• Benedicto Cuervo Álvarez

    Desde mi quintana

    Carta de Abraham Lincoln

    por Benedicto Cuervo Álvarez




CARTA DE ABRAHAM LINCOLN AL PROFESOR DE SU HIJO.

Mientras dedicaba unos minutos de tranquila navegación por internet en una bochornosa tarde de junio, me encontré con varias webs tituladas: “Carta de Abraham Lincoln al profesor de su hijo”. El título, en sí, me parecía muy interesante y no dudé en bajarla de internet para leerla con mayor detenimiento para, posteriormente, contrastarla con varias webs más que llevaban el mismo título y fecha comprobando que el texto era casi idéntico en todas ellas.

Mi curiosidad fue en aumento al comprobar que Abraham Lincoln –decimosexto presidente de Estados Unidos- en 1830 tan solo tenía 21 años y solo había iniciado relaciones formales, unos meses antes, con una muchacha de Nueva Salem (Illinois) donde trabajaba Lincoln. Esas cortas relaciones no llegaron al matrimonio ni, que se sepa, a tener ningún hijo.

Lincoln se casó en el verano de 1842 (doce años más tarde de la fecha de esta carta) con Mary Todd con la que tuvo cuatro hijos varones. El primero de ellos, Robert Todd Lincoln, nació en agosto de 1843.

Sabemos que Abraham Lincoln, en 1830, sabía leer y contar pero nada más. Según nos dice el propio Lincoln, palabras recogidas por Francisco Cardona en su obra Grandes biografías: “Nunca estudié en un colegio o academia. Lo que poseo en materia de educación lo he ido recogiendo aquí y allá, bajo las exigencias de la necesidad.”

Lamentablemente, según parece, esta carta es falsa. En el sitio biblioteca abrahamlincolnonline, dedicado al decimosexto presidente de Estados Unidos, este documento no aparece. Tampoco se encuentra en el sitio de la librería del congreso norteamericano.

Al parecer la carta salió a la luz en el sitio de profesores de Nueva Deli, en la India y recogida por Thomas E. Scwartz en el artículo “Lincoln Never Said That,” para la edición de finales de 2001 de People, el newsletter de la asociación Abraham Lincoln .

No obstante, Abraham Lincoln consideraba la educación como algo muy importante para el desarrollo de los pueblos y lo expresa en dos frases suyas muy significativas en este sentido cuando dice: “Sobre la educación, sólo puedo decir que es el tema más importante en que nosotros como pueblo debemos involucrarnos”. También considera importante el tener siempre presenta cierta memoria histórica ya que: “El pueblo que ignora su historia está condenado a repetirla”.

Sea auténtica o falsa esta “Carta de Lincoln al profesor de su hijo”, pienso que merece la pena reproducirla por su interés en animar a los profesores a seguir una educación humanista que se deslumbra a lo largo de ella y que, a pesar de los años transcurridos, no deja de tener una fuerte carga pedagógica.

“Estimado profesor: Él tiene que aprender que no todos los hombres son justos, no todos son verdaderos, pero por favor dígale que para cada villano hay un héroe, que para cada egoísta, también hay un líder dedicado.

Enséñele que para cada enemigo, allí también habrá un amigo. Enséñele que es mejor obtener una moneda ganada con el sudor de su frente que una moneda robada.

Enséñele a perder, pero también para aprender a disfrutar de la victoria, háblale de la envidia y sácalo de ella, dale a conocer la profunda alegría de la sonrisa silenciosa, y a maravillarse con los libros, pero deja que él también aprenda con el cielo, las flores en el campo, las montañas y valles.

En las bromas con amigos, explíquele que más vale una derrota honrosa que una victoria vergonzosa.
Enséñele a creer en si mismo, incluso si está solo frente al mundo. Enséñele a ser suave con los gentiles y ser duro con los duros, enséñele a nunca entrar en un tren, solo porque otros entraron primero.

Enséñele a escuchar a todos, pero en la hora de la verdad, decidir solo, enseñarle a reír cuando esté triste y explíquele que, a veces, los hombres también lloran.

Enséñele a ignorar los gritos de la multitud que solo reclaman derechos sin pagar el costo de sus obligaciones.

Trátelo bien, pero no lo mime, ya que solo en la prueba de fuego se sabe que el acero es real. Déjelo tener el coraje de ser impaciente y a tener coraje con paciencia.

Transmítale una fe sublime al Creador y fe también en sí mismo, porque solo entonces puede tener fe en los hombres.

Sé que pido mucho, pero vea lo que puede hacer, querido profesor”.

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