• Juan R. Mena

    Contraluz

    Nacimiento del lenguaje

    por Juan R. Mena


 RECREACIÓN LÍRICA DEL NACIMIENTO DEL LENGUAJE


El pensamiento se asomaba a los ojos y no veía más que espacios en blancos de la vida. Espacios con un fondo de muescas y gestos que no llegaban a reflejar nada, como nada refleja un espejo a oscuras. El pensamiento quiso trasmitir su necesidad de explicarse grabando en las paredes una imagen de lo que pensaba, con la esperanza de que aquel ideograma diese a entender lo que bullía en las urgencias de su anhelo de sobrevivir. Pero el ideograma sólo reproducía objetos y seres de la naturaleza, y no lo que empezaba a palpitar en la mirada siempre alerta de aquel homo sapiens. Homo sapiens porque el amor y el sufrimiento lo fueron haciendo sabio de los entresijos del alma complicada y naciente de su especie. La caza, las armas, las fieras y todo lo que veía se prestaban a la tentación de reproducirlas por pura y urgente necesidad.

Unos pensamientos desconocidos para él pugnaban en su conciencia por querer formularse como un mensaje apremiante y ansioso de comunicación. Él no sabía que ese imperioso empuje pedía un puente para pasar al corazón de la mujer con la que compartía aquella cueva en los altos de un monte o en una choza lacustre.

Fue adelgazando los ideogramas y éstos se transformaron en signos que pasaron a representar convencionalmente ideas, y la idea de más importancia para él fue un sentimiento de unión con la compañera, junto a la que compartía su miedo y su euforia. Un sentimiento que ensanchó los márgenes de su conciencia, desbordándolos hasta que la necesidad creó el órgano, es decir, la palabra. Y ella fue ese puente maravilloso que sirvió de ida y venida a las ideas más profundas que tienen los humanos: El amor y el dolor. Y como eran las palabras más importantes, hubo que transcribirlas a esos signos auxiliares para que con este gesto de perduración de los secretos más valiosos del alma naciera la escritura. La escritura creó el libro y el libro fue la cuna donde fue mecida esta décima a ritmo de verso.

Lector: el libro es ventana
para asomarte a la historia,
y él es también la memoria
que va de ayer a mañana.
 Su palabra nunca es vana
y de la idea es partera;
de ignorancia te libera
y tu soledad divierte.
Puede mejorar tu suerte
y, siempre amigo, te espera.

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