Rincón de la Poesía 

Juan Mena
San Fernando (Cádiz)




ÁRBOLES AL DESTIERRO


Como en la Grecia clásica, pasaporte al destierro,
el ostracón del polvo, raíces boca arriba,
arrastre de las ramas que han parteado sombras,
árboles, descendéis la rampa de la prisa.

Mientras que en este estrépito, como a ras de exterminio,
entristece el color que da la despedida,
os acordáis de cuando erais albergue al raso
de pájaros y vientos, como una fonda efímera.

Indefensos estáis ante el tajo de acero
que es esa excavadora, lengua de una cuchilla
que corta vuestro cuello y deja entre pedruscos
socavones de pena como única reliquia.

Vuestra sangre es la tierra que va desparramándose
por las venas ya secas de vuestra capullina.
Arrastrados os llevan hasta el camión lo mismo
que enseres de una guerra que la tenéis perdida.

Los años, que añadieron grosor a vuestros troncos;
son siervos puntuales las estaciones cíclicas
que os hicieron frondosas murallas de ciudades
y escoltas de las calles que los gases asfixian.

Colmenas de ciudad, los hilos resinosos,
es la miel y los hojas, las móviles celdillas.
Abejas los insectos y píos pasajeros
que en vosotros hallaron dulzor de una visita.

Los monstruos de cementos que tanto han conspirado
para que os den las máquinas irónica amnistía,
rellenan de metal troquelado a los hombres
y con neón y altura celebran sus albricias.

Una invisible queja con su tropa de insectos
os hace catafalco de ramas y suplica.
Sube por el silencio de dos, tres ciudadanos
que el pésame os han dado con mirar de desdicha.

Erais, como longevos vecinos, la leyenda
de una historia, una oral reverencia emotiva.
En verano, cascadas de sombra con frescura.
En invierno, ramajes de lluvias con sortijas.

El progreso con patas de mamut os cocea
y con voces y estruendo de trabajo hace trizas
un bosque con anillos de sol entre sus ramas
y en su copa, el ocaso, simulacro de pira.

Se os echará de menos cuando crezca la piedra
y encierre en su osamenta un archivo de cifras.
La gente que ahora pasa con cálculo y premura,
sentirá que un nostálgico torcedor la pellizca.

Con los ojos ya huérfanos de vosotros, presiento
que es la naturaleza hoy aún más enemiga
de los hombres, cansada de advertencias, y escribo
los versos a una tierra para sentencia vista.


de Historias asonantes (2008)
Seleccionado y editado en Ecoloquia (2010)







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