• Benedicto Cuervo Álvarez

    Biografías

    Entrevista a Juan Cameron

    por Benedicto Cuervo Álvarez


Juan Cameron 1

Juan Cameron



Juan Cameron nació en la ciudad de Valparaíso, el 28 de enero de 1947. Es periodista, egresado en Derecho y uno de los mejores poetas en la actualidad. Estudio en colegios particulares ingleses y en el Liceo de Viña del Mar y, luego, en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Chile en Valparaíso. Abandonó Chile en 1974 a pocos meses de producido el golpe militar de septiembre de 1973, refugiándose en Argentina, país donde reside hasta 1977. Tras regresar a Chile volverá a salir fuera del país, hacia Suecia, donde residirá por una década, desempeñándose allí como redactor del semanario “Liberación”, en Malmö. En la actualidad Cameron reside en su ciudad natal.

Vinculado principalmente a grupos literarios de Valparaíso, el poeta Juan Cameron era habitual en el Café Cinema de Viña del Mar, junto a Juan Luis Martínez, Raúl Zurita, Waldo Bastías y, ocasionalmente, Eduardo Parra (músico del grupo Los Jaivas). En esa época Cameron se desempeñaba como procurador judicial en la oficina de su padre, abogado.

Tiene publicados una treintena de poemarios en diversos idiomas destacando, de entre todos ellos “Una vieja joven muerte” (1972), “Perro de Circo” (1979), “Cámara oscura” (1985), “Como un ave migratoria en la jaula de Fénix” (Melilla, España, 1992), “So welost Paradise” (Antología, Nueva Zelanda, 2013), “Ciudadano discontinuado” (México, 2013), “Comme une bicyclette a l’air libre” (Nancy, Francia, 2014), “Bitácora y otras cuestiones” (Quito, Ecuador, 2014), “Fragmentos de un cuaderno con vista al mar” (Salamanca, España, 2015) y “Algunos poemas” (Lima, Perú, 2015).

Entre los galardones más importantes concedidos al poeta chileno Juan Cameron destacarían: Premio Gabriela Mistral (1982), Premio Revista de Libros de El Mercurio (1996), Premio Villanueva de la Cañada (España, 1997), Premio del Consejo Nacional del Libro (1999), Premio Ciudad de Alajuela (Costa Rica, 2004) y el Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero (Ecuador, 2014).

El poeta chileno Juan Cameron figura en una treintena de compilaciones de poesía chilena y latinoamericana y, en la actualidad, está siendo traducido al sueco y al alemán.

Juan Cameron 2


ENTREVISTA AL POETA CHILENO JUAN CAMERON

P. Usted nació en Valparaíso, Chile. ¿Qué recuerda de su infancia y juventud en su ciudad natal?

Guardo más bien imágenes dispersas, algunas iluminadas por el sol, otras oscuras y raras. Mi abuela paterna me da una mamadera, cuyo sabor detesto, en penumbras. Ella hiede y afuera una luz mortecina recorre el pasillo. En otra mi padre atraviesa corriendo la plaza pues el edificio de Correos de Chile, donde trabaja, se incendia. Hoy se instala allí el Ministerio de Cultura. Recuerdo a mi madre, hermosa, plena, de cabellos rojos, mientras mirábamos la bahía desde la altura. Pero, en general, mi infancia en Valparaíso y Viña del Mar, donde crezco, está marcada por la pobreza y el desánimo. Mis padres se divorcian. Él es ahora abogado, ella oficinista. Voy a colegios particulares, pero desayuno a medias. Me gustan las chicas; pero visto mal. Soy rubio; pero no tengo monedas. En fin, es una joda.

P. Después de largos años fuera de Chile usted ha vuelto a su ciudad natal. ¿Qué motivos le han impulsado para regresar?

¿Regresar? No pensaba hacerlo. Un buen día obtengo el Premio Revista de Libros de El Mercurio. Viajo a cobrar los seis mil dólares y me pregunto qué diablos estoy haciendo afuera. Si esta ciudad es mi casa; claro, la sala de estar está deteriorada, vieja; el país es oscuro, torpe -tonto muchas veces- pero es mi casa, me digo. Aquí estás mis hijos, mi madre, mis parientes. Y quemo las naves una vez más. No me arrepiento. Conozco a la grabadora Virginia Vizcaíno. Construimos una casa. Y ese es nuestro refugio.

P. ¿Cuáles son sus primeros encuentros con el arte de las musas?

De muy niño me cautivó la eufonía. Mi abuela paterna declamada horribles y larguísimos y supra realistas poemas de niños miserables y sufrientes y nos hacía llorar. Piezas decimonónicas, por cierto. Mi padre, jamás de izquierdas, nos declamaba el “Segundo Canto de Amor a Stalingrado”, de Pablo Neruda. De él aprendí las “Coplas a la muerte de mi padre”, de Manrique; y a disfrutar al Cid Campeador quien por Burgos entreví; y a muchos otros textos. De una hermana de él supe de algunos como Nietzsche, Henry Miller y otros malditos. Escribía en cama, en un cuartucho oscuro con olor a tabaco y orines y a la luz de una ampolleta. Estaba enamorada de un sacerdote y embarcada en una novela acerca de su amor imposible; le escribía poemas. Y en ese germen primordial estaba mi mundo futuro. De aquella pieza emerjo. Hoy mis parientes lo niegan. Luego vienen las lecturas, las primeras lecturas.

P. ¿Qué escritores le influenciaron en sus primeras obras poéticas?

Comencé con esas tontas antologías de amor, los cien poemas, los mejores poemas, las recopilaciones de poesía en castellano. Seguí con Amado Nervo; yo era Nervo, por supuesto. Después subí a Darío. Y un día, en un cajón de libros que mi padre había dejado en la pieza del fondo, hallé un tesoro. Era “La miseria del hombre”, de Gonzalo Rojas, la primera edición anotada con obscenidades por la pluma Parker 51 de mi progenitor.

P. ¿A qué grupo literario estuvo vinculado en su primera etapa de creación poética?

En verdad yo me formé solo. Ya había publicado mi horrible primer libro cuando supe de un encuentro de poesía joven en Valparaíso. Me sorprendió saber que tanta gente escribiera. Pensaba que éramos pocos en verdad. Antes de editar creía ser el único en la ciudad; que en el país no había más de dos o tres tipos de mi edad haciéndolo. Entre tanto me he vinculado a la Sociedad de Escritores de Valparaíso -quienes se sintieron traicionados por mi asistencia a tal encuentro (un tiempo después me expulsaron)- y frecuentaba en Café Cinema. Formamos un grupo de amigos en torno a esas mesas. Éramos Juan Luis Martínez, Raúl Zurita, Waldo Bastías y yo. La historia y el mundo virtual y la información falsa, cuando no la ignorancia académica, agrega hoy otros nombres.

P. ¿Qué recuerda usted del Golpe Militar del 11 de septiembre de 1973? ¿Dónde se encontraba en aquel momento?

Estaba en Viña del Mar al producirse el golpe. No me gusta hablar de ello; no soy ningún héroe. Hay imágenes repentinas: voy camino al centro a ver qué pasa: la sede del Partido, carros de soldados armados, un helicóptero que llama a regresar a casa, una señora me dice que el compañero Allende ha muerto; días después alguien arroja a mi patio una serie de fichas de militantes para quemarla en el horno de pan; una amiga de mi mujer declara necesitar nuestro pequeño departamento -si no se lo pasamos, nos denuncia- llegamos donde mi suegro; libros que se entierran, balazos por las calles, bandos militares, buscamos armas; pero no hay armas. ¡Esfúmense, pendejos, váyanse del país! Nos grita un viejo comunista; en fin, una estupidez que habría de durar diecisiete años. En tanto busco asilo para mi madre, huimos al campo, a Pedegua, en enero salgo con mi mujer y nuestro hijo, Patricio a Buenos Aires. Mi madre queda en Chile, pocos años después sale a Estados Unidos, a California, donde vive mi hermana menor. ¡Uf! Es una historia muy dura.

P. ¿Por qué abandona Chile, en 1974, para irse a la Argentina?

Porque podía caer en manos de los traidores. Llevábamos con el viejo poeta Manuel Astica Fuentes y Eduardo Embry, en Radio Caupolicán de Valparaíso, un programa muy escuchado por entonces, llamado “El frente cultural del pueblo”. Era obvio, entonces. Eduardo logró fugarse y vive en Inglaterra; yo huí hacia Argentina. El pobre de Manuel cayó preso poco después; pero por infracción a la Ley de Cheques.

P. ¿Cuál fue el motivo para que usted abandonara Chile y fuese a vivir a Suecia.

Regresé a Chile en 1977. A través de mi padre supe que no había causa pendiente contra mí. No era una tremenda garantía; pero en Argentina las cosas empeoraban. En Buenos Aires debí dejar por segunda vez a otros amigos; a Sergio Badilla, quien se fue a Rumanía, a Waldo Bastías, camino a Venezuela. Estuve en Chile viviendo a salto de mata, pobre, ahora con más hijos -Jimena nació en Mendoza- durante nueve años. Hubo momentos difíciles. Pablo, el menor, nació el año 79; y estábamos en el campo. Gané un premio literario equivalente a mil dólares. Con eso partí solo, a Valparaíso, y encontré trabajo, un buen trabajo. Después la firma quebró y volví a mi medio. Había por entonces mucha actividad subterránea de nuestra parte. Me ubicaron, recibí unas pocas patadas, algunos puñetazos. Me amenazaron. Hubo un incidente por ahí, el robo de un arma a un policía de fuerzas especiales -cuestión de borrachos, por supuesto- y me vi implicado sin tener arte ni parte. Sergio Badilla, ahora en Suecia, movió fondos junto al plástico chileno Juan Castillo y al poeta uruguayo Roberto Mascaró y compraron mi pasaje a Suecia. Allí pedí refugio político.

P. ¿Cómo fue su estancia en el país nórdico?

Hubo de todo. A poco de llegar, y tras una temporada en campamentos de refugiados, me trasladé gracias a un amigo a Malmö y luego me otorgaron la permanencia. Comencé a trabajar en el semanario Liberación, quienes me conocían por haber obtenido un certamen literario organizado por ellos. Escribí allí durante esa década y una más desde Chile, hasta mi jubilación. Mi esposa y tres hijos llegaron un año después; y antes de otro se quebró la familia. Quedé con los mayores; pero mi hija retornó a los meses y mi hijo se fue a vivir solo. En líneas generales residí en el sur casi toda mi estadía. Guardo buenos recuerdos de mis hermanos uruguayos, los del semanario- y de los escritores suecos, los únicos que me acogieron como un igual. Como periodista y poeta tuve la oportunidad de compartir con Wole Soyinka, Javier Sologuren, Seamus Heany, Tomas Tranströmer, Andrei Voznesenskij, Derek Walcott (un tipo muy pedante), con el gran Juan Gelman, José Emilio Pacheco; en fin, me senté en la mesa de una cincuentena de próceres. Regresé al país tras ganar el premio Revista de Libros del diario El Mercurio. Vine, vi y dije basta. Pero quedé a mitad de camino; soy chileno, soy sueco, tal vez un apátrida más.

P. ¿Qué opinión le merece el también poeta chileno Eduardo Embry? ¿Existen algunas coincidencias entre su poesía y la de Embry?

Eduardo Embry -como Juan Luis Martínez- fue mi maestro. Ambos me señalaron la materialidad de la palabra, me señalaron el signo, lo que por mi cuento estudio después. Eduardo Embry era una figura central en la poesía de Valparaíso hasta el golpe del 73. Su nombre irá en la mejor poesía porteña, en el más serio canon, junto a Ennio Moltedo y Juan Luis, por supuesto. Y en un comienzo yo tomo bastante de él; esa suerte de poesía lárica (de los lares) que él practica en un emocionante volumen de los años sesentas, “Los ángeles caídos y otros poemas”. Poemas como “Alguien muere en el barrio” o “Hermano ausente” mantienen, aún medio siglo después, una fuerza extraordinaria. Rechazó él mi primer libro -y con razón- y ahora prologa mis selectos, “Poemas desde el andén”, que aparecerá luego en las prensas de la Universidad de Valparaíso, mi antigua Universidad de Chile. El mundo es en verdad redondo.

P. ¿Cuáles serían los temas más recurrentes dentro de su vasta obra poética?

La crítica social y la poesía amorosa de los comienzos, se mantiene aún casi a los setenta de mi edad. Todo está cruzado por la ironía, por la burla a la imbecilidad humana. Y justamente ahora, en estos tiempos oscuros, en esta nueva Edad Media, tengo material para reírme a carcajadas. La tontera supura por todas partes, el discurso hiede. Y si no aprovecho aquello, soy un estúpido.

P. ¿Cómo podríamos considerar su poesía? ¿Qué pretende transmitir a la gente a través de sus versos?

A esta altura vislumbro en mi algún estilo propio. Aspiro a la eufonía. Me gusta ese poema que queda rebotando como un no sé qué (dijo un poeta por allí). Mi verso es muy personal. Quien lo escucha podrá percibir esa rabia por la injusticia, por la estulticia. Si llego a lograrlo sería un tipo definitivamente feliz.

P. Dentro de su obra poética ¿Cuál sería su poemario preferido? ¿Por qué?

Bueno, con el tiempo ya junto varios amores. “Perro de circo”, de 1972 y reeditado el 2011, me sacó de la pobreza y me hizo conocido a nivel nacional. Sus versos se rayaban en los muros universitarios durante la dictadura; muchos aún me reconocen por ellos. Pero está “Cámara oscura” de 1985, un experimento para mí frente a los pretenciosos intelectualillos de mi época; es el más respetados entre aquellos hoy en día. Y, por último está el volumen que mejor me representa en cuanto al viaje, al exilio y a la burla, “Ciudadano discontinuado”, editado en México y con dos auto ediciones en Chile y una cuarta, prontamente, a cargo de una joven editorial de mi ciudad.

P. ¿Cuáles serían los poetas que más le gustan del momento actual? ¿Y escritores o poetas clásicos?

La lista es enorme. Cito a Ludwig Milosz, Wislava Szymborska, Eugenio Montale, al ecuatoriano Rubén Astudillo y Astudillo, los míos Enrique Lihn y Jorge Teillier. Pero me preguntas por los actuales. Y allí el canon se extiende. En mi idioma y continente, nuestra América (no la yanqui), tenemos a José Watanabe, de Perú -bueno, en Perú yace hoy la mejor poesía castellana del momento y sería inútil nombrar a todos, como Cisneros, Corcuera, Marco Martos, etc.- a Jota Mario Arbeláez y Juan Manuel Roca, en Colombia, Juana Bignozzi, argentina, recién fallecida, Pedro Shimose, en Bolivia, Marco Antonio Campos, Coral Bracho y los jóvenes Mario Bojórquez, Alí Calderón, Álvaro Solís, en México; por cierto México es hoy otra fuente de enorme poesía.

P. De los múltiples premios que ha recibido ¿Cuál de ellos le agradó más? ¿Por qué?

Allí también hay varios. El “Rudyard Kipling”, de 1978, me sacó de la pobreza y publicó mi “Perro de Circo”, que tan bien ha ladrado. Pero el “Revista de Libros de El Mercurio” me hizo retornar a mi país. Cada premio tiene su significación y sus quince minutos de gloria.

P. ¿Qué nos puede decir de España? ¿Cómo ve actualmente nuestro país en el ámbito cultural y de creación literaria?

Mi visión se enfoca a través de infinitos prismas: lejanía, mala distribución, imposiciones editoriales e ignorancia generalizada. Y es, además, la visión de un extranjero. Y, por ser mala, no es buena. España parece haber retrocedido mucho estos años recientes; a pesar de ser un país muy rico, enormemente rico, y respecto al mío un país en serio. Y de esta España actual, sin duda, las mujeres la llevan. La poesía española -que decía circula muy poco en la actualidad- pareciere decaer. Basta ver el catálogo de Visor. ¿Se ha vuelto al oscurantismo, a la cantera -más bien tontera- religiosa o filosófica? ¡Cuánta falta hace hoy, frente a la niebla lanzada por la teoría, lo académico, la prensa y la vanidad, una María Zambrano que ponga los puntos sobre las íes! Por suerte tenemos a Cristina Peri Rossi, Ana Rossetti, Juana Castro, Raquel Lanseros; en fin, son tantas. Y me queda Concha Zardoya quien, como yo, nació en Valparaíso.

P. ¿Cuándo estuvo por última vez en España? ¿Tiene previsto visitar nuestro país este año?

Estuve en octubre pasado invitado a dos encuentros, en Salamanca y Madrid. Los salmantinos me concedieron el honor de ser declarado Visitante Ilustre, junto a mi amigo Jacobo Rauskin, quien obtuvo el Premio Nacional de Literatura en Paraguay. Fue mi cuarta visita a esa ciudad; que por lo demás, me encanta. Algo de lo castellano y sefardí -mi familia paterna es zamorana- me queda en la sangre. Y recogí ejemplares de mi tercera publicación en la península, el libro premiado el año anterior. Es un lugar común eso de la patria del idioma; pero yo en España me siento en casa y no me exijo pasaporte. Mal que mal nací zamorano. ¿Visitarlo este año? ¡Encantado! Lo único que falta es el pasaje aéreo.

P. ¿Tiene prevista la publicación de alguna obra literaria para este 2016?

Así es; en abril tendremos la cuarta edición de “Ciudadano Discontinuado” y la antología “Poemas desde el Andén”, de la Editorial de la Universidad de Valparaíso. Tengo unos originales por ahí que podría publicar; pero espero resultados de certámenes. Y, en Suecia, me están traduciendo al sueco y al alemán; aunque no creo que tales trabajos vean la luz este año.

Para concluir la entrevista que mejor manera de hacerlo que con dos de sus poemas inéditos:


BUENAVENTURANZAS

Dichoso el tuerto en la tierra del sordo
será como gusano donde gallina ciega
será como el saciado donde el huevo de oro

Dichoso el tuerto en la tierra del mudo
que en su ojo muerto no pintará el sarcasmo

Pero menos dichoso en el país del ciego
a palos con un bote de colores
y la torpe ansiedad del arcoíris.

Alumnas

Para el profesor de Literatura
Benedicto Cuervo Álvarez
de Oviedo (ASTURIAS)


Me tratan de señor estas mujeres
bromean con mi edad como si nada
ocurriera en la piel cuando es octubre
y ellas abren los ojos y ventanas
Me tratan de señor y se iluminan
las piernas con el sol y la sonrisa
Yo escucho susurrar sobre los años
así una tibia sala en primavera
Ayer no más les digo y ya sonríen
y se extrañan de oír esta mirada
Pues es la misma piel los mismos labios
la misma edad que fluye desde entonces
Inversa es la retórica repito
Lo que es ayer mañana será siempre
este cuerpo mi nombre mi costumbre
de acercarme a sus rostros como a un árbol
cuando germina el año
Mas una brisa aleja los colores
y me tratan de señor
estas mujeres.

Agradezco, muy sinceramente, la deferencia que ha tenido Juan Cameron conmigo al permitirme que le entrevistase sin ponerme ningún tipo de impedimento. Sé que el director de Arena y Cal y los lectores de esta revista literaria le estarán muy agradecidos por la gentileza que ha tenido con todos nosotros. Muchas gracias Juan.

Ver Curriculum
Curriculum





volver      |      arriba

Pulse la tecla F11 para ver a pantalla completa

contador

BIOGRAFÍAS    |    CULTURALIA    |    CITAS CÉLEBRES    |    plumas selectas


Islabahia.com
Enviar E-mail  |  Aviso legal  |  Privacidad  | Condiciones del servicio