suspiros perdidos en la niebla de la añoranza.

Pero esta edición de ahora es otra cosa. Otra cosa muy distinta. Tan diferente que, puesto en sobre aviso el lector después de las citas de la solapa y la ya mencionada contraportada, ha de entrar de lleno en una materia que le pasa desapercibida cuando pasea por su tierra y no se percata de los graves problemas que aquejan a aquélla y se contenta con ir y venir dándole la espalda a un sinfín de comentarios que flotan en el aire como latidos de un pecho angustiado, si se piensa en el desmantelamiento industrial de que ha sido objeto esta ciudad y la precariedad de Navantia, el traslado de la Marina a Cartagena, la amenaza del Cefot por el mismo procedimiento, las dudas sobre las posibilidades de turismo, la problemática del Tren Tranvía y su influencia, de momento nada positiva, en el comercio, y los cerca de quince mil parados…

Y esta impresión es la que recibe el lector que se atreve a escuchar la voz salida de sus páginas con un rigor de datos nada tranquilizadores.

El autor se atiene a unos temas necesarios para iniciar su estudio y que son las razones que motivan este libro. El nacimiento de la Isla como núcleo laboral y vital y, por ello, sus periodos de esplendor, así como también recursos complementarios para su subsistencia como la industria salinera y sus huertas, están justamente valorados, pero no se puede evitar poner el dedo en la llaga de periodos sucesivos y su progresiva decadencia ya dentro de los veinte años de andalucismo. Entra en un tema que fue muy cuestionado en La Isla como fue la dimisión del alcalde Antonio Moreno. En este libro, a modo de cuestionario, el ex alcalde hace oportunas declaraciones en las que se transparentan los males de La Isla: la falta de empresarios, así como la alusión a su desengaño con el Partido Andalucista —el suyo—, como del evanescente “idilio político” con el Partido Popular para nuevas elecciones. Como en todos los medios políticos, no falta la mención de documentos comprometidos tanto para ediles como para periodistas.

No obvia el deterioro social, señalando el drama de los quince mil parados, añadiendo a ello los malos tiempos que sobrevienen a los comercios, cuestionando asimismo los valores turísticos que se pretenden enarbolar como recurso económico; cuestionamiento que incluye lo que realmente ha podido significar toda la escenografía municipal en torno al famoso 2010. El repaso no deja atrás la libertad de prensa y los institutos culturales como la Fundación de Cultura y las bibliotecas, el papel de los delegados y las necesidades complementarias del Teatro para su correcto funcionamiento.

Su mirada ante la llegada del 2016 obliga al autor a una prudente expectativa que no excluye su opinión.

A partir de aquí la exposición deja paso a reflexiones puntuales sobre todo lo que anteriormente se ha ido analizando, no exentas de pesimismo a juzgar por los horizontes atalayados desde una óptica insobornable.

Escrito este libro a dos columnas, como si se tratara de un periódico, con un lenguaje de comunicación directa, que es como decir preciso y objetivo, cuya nitidez dice mucho de la experiencia de su autor al frente de la prensa local San Fernando Información en otros tiempos, La Isla, lucha o revienta, es un aldabonazo en la conciencia de los isleños, un toque con prisa para la puesta al día de cómo marchan las cosas en nuestra ciudad. Con su lectura se penetra en los entresijos de problemas candentes que no son perceptibles a los ojos de los ciudadanos de a pie.

En el apartado que titula ”El camino recorrido”, algo así como un río que se ralentiza en la desembocadura, el autor nos dice: "No me ha gustado tener que escribir este libro. Nunca hubiera imaginado que mi ciudad se vería abocada a discurrir por unos raíles que la han llevado a descarrilar, a permanecer fuera de la circulación, de las corrientes modernas y, desgraciadamente, caer en una situación mortecina y ramplona”. Su confesión está en tener que coincidir con la Isla que ya descubrió en Calles de La Isla, “huérfana de estética, de armonía de buen gusto…” Pero, ahora, hay que añadir la problemática social en la que “el desencanto, el desengaño, el dolor, la tristeza y la rabia que provoca la situación ignominiosa arrastrada durante muchos años por la ciudad…”

Apoyada por una bibliografía imprescindible para forjar una opinión que encaje en la objetividad, además de las observaciones forjadas por la experiencia de ciudadano, esta obra es una llamada un tanto intempestiva en la conciencia de los isleños.

Habrá quien no quiera abrir la puerta de su lectura, pero eso no evita, a juzgar por los argumentos del autor, que las razones sigan pesando en la balanza de la actualidad.









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