• Benedicto Cuervo Álvarez

    Desde mi quintana

    El siempre sorprendente Francisco de Goya

    por Benedicto Cuervo Álvarez


Hace unos días releyendo y mirando algunos dibujos, aguafuertes y grabados de nuestro genial pintor Francisco de Goya y Lucientes me quedé sorprendido, a la vez que extasiado, al contemplar detenidamente el aguafuerte titulado “Si sabrá más el discípulo?” y el dibujo a lápiz “Aun aprendo”. Ambas obras son de escasas proporciones pero de una calidad artística y filosófica inconmensurables. Parece, en un principio, que no tienen nada que ver una obra con la otra pero la filosofía que encierran (en tan solo dos o tres palabras) van muy parejas a pesar de la distinta técnica empleada por Goya y el tiempo transcurrido entre ambas.

Si sabrá más el discípulo? Es un aguafuerte de la serie Los Caprichos nº 37, de pequeña dimensión (21,4X15,2 cms) publicado en 1799. Representa una dura crítica hacia el maestro del siglo XVIII ya que lo compara, nada menos, que con un burro. De tal forma que el maestro burro no puede sacar adelante más que a borricos o bien un maestro burro no puede enseñar más que a rebuznar a sus discípulos. Además, se puede entender la frase de Goya como que los maestros de aquella época se quedaban enquistados en su saber sin el menor deseo de aprender nuevos conocimientos lo que podría producir, en algunos casos, que sus discípulos pudiesen superar a su maestro en interés y esfuerzo por aprender más. Según parece, Francisco de Goya llegó a leer la obra titulada “Memorias de la insigne Academia Asnal” cuyo autor fue Ballesteros publicada en 1788 primero en Bayona (Francia) donde residía el autor y, poco tiempo después, en Pamplona. Por otro parte, en julio de 1788, se inicia una campaña contra esta publicación iniciada por Sancha. Además, en ese mismo año aparecen una serie de publicaciones, en Madrid, cuyo tema central era el de los burros.

Por consiguiente, no es descabellado el pensar que el liberal e ilustrado Goya la hubiese leído y tomado nota de los dibujos de asnos que aparecen al inicio de algunos de los capítulos de “Memorias de la insigne Academia Asnal” superando, con mucho, esos dibujos, así como que Goya tuviese en cuenta las críticas y diatribas contra la Academia Española y, sobre todo, contra los nuevos derroteros que tomaba la actividad intelectual española a fines del s. XVIII.

Como muestra de esas críticas tan duras que Ballesteros realiza contra la Academia y los “falsos” intelectuales basten estas líneas:

“Del académico Zotes existen un montón de obras capaces de formar, por sí solas, una biblioteca entera. Tales son: 5 volúmenes sobre el asno tordo, 2 sobre el canto de las ranas, 6 volúmenes sobre los relojes de arena, 2 volúmenes de la carabina de Ambrosio y 1 tomo sobre la cabeza de los tiñosos. Estas obras, tan útiles y de tanta consecuencia, le procuraron la honra de que nuestra insigne Academia Asnal lo recibiese por miembro de ella”.

Por supuesto no es necesario señalar que esta obra estuvo en la lista negra de nuestra Inquisición hasta el final del reinado de Fernando VII (excepto en los breves periodos constitucionales de 1811-14 y 1820-23).

La segunda obra de Goya que también me impresionó, si cabe, aun más que la primera, es un dibujo a lápiz realizado en torno a 1826 durante su exilio en Burdeos. Esta obra es de pequeñas dimensiones, al igual que la primera (19,2X14,5 cms). El dibujo ocupa la mayor parte del papel en donde, en toda la parte central del dibujo y en primer plano, aparece la figura de un anciano –barbudo y vestido con un viejo sayo-, caminando sobre dos palos mirando hacia el espectador con ojos vivos; a pesar de su encorvamiento, su paso es largo y decidido. El genial pintor aragonés de Fuendetodos pretende que el espectador al contemplarla sintamos admiración por el anciano sabio y de actitudes estoicas, siempre dispuesto a ampliar sus conocimientos y a caminar guiado por el sabio.

Este dibujo de Goya que él mismo titula en la parte superior derecha como “Aun aprendo” parece que hace referencia a su propio pensamiento de intentar saber y aprender, cada vez más, hasta el mismo momento de la llegada de la muerte. Los ojos, la nariz y la mano derecha bien podrían ser del propio Goya pues los ojos y nariz tienen bastante parecido a sus autorretratos y los dedos de la mano derecha están bastante doblados debido a los muchos años de trabajo con el pincel. Goya añadiría la barba a su propio rostro para enmascararse detrás de ella y como signo de sabiduría pues muchos filósofos clásicos y artistas renacentistas la llevaban.

Sabemos de la vitalidad de Francisco de Goya, incluso durante los últimos años de su vida, en su exilio de Bayona por algunas cartas y documentos de aquellos años. El 14 de abril de 1825, Antonio Melón, aludía al vitalismo de Goya a pesar de haber cumplido los setenta y nueve años: “Goya con sus setenta y nueve pascuas floridas y sus alifafes, ni sabe lo que le espera ni lo que quiere; yo le exhorto a que se esté quieto hasta el cumplimiento de su licencia”. El viejo y achacoso pintor (sordo y casi ciego) no había perdido la inquietud ni la voluntad y andaba, de continuo, experimentando y aprendiendo.

De hecho una de las obras más preciosas y delicadas fue la titulada “La lechera de Burdeos” pintada al óleo pocos meses antes de morir en un lienzo sobre el que ya había trabajado, cubriéndolo con menudas pinceladas de suelta y vibrante factura. Parece que Goya tenía en alta estima este cuadro ya que, en los últimos momentos de su vida, recomendaba a Leocadia Weiss que no lo vendiera por menos de una onza de oro.

Nuestro universal pintor aragonés fue una persona que no solo revolucionó las artes respecto a las etapas anteriores sino que sería el maestro de cientos de pintores posteriores que siguieron sus técnicas y artes (como, por ejemplo el Impresionismo francés). Además de pintor era una persona culta e ilustrada y seguidor del liberalismo. Hombre de sólidos principios no se arrugó ante las dificultades que padeció a lo largo de su existencia y fue consecuente con sus principios y creencias. En definitiva un hombre cabal y un genio tanto en el campo de las artes como en el del saber al que siempre estaba atento e inquieto. Goya consideraba que el talento se consigue a base de la insistencia y que escribir era la manera más profunda de leer la vida. Su impresionante trayectoria artística así como sus sentencias, frases y cartas siguen teniendo el mismo candor e interés de antaño.

Hoy, casi doscientos años después de su muerte, el sueño de la razón sigue produciendo mostruos.

Ver Curriculum
Curriculum





volver      |      arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS    |    CULTURALIA    |    CITAS CÉLEBRES    |    plumas selectas


Islabahia.com
Enviar E-mail  |  Aviso legal  |  Privacidad  | Condiciones del servicio