• RESEÑA de LIBROS

    Mar Presencial
    de José Cervera Pery

    Ediciones Endymion, Madrid, 1998

    por Juan Mena

Mar Presencial
LIBROS RECUPERADOS

MAR PRESENCIAL
José Cervera Pery
Ediciones Endymion, Madrid, 1998

Reproducimos el artículo dedicado en su día a este libro que me enviara mi amigo y paisano José Cervera Pery, un nuevo libro suyo, esta vez de poesía. Detrás del Coronel auditor -hoy General-… (iba a decir un escritor prolífico que le ha contado los pelos al mar y ha reverdecido su memoria isleña muchas veces) hay eso: Un hombre enamorado de la vida, con una riqueza de recuerdos que requiere vendimia.

En esta ocasión, el libro editado por Ediciones Endymion de Madrid, emplea este sintagma jurídico de Mar Presencial como una personificación en la que el poeta tiene, con propiedad, arte y parte. Su vinculación profesional está, fuera de duda, sazonada además por la experiencia.

Empecemos diciendo lo que significa el título del libro. El mar presencial o mar de resguardo patrimonial es el espacio marítimo que un determinado país ribereño demarca; en este caso, el poeta se refiere a su mar materna.

En dos partes divide el autor el libro. En la primera el soneto es el protagonista formal, con un tono intimista en que el poeta se hace diálogo con los referentes que lo estimulan. El mar es un amigo, un ser con el que se convive y a quien se ama. Ahora bien, este mar empieza en La Isla de San Fernando y es esa orilla navegación íntima y puerto de un mar inacabado. Con los cuatro sonetos dedicados a La Isla el poeta inicia su andadura, su singladura más bien, por un mapa entre la realidad y la ficción de la recreación poética. A partir de entonces, es serviola que navega y otea circunstancias marítimas, desde Gibraltar (“Gato montés, te estiras y agazapas/ sobre un mar receloso en tu conciencia”) hasta Cabo de Hornos (“Aquí la mar se hace castigo y duelo”), pasando por una evocación del ataque de los ingleses a Cádiz y unas conferencias sobre el líquido y oceánico elemento en que se duele de límites y contaminaciones.

Veinticinco sonetos de factura clásica con resonancias garcilasistas y una atmósfera poética que huele a salitre y yodo. En ellos se respira a playas, puertos y a referencias insinuadas de actividades profesionales.

En la segunda parte, los encuentros en la bajamar son deliciosos bosquejos del poeta como en un pentagrama de sabor albertiano. Sin embargo, un poema final escritos en versos alejandrinos, como de cuaderna vía, nos habla de que el poeta está en La Isla de 1950 y nos hace una muy típica descripción que sirve como de retorno a los primeros cuatro dedicados a su patria chica: el mar empieza en La Isla. Si no, que lo diga el Observatorio, que está de testigo. Junto a las más internacionales cartografías de la mar, están también los esteros, los róbalos, los caños, el marisco, la sapina, el tren “como un lagarto ronco” y el azul ”más rabioso”, el azul de los cielos de la bahía…En suma, amor a la mar y a La Isla.

Si tuviésemos que incardinar la poesía de Cervera en vías de las líneas de la actual, sin vacilación diríamos que en la de la llamada “nueva experiencia”, con la particularidad de que el autor emplea un lenguaje de fresca y sentida directez, como dicen los manuales de la crítica literaria. Unos referentes topográficos y un léxico connotado en esos lugares dan al libro unos bellos matices costumbristas, me atrevería a decir, sin ánimo alguno de bajorrelieves populares.

Hay una evidente relación entre esos poemas y los que figuran en el apéndice de Seis cuentos de La Isla y un pórtico viajero (1991), que fue presentado en la Casa de la Cultura.

Felicitemos a Pepe Cervera por este nuevo libro, que ya forma parte del acervo bibliográfico de y sobre La Isla.








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