• Javier Claure Covarrubias

    Pentagrama de Letras

    Artesanía toledana

    por Javier Claure Covarrubias


Santiago

Santiago Encinas


Toledo, también llamada la ciudad de las tres culturas, está situada a 25 km de Madrid, y se refugia entre caminos, enormes murallas, puertas de piedra, puentes, torres y el río Tajo. El historiador romano, Tito Livio, se refirió a Toledo con las siguientes palabras: “Parva urbs, sed loco munitia” (ciudad pequeña, pero bien fortificada). Toledo fue declarada, en 1986, Patrimonio de la Humanidad. En este lugar convivieron tres grandes culturas medievales: judía, cristiana y musulmana. Esa fusión cultural marcó un hito muy particular de paz entre cristianos y musulmanes. Tal es así que Fernando II ordenó que se haga un epitafio en hebreo, árabe y castellano. La colaboración artística entre esos pueblos, que hoy en día se luce en Toledo, ha quedado plasmada en sus iglesias, monumentos, artesanía, puertas, jardines, decoraciones en yeso, en azulejos etc.

Caminar por las callejuelas empedradas de Toledo es como estar paseando en un ambiente medieval. Volví a Toledo después de casi 20 años. En aquella época había una calle con tiendas de artesanías, y los dueños hacían pasear, a los turistas por sus talleres, para mostrar la elaboración de esas hermosas prendas artesanales. Hoy en día, como es de esperar, todo ha cambiado. Las tiendas están ahí, pero es difícil encontrar esos talleres de cerrajería. Sin embargo, preguntando a la gente llegué a un par de tiendas, en donde me hicieron pasear por el taller. La primera tienda es la fábrica de espadas de Mariano Zamorano y pude conversar con Santiago Encinas.

Javier Claure: ¿Podría contarme cómo surgió la idea de abrir este taller de cerrajería?

Santiago Encinas: Bueno mira, nosotros somos una empresa familiar, y llevamos trabajando por más de cien años de generación en generación. Pues ahora vamos por la cuarta generación. Hacemos trabajos en cuchillería, damasquinado pero, sobre todo, nuestra especialidad es la espadería.

JC: ¿Cómo fabrican las espadas?

SE: Cuando hacemos una espada, la primera parte es el trabajo de la hoja. Recibimos el acero al carbono, le damos la forma, la longitud y el grosor que queremos a cada hoja. Y luego, con el yunque y el martillo, lo forjamos y lo templamos al agua. La hoja de la espada está rematada con una espiga, y sobre esa espiga se monta la empuñadura. La segunda parte es la realización de la empuñadura y la adaptación a la espiga. La última parte es lo que llamamos el calado, el pulido de la hoja y el forrado de la empuñadura. Son espadas artesanales y, por lo tanto, cada hoja tiene su empuñadura. Las espadas que fabricamos son réplicas de modelos históricos y, de alguna manera, vamos mostrando su evolución. Existen las espadas cortadas pre romanas, las espadas anchas medievales y las espadas hechas a partir del siglo XVI.

JC: ¿Cuál es el objetivo del calado en la espada?

SE: Una leyenda militar dice que cuando se estocaba al enemigo, con una espada calada, ese calado permitía la entrada de aire en el cuerpo del contrincante, y así se producía una muerte segura.

JC: Tengo entendido que las espadas toledanas fueron muy famosas ¿por qué?

SE: El trabajo del hierro y del acero en Toledo se debe a que, en la época romana, encontraron unas minas de hierro muy importantes en este sector. Entonces se desarrolló mucho la siderurgia y la metalurgia. Y con el paso del tiempo, las técnicas de trabajo han dado nombre al acero toledano. Descubrieron, por ejemplo, que cuando el hierro caliente se dejaba introducido en el carbón, cambiaban las características de este metal. Se producía, por así decirlo, un “pseudo acero”, y este hecho hizo famoso a Toledo. Las espadas hechas de esa manera eran por fuera de acero, y por dentro mantenían el hierro en su estructura original.


La segunda tienda se llama “Artesanía Burgueño”, fabrican damasquinados, artículos de cuchillería y cubertería. Pasé por el taller en donde trabajaban tres personas.

Javier Claure: ¿Qué es el damasquinado?

Vicente Burgueño: Es un trabajo típico de Toledo, se llama así porque hace alusión a Damasco, la capital de Siria. Durante muchos siglos España tuvo gran influencia de la cultura árabe. El damasquinado consiste en incrustar, sobre una base negra de hierro, hilos de oro y plata. Pero previamente se le da una preparación al hierro con ácido nítrico, o bien se hacen ranuras con una cuchilla. Así se crea una porosidad, y sobre esos poros se introducen los hilos. La mano derecha va dibujando y con la izquierda se va presionando. Cuando el dibujo está rellenado con esos hilos, se va golpeando con un pequeño martillo y un hierro plano directamente sobre el oro o la plata. Entonces las ranuras se cierran y los hilos quedan adheridos al hierro. Finalmente, la pieza es introducida al fuego a 560 grados con una composición química de nitrato de potasio y soda cáustica. Y como efecto cambia el color del acero. De ser gris, su color natural, toma el color negro y el oro o la plata resalta. Así es más o menos, a grandes rasgos, como hacemos los trabajos.

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