Rincón de la Poesía 

Juan Mena
San Fernando (Cádiz)






LAMENTO DE BUTAYNA, HIJA DEL REY POETA AL-MUTAMID DE ISBILIA





“¡Atiende tú y escucha mis palabras,
pues ésta es la actitud de los nobles!”

¡Es para mí dolor tan espinoso
recordar lo que fuimos cuando eras,
oh, padre mío, el rey poeta, amante
de una Isbilia orgullosa de su alcázar!...

Confidente del río, tus paseos
exornaste de versos con mi madre,
aquella Rumaikiyya que acababa
los versos que nacían en tus labios,
más hechos para amar que para el mando,
más para el canto que para la guerra;
al-Rasi y al-Rasid, hermanos míos
—e hijos tuyos— también te acompañaron
muchas veces, gemelos en moasajas
y casidas, respuestas a tu reto.

El aire generoso de tu reino
a respirar vinieron los poetas
más brillantes de entonces: Ben Labbana,
Ben Zaydûn y Ben Zuhr y otros que ahora
en mi memoria sus pisadas no oigo.

Tu corte en esplendor tuvo reflejos
parecidos a los de los omeyas
en la Córdoba ilustre del pasado,
que es perenne lección para nosotros
desde Medina Azahra a la Mezquita.

Los errores que a todos amenazan
desde la sombra de la incertidumbre,
en maraña de ardid y escaramuzas
te prendieron buscando tus ruinas,
como cuando a almorávides pediste
ayuda y choque contra los cristianos;
y venciste con ellos en Zalaqa,
pero después te hicieron prisionero.

Llevabas en tu alma a Ben Ammar,
amigo y confidente asesinado
después, por ti se dice, aunque no sea
el comentario digno de la Historia.

Después de la derrota y tu destierro,
me quisieron vender como a una esclava
para ser concubina repetida
del hijo del que me comprara, oh, padre,
por eso revelé ser hija tuya
y exigir matrimonio. Para ello
te pido tu licencia. Pero, dime,
padre mío, ¿qué gozo llevaría
mi corazón al tálamo si sabe
que tú prisión padeces en Agmat
y que la muerte como un buitre ronda
tu cuerpo para hacerlo una carroña
lejana y solitaria del olvido,
única herencia para Rumaikiyya,
mi madre, la Itimad cuando era reina,
y que después de tu segura muerte
reinará sólo sobre tus despojos?

¿No es duro estar ahora en desacuerdo
con aquel verso tuyo bello y sabio
que dice: “Lánzate sobre la vida
como sobre una presa, pues su tiempo
es efímero?”


De Viejo palimpsesto andalusí (2007)











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