• Alfonso Estudillo

    La Voz de Arena y Cal

    Cavándose su propia tumba

    por Alfonso Estudillo


¿Qué más necesita el Partido Popular y su presidente el Sr. Rajoy para convencerse de que España y los españoles no quieren seguir soportando su política en la forma llevada hasta ahora? La pérdida de dos millones y medio de votos en estas elecciones Municipales y Autonómicas con respecto a las de 2011, idos a parar todos ellos a la oposición y, en buena parte, a oportunistas partidos emergentes de dudosas capacidades, vienen a confirmarlo.

Ya lo adelantaba en mi artículo del pasado abril "En el pecado lleváis la penitencia" donde decía:

"El gobierno del Partido Popular, con el Sr. Rajoy y toda su amplísima nómina de ministros y asesores a la cabeza, siguen aferrados a la sola y exclusiva idea de que están haciendo lo que deben y lo están haciendo bien. No hay absolutamente nada que los haga detenerse a contemplar el escenario que les rodea, tomar conciencia de la actual situación socioeconómica de los ciudadanos españoles y pensar que las drásticas medidas políticas y sociales comenzadas hace tres años para rescatar a España de la caótica situación sobrevenida por la crisis no son ni pueden ser eternas. Ahora, tres años más tarde, rescatada España y corregida la extraordinaria y nefasta situación en la que se vio envuelto el país, debemos pensar que es obligado, apremiante e inexcusable rescatar a los ciudadanos de la extraordinaria y nefasta situación en la que les sumieron crisis y rescatadores.

Las medidas que tomara Rajoy y su gobierno -ya lo he dicho en varias ocasiones- me parecen que eran las oportunas y adecuadas a la situación económica en que se encontraba el país. No obstante, habría que matizarlas como muy negativas -y claramente apegadas al capital... / ...Las medidas tomadas por nuestros dirigentes para el rescate bancario y, en general, para combatir la crisis han sido muchas, entre ellas recortes de salarios y pagas extras a funcionarios y personal del Estado, congelación de pensiones, ampliación de la edad de jubilación, recortes en la inversión pública, reducción en ayudas sociales y de desarrollo, reforma de contrataciones laborales, rebajas en los despidos, subidas del IRPF y del IVA... Medidas que se traducen todas ellas en dinero constante y sonante sacados de los bolsillos de los españolitos de a pie, de esa inmensa mayoría de trabajadores, funcionarios, empleados y jubilados que componen -o componían- las otrora llamadas clases medias..."

En realidad, podía reflejar aquí el artículo entero, puesto que recoge una clara exposición de la filosofía política llevada a cabo desde su acceso al poder en 2011 (totalmente apegada al capital y sus intereses, y que no parece devenir de clientelismo o amiguismo político, sino exclusivamente de la gran influencia ejercida por la plutocrática Troika en toda la derecha europea) y las indudables consecuencias que les reportaría su continuidad de no existir una clarísima voluntad de acabarla y recomenzar de nuevo con la óptica puesta en el pueblo, en los ciudadanos, en la recuperación de sus maltrechas economías (por otra parte, imprescindible para la recuperación del país) y en tantos derechos sociales que se le han minimizados o esquilmados por completo.

No ha sido así. Ni era previsible, puesto que no se le ha visto ni el más mínimo detalle en todo el tiempo de esta última campaña electoral. Las consecuencias no son sólo la pérdida de esos millones de votos y el verse relegados a una posición secundaria con escasas posibilidades de gobierno (esto se verás más claramente en las próximas generales), sino que, además, convierte la situación política española en un verdadero caos. Es indudable que la única alternativa viable es el PSOE, pero, si tenemos en cuenta que este partido aún no se ha asentado lo suficiente, ni recuperado su carisma tras el estado en que lo dejara el ex-presidente Zapatero por su falta de previsión y capacidad para enfrentar la crisis, más la ausencia de líderes que hubiera podido reemplazarlo con las suficientes y necesarias capacidades, nos encontramos con la necesidad de formar gobiernos -tanto municipales como autonómicos- (y, casi con toda seguridad, nacionales) de coalición con extrañas parejas de cama que, como ya nos sucediera en Andalucía este año -y nos lo recuerda la historia con los tripartitos, cuatripartitos, etc.-, no tendrán visos de firmeza, de seguridad ni de estabilidad para la consecución de un gobierno sólido y eficaz.

No soy partidario del bipartidismo, pero debo reconocer que, en tanto no se consiga regenerar la política, sanearla de su ancestral corrupción e implantar en ella auténticas conductas de total honradez, tengo que decir de este sistema de partidos lo mismo que decía Winston Churchill de la democracia, "que es el menos malo de los sistemas políticos". Elegir entre sólo dos partidos, de los que ya conocemos de sobra sus virtudes y defectos, nos libera de las múltiples dudas que nos ofrecen los partidos emergente y, sobre todo, de las más que posibles sorpresas con que nos podrían obsequiar nada más formada la coalición y comenzada la legislatura. Y eso es lo que nos espera...

Respecto a los resultados de las urnas en este mes de mayo, como eran previsibles y así lo exponía en el ya señalado anterior artículo, termino éste con el mimos argumento: "Es la forma pacífica y civilizada que tienen los ciudadanos de decirle a sus dirigentes que no lo están haciendo bien, que han ignorado u olvidado que por encima y más allá de la Banca, de los prebostes que les dan órdenes e, incluso, del que todo lo puede, está el fin último que es el pueblo. Una reacción lógica en unos ciudadanos que están hartos de estar hartos... El pueblo es razón y esencia, poder omnímodo e imperecedero, se le debe absoluta fidelidad y no se puede ignorar o marginar."

Y respecto al Partido Popular, creo sinceramente que merecía mejor suerte. Tiene en sus filas hombres y mujeres con más que probada honradez, voluntad de servicio y capacidad para ocupar cargos de responsabilidad en un gobierno. Posiblemente, todo cuanto necesita es encontrar líderes capaces de ver que las necesidades globales del país van indisolublemente unidas a las particulares de los ciudadanos. Que no se puede ofrecer medios y facilidades a los organismo y entidades constituyentes o próximos al capital de manera ad aeternam despojando, olvidando o desatendiendo las del pueblo. Que toda acción de gobierno hay que conjugarla, conciliarla y armonizarla con las pretensiones y demandas de los demás partidos -entendido como voz del pueblo- y, sobre todo, con las que emanan de la razón, derechos y necesidades de la ciudadanía.

Reflexionen. Únanle a la evidencia de la mente la equidad del corazón, y verán que no es un imposible.

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