Rincón de la Poesía 

Manuel Mejía Sánchez
Ciudad Real






A VICENTE CANO CANO
GRAN HOMBRE Y POETA HUMANO


I
Muy buenas tardes, Vicente:
en el Elisa Cendrero
salpicar mis versos quiero
para humedecer tu frente.
Con esta humilde corriente,
que el cauce te debe a ti,
en mi arroyuelo yo fui
aumentando su caudal
y lo que ayer fue un charcal
hoy se ha hecho ya río en mí.


II
Al Cielo quiero elevar
el manar de mis veneros
y hacer llover aguaceros
y el río que se haga mar
donde te puedas bañar
en mi agua que es la tuya,
pues mientras mi fuente afluya,
tu alma, sed no pasará,
porque al Cielo llegará
hecho mi verso aleluya.


III
Vicente: que estés, yo espero,
en ese púlpito azul
sobre esos mares de tul
aupado en el candelero.
Vigilarás el velero
de tu querido GUADIANA;
y él, tarde, noche y mañana
sigue su vela orientando
pero el viento va llegando
a veces de mala gana.


IV
No te preocupes por esto
que aquí estamos tus remeros
con conciencia de guerreros
para defender el puesto.
El GUADIANA por supuesto
ha de insistir en la brecha,
pues en su tierra barbecha
seguirá enraizando el grano;
y cuando llegue el verano
recogerá su cosecha.


V
Seguirá haciendo granero;
y el troje que tú dejaste,
el cual siempre lo llenaste,
no disminuirá, yo espero
que habrá de ser semillero
de esta Mancha tuya y mía,
puesto que aun con la sequía,
trigo siempre recogimos
y por todo el mundo fuimos
¡regalando “mancheguía”!


VI
Ahora con mayor razón
crecerá nuestra semilla,
porque aquella pesadilla
de aquel duro cortezón
que dejaba hecho almidón
el grano que estaba henchido,
hoy con la lluvia el latido
impulsará la raíz;
y alzará aquél su cerviz
ya en espiga convertido.


VII
Estoy seguro, Vicente:
que cuando al Cielo llegaste,
en él, a gente encontraste
que esperaba tu relente.
Esa gota transparente
que tu pluma derramó,
con tu alma hasta Dios voló
porque tú fuiste el fermento,
que luego se hizo alimento
que todo el mundo comió.


VIII
Por eso, Vicente CANO:
yo que fui alumno tuyo,
con estos versos concluyo;
y mi adiós sincero y llano
te lo doy en este arrullo.
Tarareo en mi interior
llevado por ese amor
que tú dejaste en relente,
siempre tengo tu corriente
dispuesta a darme frescor.












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