• Pedro García Cueto

    En el laberinto del ser

    En el Centenario de Octavio Paz

    por Pedro García Cueto


UN RECORRIDO POR SU VIDA Y OBRA


Nació en la ciudad de México el 31 de marzo de 1914. Inició sus estudios en leyes en dicha ciudad y los abandonó, junto con la casa paterna, en 1937 para ir a radicar a Yucatán como maestro rural. Ese mismo año, se casó con Elena Garro (con quien más tarde tuvo una hija) y partió con ella a España para asistir, en Valencia, al II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, al que había sido invitado. Ahí conoció a varios escritores de importancia en su vida como Luis Cernuda, Jorge Guillén, Pablo Neruda, Julien Benda, Louis Aragon, entre muchos más. De 1938 a 1941 permaneció en México bajo una intensa actividad literaria. A finales de 1943 inició una serie de viajes al extranjero que serán formativos en el desarrollo de su obra. Pasó dos años en Estados Unidos, el primero de ellos (1944) con una beca de la Fundación Guggenheim. En 1945 inició una carrera en el servicio diplomático mexicano que duró 23 años. Su primer destino en el extranjero fue París, ciudad en la que permaneció hasta 1951. Durante 1952 viajó por Japón y la India. Entre 1953 y 1958 radicó en la ciudad de México trabajando en la Secretaría de Relaciones Exteriores. En 1959 fue nuevamente enviado a París y en 1962 fue trasladado a la India, en donde más tarde ocupó el cargo de embajador. En 1964 se casó con Marie-José Tramini. En 1968 abandonó la embajada, como protesta por la matanza de estudiantes que el gobierno mexicano ejecutó en Tlatelolco, finalizando así su carrera diplomática. A partir de entonces radicó en la ciudad de México, en donde ejerció una sobresaliente participación en la vida intelectual del país con la proyección e influencia que le otorgaron el reconocimiento internacional que se ganó.

Octavio Paz se inició muy joven en la literatura. En 1931 publicó su primer poema, "Cabellera", y ese mismo año participó en la fundación de una revista estudiantil --Barandal (1931-32)-- hecho que marcó el inicio de su colaboración en muchas otras más: Cuadernos del Valle de México (1933-34), Taller poético (1936-1938), Taller (1938-41), El hijo pródigo (1943-46), Plural (1971-76) y Vuelta (1976).

Sus primeros libros de poesía son: Luna silvestre (1933), en donde ya están presentes el lirismo y el erotismo que serán una constante en su obra, y ¡No pasarán! (1936), poesía comprometida con la causa de la Guerra Civil española. Ambos poemarios serán desconocidos por el autor y excluidos de sus recopilaciones posteriores. No obstante, en ellos ya se puede ver la preocupación del poeta acerca del lugar de la poesía en la vida del hombre. Paz vivirá intensamente este problema y más tarde encontrará en la "revolución surrealista" la opción adecuada a sus inquietudes. Seguirán Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España (1937), en que conviven lirismo, erotismo y compromiso social y Raíz del hombre (1937), comentado con entusiasmo por Jorge Cuesta, hecho que lo aproxima al grupo Contemporáneos*. Vinieron después dos poemarios más: Entre la piedra y la flor (1941) y A la orilla del mundo (1942).

Libertad bajo palabra (1949) es un hito en la poesía de Paz pues marca la entrada de dos tradiciones que se suman a la hispánica. Por una parte, la anglosajona con las figuras de T.S. Eliot, E.E Cummings y Ezra Pound; y por otra la francesa, con el grupo surrealista y Mallarmé, principalmente. En Libertad bajo palabra conviven la simultaneidad, el juego tipográfico, el fragmentarismo, el lenguaje conversacional y el recorte de nexos sintácticos, con los sonetos y otras formas fijas de la versificación. Se dan las imágenes oníricas a la par de los poemas sobre el quehacer con la palabra. Aparece el poema breve, irrupción del haikú a través de la revaloración de José Juan Tablada y se consolida el surrealismo como actitud vital (no como estilo) apoyada en las ideas de amor, rebelión, libertad, unión de contrarios y reconquista de la inocencia original. Para Paz, el valor del surrealismo no se encontraba en la aventura onírica o en la escritura automática sino en los poderes revolucionarios de la poesía como creadora de realidades y no de invenciones meramente verbales.

Después de Libertad bajo palabra, la poesía de Paz se consolida en lo que él considera, en su ensayo Los hijos del limo (1974), una nueva vanguardia: "una vanguardia silenciosa, secreta, desengañada. Una vanguardia otra, crítica de sí misma", una experimentación "hacia adentro del lenguaje". En esta perspectiva se tiene a Blanco (1967), libro objeto en forma de acordeón, poema "mandala" con 4 itinerarios de lectura, en los que están presentes la filosofía oriental y occidental, los motivos prehispánicos, el erotismo, el cuerpo como texto y viceversa; Topoemas (1968) y Discos visuales (1971), ejemplos de poesía espacial que aprovechan las experiencias del caligrama, la poesía concreta y las posibilidades del arte combinatorio; Renga (1972), poema colectivo en cuatro lenguas, en coautoría con 3 poetas más, recreación de la tradición japonesa del renga a través de la cual se ensaya el camino del desdibujamiento de la figura del autor; ¿Águila o sol? (1950) y El mono gramático (1972) que incursionan en la frontera entre la poesía y la prosa; Salamandra (1962) que incluye "Homenaje y profanaciones", ejercicio de “transfiguración/desfiguración” de un soneto de Quevedo, operación ligada también a sus reflexiones sobre los problemas de la traducción.

Semillas para un himno (1954), Piedra de sol (1957) y La estación violenta (1958) serán coleccionados, junto con ¿Águila o sol?, en la nueva edición de Libertad bajo palabra: Libertad bajo palabra: obra poética (1935-1957) (1960). En ella se acentúan los rasgos antes mencionados y se da una mayor presencia a los temas del pasado prehispánico de México, frecuentemente identificados con el aspecto telúrico, utópico y primitivista que algunos surrealistas como Artaud buscaron ansiosamente.

En Ladera este (1969), Paz recoge sus contactos con oriente mientras que en Vuelta (1976) plasma su regreso a México: poemas de reencuentros con amistades y lugares, entre los que está el celebrado “Nocturno de San Ildefonso”. Pasado en claro (1975) es un poema largo, también ejercicio de memoria, pero más íntimo y profundo, en el que Paz medita sobre la relación del poeta con las palabras. En Árbol adentro (1987) --su más reciente libro de poemas-- erotismo, amor y otredad son los temas dominantes, aunque también hay un lugar importante dedicado al diálogo con la literatura y con las artes plásticas (como sucede también en Vuelta).


LA IMPORTANCIA DEL ENSAYO EN SU OBRA

Su obra ensayística es extensísima, comprendiendo títulos tan importantes como El laberinto de la soledad (1950), El arco y la lira (1956), Las peras del olmo (1957), Los hijos del limo (1974) y El ogro filantrópico (1979), entre otros muchos títulos.

No hay que olvidar su pasión por la India, reflejada en su magnífico ensayo Vislumbres de la India (1995) o La llama doble (1993). El mono gramático es una obra de 1974, que tuvo y tiene todavía un gran interés para los amantes de la crítica.

Paz fue también un hombre comprometido con la República española, amigo de Juan Gil-Albert, este último fue secretario de la revista Taller, la cual fue dirigida por Paz en los años cuarenta en México. Ambos intelectuales se conocieron en España, cuando el escritor mexicano participó en las Jornadas que se celebraron en Valencia por parte de la alianza de los intelectuales antifascistas.

Habría que dedicar muchas páginas a una biografía impresionante que aún hoy nos produce a los críticos rendida admiración, pero fue poeta también, nos dejó impresas muchas poesías, donde plasmó su amor por México, por la vida en todas las sensaciones que comprende la misma, desde la insatisfacción que sentimos ante el paisaje, por el proceso inexorable de nuestra vida, mortal, frente a un mundo que sigue brillando, sin que nosotros podamos hacer nada por concitar la eternidad.

Pero el lenguaje poético está en su prosa, abriendo senderos que iluminan y clarifican nuestra forma de entender el mundo, así ve en El laberinto de la soledad la mujer, en la poesía de Rubén Darío como reflejo presente en todo poeta:

“Para Rubén Darío, como para todos los grandes poetas, la mujer no es solamente un instrumento de conocimiento, sino el conocimiento mismo. El conocimiento que no poseeremos nunca, la suma de nuestra definitiva ignorancia: el misterio supremo”.

Pero también sabe ver la genial mirada de Paz a novelistas singulares de la talla de D. H. Lawrence, como dice en las páginas que siguen:

“D. H. Lawrence, que es uno de los críticos más violentos y profundos del mundo moderno, describe en casi todas sus obras las virtudes que harían del hombre fragmentario de nuestros días un hombre de verdad, dueño de una visión total del mundo”.

Paz entiende también la contradicción del mexicano que vive la vida como un espejismo, rodeado del rito de la muerte, en un paisaje desolado, como nos recuerda la famosa novela (extraordinaria en cada latido de sus páginas) de Malcolm Lowry Bajo el volcán, donde el cónsul Geoffrey Firmin vive la tragedia de ser un extraño en México, ebrio, solo, recordando a Ivonne mientras la muerte, en todas sus formas, se adueña del país.

Paz entiende ese México, que se desangra, hermoso y decadente, lugar de complejidades, ilusiones y desencantos, antesala de la historia y fascinante fresco donde los europeos han vivido la vida y la muerte con intensidad desconocida:

“No es que México escape a las definiciones: somos nosotros los que nos escapamos cada vez que intentamos definirnos, asirnos. El carácter de México, como el de cualquier otro pueblo, es una ilusión, una máscara; al mismo tiempo, es un rostro real”.

Se trata de una contradicción perpetua, como dice más adelante, al querer afirmarnos, nos negamos, tal es la esencia del mexicano, puro espejismo, sendero transitado de luz y sombra.

La sabiduría de Paz le hace hablar de múltiples temas que excederían este estudio, pero merece recoger su pasión de poeta no en un poema, ya sabemos que escribió muchos, sino en unas líneas pertenecientes a El arco y la lira cuando dice:

“El acto de escribir poemas se ofrece a nuestra mirada como un nudo de fuerzas contrarias, en el que nuestra voz y la otra voz se enlazan y confunden. Las fronteras se vuelven borrosas: nuestro discurrir se transforma insensiblemente en algo que no podemos dominar del todo; y nuestro yo cede el sitio a un pronombre innombrado, que tampoco es enteramente un tú o un él”.

Sin duda, nos habla del misterio del poema, para los antiguos, dice Paz, era un misterio, para nosotros, un problema, pues contradice nuestro raciocinio, nuestra etapa de poder etiquetar todo, nuestra forma de ver el mundo. La poesía es, por tanto, lo ancestral, lo que nos devuelve a nuestra esencia como seres humanos, lejos de la brutal globalización que vivimos y donde desaparecemos como seres, en frente de los números y los objetos, que valen más en ese mundo de dictadura económica.

Para los antiguos, dice Paz, el poema nace de los dioses, cuya voz habla en boca de nosotros, pero en el mundo actual, el poema arrastra los siglos, los envuelve, hasta dejarnos solos ante el mundo, puros y desnudos ante su inmensidad. Es obra del hombre, pero solo de aquel que se aproxima a la Naturaleza y al diálogo con ella.

Para terminar, dejo estas palabras de El mono gramático, donde podemos escuchar la importancia que el lenguaje, su inefabilidad, tuvo para Paz, a la vez que el poeta, su luz, su eco, consigue que el tiempo, imparable e inexorable, se quede quieto, buscando la eternidad:

“Gracias al poeta el mundo se queda sin nombres. Entonces, por un instante, podemos verlo tal cual es-en azul adorable. Y esa visión nos abate, nos enloquece; si las cosas son pero no tienen nombre: sobre la tierra no hay medida alguna”.

Sin duda, la mención del azul es un espejo de ese mundo de Darío, que reflejó en su libro de cuentos, azul como color de la vida, donde la fantasía convive, en armonía, con la realidad.

Buen final para esa obra vasta y honda, la de Paz que germina como un árbol que ha crecido inmensamente, lleno de ramas (el arte, la poesía, la pintura, la música), pero donde brilla con luz propia la palabra poética, misterio que aún nos habla desde el fondo de nosotros mismos y que es un diálogo, como creían los primeros humanos, con los dioses.



BIBLIOGRAFÍA CRÍTICA SELECTA.

Ramón Xirau, Octavio Paz: el sentido de la palabra (México, 1970)
Jorge Aguilar Mora, La divina pareja. Historia y mito en Octavio Paz (México, 1978)
Ángel Flores (comp.), Aproximaciones a Octavio Paz (México, 1974)
Pere Gimferrer, Lecturas de Octavio Paz (Barcelona, 1980)
Diego Martínez Torrón, Variables poéticas de Octavio Paz (Madrid, 1979)
Rachel Phillips, Las estaciones poéticas de Octavio Paz (México, 1976)
Alberto Ruy Sánchez, Una introducción a Octavio Paz (México, 1991)
Maya Schärer-Nussberger, Octavio Paz. Trayectorias y visiones, (México, 1989)
Hugo J. Verani, Octavio Paz: bibliografía crítica (México, 1983)
Jason Wilson, Octavio Paz. Un estudio de su poesía (Bogota, 1980)


BIBLIOGRAFÍA DEL AUTOR

Poesía
Luna silvestre (1933)
¡No pasarán! (1936)
Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España (1937)
Raíz del hombre (1937)
Entre la piedra y la flor (1941)
A la orilla del mundo (1942)
Libertad bajo palabra (1949)
¿Águila o sol? (1950)
Semillas para un himno (1954)
Piedra de sol (1957)
La estación violenta (1958)
Salamandra (1962)
Libertad bajo palabra: obra poética (1935-1957) (1960)
Blanco (1967)
Topoemas (1968)
Discos visuales (1971)
Ladera este (1962-1968) (1969)
Renga (1972)
El mono gramático (1972)
Pasado en claro (1975)
Vuelta (1976)
Árbol adentro (1987)


Ensayo

El arco y la lira (1956) con revisión e inclusión de "Los signos en rotación" (1967)
Las peras del olmo (1957)
Cuadrivio (1965)
Puertas al campo (1966)
Claude Lévi-Strauss o el festín de Esopo (1967)
Corriente alterna (1967)
Marcel Duchamp o el castillo de la pureza (1968)
Apariencia desnuda: la obra de Marcel Duchamp (1973)
Conjunciones y disyunciones (1969)
Postdata (1970)
Traducción: literatura y literalidad (1971)
El signo y el garabato (1973)
Los hijos del limo: del romanticismo a la vanguardia (1974)
El ogro filantrópico: historia y política 1971-1978 (1979)
In/Mediaciones (1979)
Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe (1982)
Sombras de obras (1983)
Tiempo nublado (1983)
Hombre en su siglo y otros ensayos (1984)
Primeras letras (1942-1943) (1988)
Pequeña crónica de nuestros días (1990)
La otra voz. Poesía y fin de siglo (1990)
Convergencias (1991)
Al paso (1992)
La llama doble. Amor y erotismo (1993)
Itinerario (1993)
Vislumbres de la India (1995)


Traducción

Bashô, Matsuo, Sendas de Oku, (1957)
Pessoa, Fernando, Antología, (1962)
William Carlos Williams, Veinte poemas (1973)
Versiones y diversiones (1974)
Quince poemas de Apollinaire (1979)


Obras Completas

Obras completas. Edición del autor, Fondo de Cultura Económica (México) basada en la del Círculo de Lectores (Barcelona). Plan de la colección: 14 tomos con los siguientes subtítulos: 1. La casa de la presencia. Poesía e historia, 2. Excursiones/Incursiones. Dominio extranjero; 3. Fundación y disidencia. Dominio hispánico; 4. Generaciones y semblanzas. Dominio mexicano; 5. Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe; 6. Los privilegios de la vista I. Arte moderno universal; 7. Los privilegios de la vista II. Arte de México; 8. El peregrino en su patria. Historia y política de México; 9. Ideas y costumbres I. La letra y el cetro; 10. Ideas y costumbres II. Usos y símbolos; 11. Obra poética I; 12. Obra poética II; 13. Miscelánea I. Primeros escritos; 14. Miscelánea II. Entrevistas y últimos escritos.

Ver Curriculum
Curriculum





volver      |      arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS    |    CULTURALIA    |    CITAS CÉLEBRES    |    plumas selectas


Islabahia.com
Enviar E-mail  |  Aviso legal  |  Privacidad  | Condiciones del servicio