• Berta Guerrero Almagro

    LA FLOR AZUL

    Perspectivismo en Carmen Laforet

    por Berta Guerrero Almagro


Perspectivismo en Carmen Laforet: el tiempo interior de Andrea en Nada

La narrativa del siglo XX experimenta novedades que se implantarán y evolucionarán. Ya lo expresa con excelencia Mariano Baquero Goyanes en Proceso de la novela actual (1963). Cambios que se perciben en la novelística americana y europea, incluida España, que pone en la parrilla literaria destacadas figuras –si bien, honesto es admitirlo, estas no despiertan la misma fascinación que Joyce o Proust–. Una de estas novedades tiene que ver con el interés por la subjetividad y el transcurso interior de la temporalidad. En su Introducción a la novela contemporánea (1981), Andrés Amorós destaca la fuerte tendencia a la subjetividad que impera en la novela moderna. A este respecto, Nada (1944) resulta un ejemplo paradigmático en español de la propensión a bucear en el mundo interior de los personajes; así lo certifica Baquero Goyanes en “Novela autobiográfica y monólogo interior” (1954).En la obra de Carmen Laforet, un narrador homodiegético, concretado en la joven Andrea, recuerda una estancia en Barcelona . Esta rememoración conecta con la nueva concepción de la temporalidad: un tiempo interior, bergsoniano, que avanza o se detiene sin atender a la agujas del reloj.

La atracción por la psicología de los personajes –y especialmente por la protagonista– se percibe en la frecuencia y exactitud con la que se plasman sus estados de ánimo. Andrea llega a Barcelona expectante, ilusionada, con una maleta repleta de libros –modelos de sus soñadas aventuras–. Sin embargo, según avanza la obra, su actitud se torna pasiva. Sin iniciativa –«yo no concebía entonces más resistencia que la pasiva» (Laforet, 2001: 29)–, Andrea se convierte en la vertiente inactiva de un ser lleno de vida y se limita a pensar sin actuar, casi como un vegetal incapaz de moverse aunque lo pretenda: «“Éste es el momento −pensé− de poner mi mano sobre su brazo. De hacerle entrar en razón. De decirle que Gloria seguramente estará en casa...”. No hice nada» (Laforet, 2001: 134).Dicha desgana conecta con la autoridad de Angustias, una mujer que aplasta sus iniciativas y la sume en la abulia. Debido a ello, Andrea se limita a no hacer nada, y llega a sentirse «un poco insulsa con mis sueños y mi carga de sentimentalismo» (Laforet, 2001:35).

Este interés que surge por el mundo interior de los seres supera el de los hechos o el del mundo exterior. Laforet se sumerge en el alma de su personaje, Andrea, y trasmite las imaginaciones, pensamientos y sueños de esta en el paso de la adolescencia a la madurez. En la novela del siglo XX el mundo real es sustituido por la profundización en el mundo interior de los personajes, en sus ensoñaciones y recuerdos. Esta elevada introspección psicológica en el caso de Andrea contrasta con los reducidos datos físicos que aparecen de ella en la novela. Solo a través de algunos comentarios de otros personajes se describe sucintamente: J. Sanz dice que «se parece a su madre en los ojos y en lo alta y delgada que es» (Laforet, 2001: 65), Pons apunta «les dije que tú no te pintabas en absoluto y que tienes la tez muy oscura y los ojos claros» (Laforet, 2001: 118).

Así pues, incluso los hechos se presentan a través de la perspectiva limitada y subjetiva de la joven; ella muestra al lector todo lo que ve y escucha, lo que acentúa la ambigüedad del entorno en el que se mueve. Incluso cuando Andrea no se encuentra en perfectas condiciones para mostrar lo que sucede a su alrededor, como en el capítulo IV de la primera parte–en estado febril y adormilada–,se transcribe lo que escucha: la conversación que Gloria y la abuela mantienen con ella –aunque Andrea no interviene–. Lo expuesto se vincula también con la importancia que poseen los diálogos en la novela. Muchos personajes se retratan a través de sus palabras y en ellos destaca también la aparición de otros idiomas, como el catalán en el caso de la mujer de la tienda de comestibles (Laforet, 2001: 137).

La subjetividad se percibe también en lo que atañe a la descripción de espacios. Desde la perspectiva de Andrea, el lector observa una clara oposición entre el interior de la casa familiar –símbolo de opresión, angustia, desorden, frío, suciedad− y el exterior −libertad, dicha, amistad, calor (como el sol del jardín universitario, como el bar al que va con Ena)−. Esta dicotomía permite asociar Nada con otras obras del siglo XX que también presentan una contraposición entre interior y exterior, como La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca; incluso las discusiones familiares que tienen lugar en ambos hogares −aunque en la novela de Laforet no aparezca un símbolo de poder absoluto como Bernarda y sí personajes de ambos géneros− pueden ser conectadas. En relación con esto, resulta interesante señalar la confrontación de perspectivas que tiene lugar ante la visión de un mismo espacio por parte de dos personajes distintos. Por ejemplo, el piso de la calle de Aribau es descrito así por Andrea: «en toda aquella escena había algo angustioso, y en el piso un calor sofocante como si el aire estuviera estancado y podrido […]. Aquellas gentes moviéndose o mirándome en un ambiente que la aglomeración de cosas ensombrecía, parecían haberme cargado con todo el hollín del viaje» (Laforet, 2001: 17); para Ena es un lugar interesante que la hechiza y fascina (Laforet, 2001: 127).

En suma: la focalización en los personajes y sobre todo en Andrea, el modo de subrayar la psicología de la protagonista llegando a construir una novela a partir de ella, el hechizo que genera en el lector la irrupción en lo más íntimo que un ser posee –el pensamiento– y la capacidad de plasmar el tiempo interior mediante los recuerdos de la protagonista hacen de Nada una valiosa muestra de la literatura moderna. Si la mente es refugio, lugar donde la salvación es segura cuando uno desea atribuírsela, la introducción en un espacio tan puro resulta una osadía que, en este caso, deviene en complicidad.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
AMORÓS, Andrés (1981): Introducción a la novela contemporánea, Madrid: Cátedra
BAQUERO ESCUDERO, Ana L. (2008): “Dos cuentos de Carmen Laforet” [en línea], en Caleta, nº 14, <http://carmenlaforet.com> [Consulta: 22/10/2015].
BAQUERO GOYANES, Mariano (1954): “Novela autobiográfica y monólogo interior”, en Arbor, nº 50(1963): Proceso de la novela actual, Madrid: Rialp.
LAFORET, Carmen (2001): Nada, Prólogo de Rosa Montero, Madrid: Bibliotex.

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