• RESEÑA de LIBROS

    Dios entre mis manos
    de Antonio Bocanegra

    Editorial Monte Carmelo
    Burgos, 2015

    por Juan Mena

LIBROS RECUPERADOS
 
Desde mi lado humanoAntonio Bocanegra, además de haber sido docente universitario de lengua inglesa, y antes catedrático de Filología Moderna en un instituto y doctor en su especialidad, también ha tenido tiempo para dar a luz de la imprenta varios libros de poesía, tales como Ronda y los poemas de súbita invasión (1980), Lógica de nieblas (1982), Premio Diputación de Granada, Ficciones de coplas de amor y mar(1997), así como otras obras en prosa como El testamento de Sara Cárdenas, premiado en la Feria del Libro de San Fernando en 2000, y Juan Ramón Jiménez y yo. Memoria y Ensoñaciones de un burrito, galardonado con el Premio Fundación Montero Galvache, además de contar con varias obras aún inéditas.

Prologado por Rocío Fernández Berrocal y precedido por una cita de Juan Ramón Jiménez y otra de Carlos Murciano, Dios entre mis manos es un poemario de tema religioso y de estructura polimétrica tratado con un sentimiento lírico que revela una evidente sinceridad. Consta de dos partes no muy diferenciadas pero sí afines en sus objetivos literarios. En la primera se suceden los poemas en los que el poeta habla con Dios en un monodiálogo que incluye el drama del ateísmo, las quejas, la ausencia y las presencias de Dios, la acción de gracias, el famoso silencio de Dios tan llevado y traído en la literatura existencialista de signo cristiano…

En la segunda parte, los poemas son más variados. Incluye, lo mismo poemas de tono navideño que otros dedicados a advocaciones marianas y al Cristo del Perdón y al Ecce-Homo, en concreto.

En cuanto a la forma, vemos que el autor alterna las formas métricas de arte mayor, como el soneto, con otras de arte menor y mezcla de versos endecasílabos con heptasílabos, así como otros poemas no necesariamente clasificables que se ajustan a la intención de una temática popular rayana en la Navidad.

El estilo de este poemario responde a un registro tradicional en cuanto a sus recursos. De hecho, la poesía religiosa no tiene otro tratamiento que el que el poeta le da aquí en una alternativa de versos rimados y versos blancos:

Enséñame, Señor, la esencia, la verdad,
la dimensión exacta
del hombre y de las cosas
de este mundo, de todo cuanto alienta
la verdad donde esté,
el mal donde se oculte,
la tentación donde se esconda,
así podré evitarla…

Imposible —e insincero— el estilo surrealista ni la búsqueda de la expresividad cabrían en este texto, ya que la poesía de este tema requiere un lenguaje directo, como lo hizo Blas de Otero, si bien en el poeta vasco hay un tono rebelde de vez en cuando que rompe con la poesía latréutica de los poetas de postguerra a la que sirvieron otros poetas de esas generación como Luis Felipe Vivancos, Rafael Sánchez Mazas, Leopoldo Panero, Luis Rosales, José Luis Hidalgo, Bartolomé Llorens…

Como dice la prologuista Rocío Fernández Berrocal, la plegaria de Antonio Bocanegra brota como un manantial puro y sereno. En efecto, no hay estridencia en la conversación íntima del poeta y Dios, sino afectiva.

Concluyamos diciendo que el poeta nos ofrece esta poesía religiosa en una época en la que este tema no abunda pero no por ello se ha de obviar, más aún cuando el poeta nos confiesa su fe en versos que responden con un trabajo bien hecho a la experiencia íntima insoslayable, a pesar de los tiempos vueltos de espaldas a lo trascendente. Vivencia religiosa sincera, pensamientos profundos y un trabajo literario bien hecho es lo que sintetiza un texto con un título que parece una hipérbole pero que es una paradoja: ¿Un Dios que cabe entre las manos del hombre? Las manos, por no decir el corazón.


A LA VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS

Hay un tierno silencio en torno mío.
El alma, breve llama temblorosa,
se siente frágil flor, naciente rosa
en negra oscuridad, creciente frío.

Siente duda, inquietud, siente un vacío
que acrecienta la tarde sigilosa.
Con la noche que llega presurosa
las sombras darán paso al desvarío.

Mas contemplo Tu rostro, faz ardiente,
mirando con dulzor, con luz de cielo,
y mis ojos se quedan sosegados.

Cendal de amparos y de alivios fuente,
altar de mis dolencias y consuelo,
Madre y Virgen de los Desamparados.








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