• Berta Guerrero Almagro

    LA FLOR AZUL

    Efraín Huerta y sus poemas prohibidos

    por Berta Guerrero Almagro


1. Introducción. Efraín Huerta y la variedad de opósitos constantes.

Los temas que trata Efraín Huerta en su poesía son muy variados e incluso aparentemente contrapuestos. Si bien destacan sobre otras la faceta comprometida y amorosa del poeta, no se puede negar del todo el distanciamiento ni el odio, así como el cosmopolitismo y el nacionalismo mexicano, la seriedad y el humor, la concreción urbana y la abstracción imaginativa. Él ofrece los dos polos de cada asunto en el que se adentra, las dos caras de los temas que aborda. Como una piedra tallada por dos caras, Efraín Huerta se puede considerar un poeta bifaz. Plantea vías que recorre en sus dos direcciones, que también escinde para mostrar otras y que, finalmente, terminan todas convergiendo en el principio que, según Carlos Montemayor, domina su obra: el amor, la pasión (considerado más un tono, espíritu o estilo que un tema). En palabras de este estudioso:

…si recordamos que su emoción polivalente se abre al amor y al odio, al combate y a la ternura, al grito y al amor por el entusiasmo; si recordamos que su vocación por la ciudad es la vocación por la realidad, por el mundo poliédrico y completo, y que las orquídeas también pueden verse martirizadas o los nardos pudriéndose, o la amorosa ciudad destilando corrupción, muerte, hambre; si junto a lo dulce e íntimo también brota la tierra, […]; esta pasión que todo recoge, esta pasión que a todo se abre, es una pasión amorosa. Éste es quizás a lo largo de toda su obra el principio rector: el amor (Montemayor, 1982: 7).

Lo mismo apunta Guedea en Reloj de pulso. Crónica de la poesía mexicana de los siglos XIX y XX (1993: 193-195). Considera que el amor es el espíritu de toda su poesía. En el amor converge la denuncia, la ironía, el arrebato… Más allá del ideólogo político se halla, pues, el poeta. Así lo indica también Octavio Paz (2014) en un texto publicado en 1983 y recogido por el número 522 de La Gaceta del Fondo de Cultura Económica para conmemorar el nacimiento de Huerta:

…aun en sus poemas de propaganda hay líneas y fragmentos que son relámpagos de poesía. Nada más alejado de los gustos poéticos y del temperamento de Huerta que el didactismo de esa literatura doctrinaria […]. El poeta acaba siempre por vencer al ideólogo.

Por otro lado, y para recalcar aún más este carácter bifaz del poeta, es interesante señalar que Efraín Huerta también se puede considerar un poeta bifaz desde una perspectiva estilística. Incluye en sus poemas binomios cuyos componentes se distancian e incluso se contraponen, como el oxímoron “agua dulce, agua amarga” en su poema “Agua de dios”. Luis Roberto Vera lo define en “Raíz mesoamericana: Octavio Paz, Efraín Huerta y Frida Kahlo” (2012) como un poeta dual (ápud Vera, 2012: 4). La unión de contrarios es, pues, habitual en su poesía (Vera, 2012: 5).

Respecto a sus obras, el interés de esta comunicación reside en Poemas prohibidos y de amor. Aquí se recogen creaciones del autor pertenecientes, como él señala, a cuatro décadas distintas (Huerta, 1976: 7): desde 1936, año en el que escribe “Presencia de Federico García Lorca”, hasta 1973, fecha en la que aparece publicada la obra. Así pues, para Poemas prohibidos y de amor, Huerta extrae composiciones de un volumen anterior (intitulado Poesía 1935-1968) e incluye otras creaciones nunca recogidas (como el mencionado “Presencia de García Lorca” o “Ellos están aquí”) y otras más recientes (como “Hotel Caribe, Panamá”), como expresa Martí Soler (2004: 4) en su “Nota a la edición” de la Poesía completa. Se trata de un poemario que Huerta califica como misceláneo (Huerta, 1976: 7) y complejo (Huerta, 1976: 12), y que en la edición de su Poesía completa aparece dividido en cinco bloques atendiendo a la cronología. En él, además, se presentan por primera vez once poemínimos (Carlos Ulises Mata, 2014). Así pues, debido a la variedad y riqueza que encierra este poemario, resulta idóneo para ilustrar la apuntada polivalencia del poeta.


2. Poemas prohibidos y de amor: escisiones y convergencias

Pasamos a introducirnos en el apuntado carácter bifaz de Efraín Huerta. En esencia, son cuatro las principales vías de doble sentido que el poeta mexicano escinde en su obra: el compromiso y el distanciamiento, el amor y el odio, el espacio urbano y el natural y el humor y la seriedad. Vamos a ocuparnos de cada una de ellas a través de sus Poemas prohibidos y de amor.

Compromiso y distanciamiento

En este caso, la faceta comprometida de Efraín Huerta se halla más pulida que la distanciada, y es que desde muy joven se volcó en la causa política, en el impulso revolucionario a partir de la creación tanto poética como periodística. Para realizar una aproximación a la vertiente comprometida del poeta es preciso realizar un viaje retrospectivo hasta su juventud.

Tras mudarse en 1917 a Irapuato, donde vivía cómodamente gracias a la posición de su padre (que era abogado), Efraín Huerta marchó a León en 1924 debido a la separación de sus padres. Allí, junto con su madre y sus cuatro hermanos, padeció dificultades para subsistir debido a que su padre no les proporcionó ningún tipo de pensión. Posteriormente marcharon a Querétaro , donde a los quince años ingresó en una agrupación llamada el Gran Partido Socialista del Centro de Querétaro. En 1930, él y su familia se instalaron en Tepito, un barrio de la capital, y cinco años después, según David Huerta en el prólogo a la Poesía completa (2004: XVI), el poeta se introdujo en la Federación de Estudiantes Revolucionarios (FER) y posteriormente en la Federación Juvenil Comunista (FJC). Fue también miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas de México, del Partido Comunista Mexicano (PCM) y de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR). Tal vinculación con el ámbito político lo mueve a escribir versos reivindicativos, con cierto tono panfletario, pero de comedida agresividad. Le mueve especialmente la lucha social y la defensa de la libertad. Precisamente en el poema titulado “Definiciones de la libertad (canto a los guerrilleros de levante)”, Efraín Huerta ensalza esta facultad natural humana (Huerta, 1976: 26, vv. 33-34). Escribe: «…camaradas, alcemos la palabra Libertad./ Recobrémosla, al fin y para siempre, del abismo en que late».

Su lucha contra el fascismo y su búsqueda de la dictadura del proletariado hará que abrace las ideas de Stalin. En poemas como “Los soviéticos” (Huerta, 1976: 42-44), Efraín Huerta se sirve de una imagen simbólica muy recurrente en su poesía: el alba –recuérdese el título de su primer poemario, Los hombres del alba, de 1944, que agrupa dos obras iniciales como Absoluto amor, de 1935, y Línea del alba, de 1936, así como el poema “Los perros del alba” (Huerta, 1976: 79), incluido en Poemas prohibidos y de amor–. Es a partir de la imagen del alba como Efraín Huerta otorga a sus poemas un tono esperanzador, es su modo de simbolizar un renacimiento. He aquí unos versos de “Los soviéticos”:

Del interior del hierro y de la saludable entraña de los árboles,
nacieron.
Con ellos vino al mundo la verdadera noción del alba,
y las palabras de amor, sabias y antiguas,
se alzaron como trigos de esbelta poesía.
De la mina y el río, vinieron;
del libro, del pensamiento, vinieron ellos.
Lenin les dio el sentido y la estrategia.
Canciones de bravía naturaleza, arribaron también,
y repito, fue el alba
(vv. 1-10).

Pero entre todos los soviéticos que producen la esperada llegada del alba, Stalin se eleva como la figura principal, según Efraín Huerta. En este mismo poema se puede leer:

Y hubo también un hombre
(ningún hombre en el mundo trabajaba más que él),
un hombre de ardoroso metal,
un hombre de sobrehumana calidad,
un soviético: Stalin.
(vv. 23-27).

Otros poemas en los que es posible advertir su faceta comprometida son “¡Stalingrado en pie!” (Huerta, 1976: 45-48) o “Canto a la liberación de Europa” (Huerta, 1976: 49), poema compuesto en unas pocas horas, a raíz del inicio de la liberación de Europa del dominio nazi el 6 de junio de 1944. Sin embargo, no sólo prima la faceta comprometida en Efraín Huerta. El distanciamiento con respecto a los acontecimientos políticos se puede percibir, especialmente, en sus poemas de temática puramente amorosa, en los que la lucha comprometida se ve sustituida por una lejanía tierna. Esto nos conduce a la siguiente pareja de opósitos.


Amor y odio

Otra escisión que traza Efraín Huerta tiene que ver con la pareja temática amor-odio. El sentimiento amoroso es presentado en una composición como la titulada “El poema de amor” (Huerta, 1976: 88-90) como un acto de comunión que diariamente se escribe en silencio. En textos como “Tu voz” (Huerta, 1976: 91-93), “Tus ojos” (Huerta, 1976: 94-95) y “Esa sonrisa” (Huerta, 1976: 96-97), el ser amado se aproxima a una criatura celestial, virginal e incluso alada. Un ejemplo:

Quiero decir, en suma, que tu rostro
es perfecto en razón de la armonía,
y que en tus ojos siento, no reflejos
de corazón latiendo, sino suaves
y hermosos aleteos de ángel caído
(“Tus ojos”, vv. 26-30).

Este aspecto angelical es frecuente en los poemas de temática amorosa del volumen que estamos analizando. También se puede observar en “Santa Juana de Asbaje” (Huerta, 1976: 85-87), toda una declaración de admiración a Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, más conocida como Sor Juana Inés de la Cruz. Se trata de un poema introducido por un verso de Góngora procedente de la composición “En la muerte de una dama portuguesa en Santarén”, el cual reza así: «en plumas de oro vuela…». Las siguientes estrofas muestran el fervor hacia esta dama, al tiempo que el respeto por sus creaciones poéticas (vv. 12-29):

Hiciste el verso santo junto al verso de amor
–la forma de la lágrima, el vuelo de la fe–,
y en un siglo de luces que se caían de secas
asombró tu magnífica condición estelar.
Estrella en el bautismo y estrella en la madura
soledad de la celda.

¿Cómo no amar tus voces
y no beber tu aliento donde rosas anidan?
Celestemente extraña, inusitado y tierno
prodigio de fervor: milagro entre milagros.

Como un ángel de bella sonoridad, como un
mensaje sin destino, mas destinado a todos,
vino a la tierra el sueño de tu grata presencia
y la soberbia lira resonó como un coro.
¿Cómo no amar tus voces de purísima estirpe
y no admirar la espada del soneto perfecto?
De tu sabia palabra y de tu esbelta rima
en valles y volcanes se inmortaliza el eco.

Por otro lado, en lo que concierne a la temática amorosa, es posible encontrar composiciones en las que la destinataria, además de la persona amada, es la ciudad. En “Para gozar tu paz” (Huerta, 1976: 98), poema maduro y sin excesos según Carlos Montemayor (1982: 2), la destinataria parece ser tanto una joven dorada como la urbe:

Suave y veloz como el aire de junio,
beso tu cabellera de diamantes,
el tesoro escondido de tu sueño,
y digo adiós a la violencia
para gozar tu paz,
tu dulce, tu gloriosa geografía,
por siempre detenido,
por siempre enamorado (vv. 56-63).

La dirección opuesta al sentimiento amoroso es el odio, del cual también se hace eco el poeta, aunque embriagado siempre de ese espíritu impetuoso y ardiente que hace converger todas las escisiones que traza. En poemas como “Los perros de Dios o las tribulaciones del Arzobispo” (Huerta, 976: 66-71) destaca el desprecio que experimenta el sujeto poético hacia el Arzobispo de México, un ser ambicioso representado de modo simbólico ascendiendo en un ascensor, deseoso de alcanzar un cargo de Cardenal que, finalmente, no logra. Este hombre es reflejado de modo odioso y un tanto patético ante su fracaso. Se trata, y cito, de un viejito alegre con (v. 13) «un tenebroso verde en las pupilas que se caen de asesinas», pero, como apunta en el verso 29, con alma de cántaro y corazón de plomo derretido.

El halo de conmiseración que envuelve el poema al que hemos apuntado es apaciguado y se torna en dureza en “Dolorido canto a la Iglesia católica y a quienes en ella suelen confiar” (Huerta, 1976: 72-76). Aquí el sujeto poético muestra su aversión hacia la hipocresía eclesiástica y todo lo que ella supone:

Bendito sea tu nombre [el de Jesucristo], como maldito es,
bajo el polvo de los siglos, el crujir de las sotanas
(águilas de rencor y de lascivia);
como maldito es
el amargo murmullo de los rezos;
como maldito es el vaho tremendamente sepulcral del incensario […].
Bendito seas, hermoso Jesucristo a la orilla del lago,
y santa tu palabra de bondad y miseria.
Pero maldito sea quien en tu nombre alzó
la cruz del latrocinio, y tus bellas espinas subastó en el mercado (vv. 30-41).

Un último poema al que hay que aludir en relación con el desprecio es el titulado “Declaración de odio”. Sin embargo, puesto que en él, una de las grandes protagonistas, junto con el mencionado sentimiento, es la ciudad, voy a ocuparme de él introduciéndome en la siguiente vía de doble sentido:


Espacio urbano y naturaleza

Como señala Octavio Paz (2004), con poetas como Efraín Huerta se instaura la ciudad moderna en la poesía mexicana. Alejada de la apatía francesa y próxima al abandono; más marchita que melancólica, con un daño más corpóreo que mental. La urbe que muestra el poeta mexicano en su obra está evidentemente condolida.

En relación con el poema señalado, “Declaración de odio” (Huerta, 1976: 55-60), hay que señalar que se trata de un canto a la urbe moderna al tiempo que de una muestra de desprecio dirigida no tanto al continente como al contenido: los ciudadanos. Se trata de un espacio ––cito el poema, verso 21– amplio y doloroso en el que, según sus habitantes, llega a ser sarcástica (vv. 26-29) cuando impera la cobardía y el cinismo entre los jóvenes alcahuetes, las mujeres asnas y los hombres vacíos; tibia cuando reina la mediocridad, valiente y vigorosa cuando emerge el espíritu comunista, complicada cuando reinan las malas relaciones, hervidero de envidias, páramo sofocante, desierto de vicios… (vv. 30-61).

Son, pues, los ciudadanos, los que despiertan la animadversión del sujeto poético; ciudadanos que son auténticos cadáveres, como los habitantes del Madrid de Dámaso Alonso en “Insomnio” (Poemas de Hijos de la ira, [1944]); un Madrid que perfila y trasplanta a México Efraín Huerta en un poema de 1937, “Ellos están aquí” (Huerta, 1976: 21-23, vv. 1-18):

Los cadáveres, las lágrimas, los quejidos,
la sombra de Madrid. Aquí están.
Esos lamentos grandes como árboles creciendo,
como nubes cubriendo las montañas.
Los ha traído el Atlántico.
[…]
Es verdad todo eso: los gritos juveniles,
las dos últimas gotas de sangre del poeta,
el denso humo, el frío, la agitación,
la angustia de Sevilla, el estertor de Málaga.
El océano es violento, es maternal,
es misterioso y rudo,
es negro, azul y verde.
Pero es claro, y es rojo,
intensamente rojo cuando trae los ruidos
que nacen en España.

Ante la violenta Guerra Civil española, el sujeto poético siente mermar sus ilusiones de liberación, a pesar de que por las fechas en las que fue compuesto el poema Lázaro Cárdenas, desde la presidencia mexicana, ya estaba llevando a cabo importantes cambios para muchos trabajadores anclados en la miseria (fue presidente entre 1934-1940). La confraternización, desde México, con el dolor de España resulta evidente. El sujeto de “Ellos están aquí” hace partícipe al lector de su desasosiego, de su desencanto ante la vida y de su sensación de ser un cadáver más entre tantos muertos (lo que vuelve a conectar con el poema de Dámaso Alonso). Se lee en el poema que son

Como enormes puñales esos tibios cadáveres.
Como tajantes dagas rasgando nuestro sueño,
las distancias, las olas del océano.

Aquí están. Pertenece al aire,
al suelo, a los edificios, a las calles,
al agua, al entusiasmo o pena
que cada día vivimos.
Nos pertenecen estos muertos, esta gloria perfecta.
Ved a este miliciano: campesino,
veinte años, una herida en el vientre;
tiene ojos castellanos y mirada de fiebre.
Duerme su noble sombra con nosotros;
Duerme su joven cuerpo bajo ruinas.
Ved a este niño: madrileño,
cinco años, el cuerpo destrozado;
tiene sonrisa de ave, tiene ojos de miseria.
Yace su sombra débil en tierra mexicana;
su cuerpo, incinerado
(Huerta, 1976:22-23, vv. 34-51).

Este desencanto y esta queja (que nos lleva, en cierto modo, a la primera escisión apuntada, pues denota cierto compromiso) destila un fervor citadino tanto a México como a cualquier otra ciudad. Es posible, por tanto, hallar dentro de la dirección urbana que estamos apuntando un carácter cosmopolita (pensemos, por ejemplo, en “Descubrimiento de Moscú” [Huerta, 1976: 33]), y, al tiempo, un tono plenamente patriótico y nacional (en el caso, verbi gracia, de “¡Mi país, oh mi país!”, donde México se define como ciudad-paraíso y ciudad-infierno, pero siempre ardiente y amado):

Ardiente, amado, hambriento, desolado,
bello como la dura, la sagrada blasfemia;
país de oro y limosna, país y paraíso,
país-infierno, país de policías (vv. 1-4).

Por otro lado, frente a la urbe, Efraín Huerta vuelve a mostrar su carácter bifaz al reflejar la naturaleza en sus poemas. Esta se presenta como espacio sometido al hombre, reino y casi seno familiar. Un ejemplo extraído de “Dolorido canto a la Iglesia católica y a quienes en ella suelen confiar” (Huerta, 1976: 72, vv. 10-17):

El cielo y la tierra son propiedad del hombre:
la nube femenina y el masculino surco.
La tierra es ideal para la grata curva de la espiga
y la nube es el sueño de la mujer amada.
La lluvia es nuestra madre tierna y musical.
Música entrecortada de la rosa,
contrapunto maduro del clavel y del geranio,
gentil ballet del nardo y la gladiola.

La Seriedad y el humor

Si la seriedad se ha presentado especialmente en sus poemas comprometidos, hay que señalar que la faceta humorística de Efraín Huerta aparece reflejada especialmente en sus poemínimos. Once son los incluidos en Poemas prohibidos y de amor, los cuales son auténticos estandartes del cocodrilismo, movimiento creado por Efraín Huerta que rechaza el tono plenamente existencial, los derrotismos y pesimismos a favor del humor, el optimismo y la alegría.


3. Conclusiones

Finaliza esta aproximación a los Poemas prohibidos y de amor de Efraín Huerta. Sólo queda recalcar que tras las cuatro escisiones planteadas en los Poemas prohibidos y de amor, es posible percibir que todas ellas convergen en el tono apasionado y ardiente que muestra el poeta. Si se ha presentado al mexicano como bifaz, como presentador de caminos bidireccionales recorridos en ambos sentidos, también debe destacarse el tono caluroso, omnipresente en sus composiciones, lo que hace de ellas un conjunto rico y atractivo con variedad en su unidad.




REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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2004): Poesía completa, edición a cargo de Martí Soler, México: Fondo de Cultura Económica.
 (1976): Poemas prohibidos y de amor, México: Siglo veintiuno. (1949): “Llamando a las siete” (fragmento) [en línea], en Cinema Reporter, nº 546, <http://www.eluniversal.com.mx/cultura/35632.html> [Consulta: 2/2/2015].
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Soler, Martí (2004): “Nota a la edición”, en Huerta, Efraín (2004): Poesía completa, edición a cargo de Martí Soler, México: Fondo de Cultura Económica.
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Vera, Luis Roberto (2012): “Raíz mesoamericana: Octavio Paz, Efraín Huerta y Frida Kahlo”, en Impossibilia. Revista Internacional de Estudios Literarios, nº 4.


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