Rincón de la Poesía 

Juan Mena
San Fernando (Cádiz)





ULTIMO DIALOGO DE AVERROES Y LA FILOSOFÍA


Filosofía:

Variable es el mundo, el hombre y la fortuna
como gotas de lluvia que el viento desparrama,
como vellos de hierba que los aires voltean,
como briznas de agua en manteos de olas.
La injusticia, el dolor, la ignorancia y la muerte
te asedian como espías entre sombras y augurios,
oh pobre humano, mira la rueda del tiempo,
su molino de risas y de lágrimas, ¿cómo
quieres amamantar tu ilusión de esperanza,
si todo está minado por la fría conjura
de un azar que se goza con sus dados precarios
y los hace danzar con irónicos ritmos
sobre la piel llagada de los pobres milenios?

¿Quiere alzar en el mundo tu razón una torre
de claridades, alto mirador, fanal claro
para alumbrar los mares del absurdo, oleaje
de dialécticas, odios, miedos, dudas, violencias?

Como un magma es el viejo corazón de la gente
y un volcán es la angustia que subyace en la carne.
¿La razón ? Tú la ves: se apuntala a sí misma
lo mismo que un borracho se apoya en sus temblores.
Soy un rico ropaje que le has puesto tú a ella.
Nada más que un vestido y una voz de espejismo.

Averroes:

No puede ser. Tú existes de verdad. Ven, acércate.
Ven, deja que te palpe, que me mire en tus ojos.
Ya no sé si razón, si lámpara del cuerpo,
si apariencia o relámpago, si consuelo o locura.
Te amé toda mi vida multiplicado en brazos,
en ojos, en esperas como impaciente amante,
como novio aguardando desposorios y entrega,
dulce Filosofía, diadema de la mente,
oh torreón difícil, muralla inasequible
que trepé con la escala de audaces reflexiones,
que ahora quiero abrazar y es fantasma ligero,
cueva de desengaños y agujero de ausencia.
Oh no, precisamente cuando me abre sus fauces
el bajo precipicio de una muerte vecina,
tú te pierdes en nieblas de incógnitas, rehúyes
esta mano de náufrago que se agarra a tu sombra,
y eres de un fuego que no me quema siquiera,
que ni incluso calienta estas horas finales.
Filosofía: bóveda, constelación ficticia
de astrales armonías que esparcieron mis ojos
como red ilusoria en un cielo enigmático.

Filosofía:

Mi saber, pobre humano, es saber de ti mismo,
nada más, sombra tuya que acompaña a tus días.
Existo mientras vives y tú me ves, me palpas
fugazmente. Me has hecho con tus figuraciones
y me necesitabas para tu soliloquio.
¿Qué más quieres? Te he estado acompañando
y, ahora, ya me desnudas, reconoces el juego;
¿Prestidigitación de orgullo y de palabras?

Averroes:

No. Sé muy bien que muere mi individuo, este árbol
donde estabas posada, pero cuando te eleves
me llevarás al Todo como una gota dentro
del océano eterno que baña al infinito.



De El ardiente fulgor del homenaje (1987)









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