• Peregrina Flor

    Senderos de sol y nubes

    Imposible gritar ¡Libertad!

    por Peregrina Flor

 

He aquí mi canto a la igualdad de las razas, de los seres, quisiera también de las ideas y la religión, que tantas veces nos separa a traición, provocando muertes, enfrentamientos y guerras.

He aquí mi canto y es amable, quiero convencer, ayudar a mejorar.

He aquí mi canto que nace de mi soledad, y me ha hecho descubrir la verdadera felicidad, aquella de la que jamás te divorciarás.

Estoy aquí, somos la familia Warrely, grandes amantes de los animales y las causas, enemigos del tabaco, la mala vida y el alcohol, pero no aburridos, eso no.

Buscamos simplemente un mundo mejor, más cordial, donde no te de miedo salir a la calle y todos seamos hijos de Dios. Y que se note.

Aquí me encuentro, aquí bailo, aquí me muevo, no me mueven, sé a qué sitios voy y con qué palabras debo hacerlo.

No me equivoco, me entenderá, pero espero que no se vayan a dormir sin reflexionar, sobre lo que aquí se expresa con lágrimas, no a la desesperada, no vale de nada, pero sí pidiendo “por favor”.

Solidarios a pesar de todo, la soledad, la incomprensión, la intolerancia, las dificultades económicas, el desamor y la vejez. Solidarios con la causa: que nadie pase hambre.

Ayuda blanca, lealtad, moral, honor, porque todos somos iguales ante los ojos del único Dios, entonces todos debemos vivir de forma parecida, sin carencias, con la barriga llenita, que tan bien nos sienta… tenerla.

Debemos respirar profundamente contemplando un hermosos valle lleno de amapolas rojas y reflexionar sobre la forma en que podemos colaborar. Todos podemos, grandes y chicos, olvidar un poco nuestras tristezas ya que al menos… tenemos que comer todos los días y podemos tender la mano y abrir los brazos, fuerte, muy fuerte que sea ese abrazo.

Yo también tuve un oso de peluche con el que me gustaba jugar porque tenía el estómago lleno y la nevera repleta de sanos alimentos.

Sé que todo van a terminar olvidando los que no me comprendan... y no llorarán, se reirán de la mujer nacida en el Sur, país de poco peso mundial... y de ahí salió ella que supo mantenerse en su perfecta virtud y en sus ganas de ayudar a los demás.

Frente a los que no me entiendan… hay que disimular la rabia... y me cuesta la tarde entera... no comprendo lo que hacer y lamento un fuerte dolor de pecho, angustia que no me abandona, pena sin descanso, traición y acción, contradicción... temblor de manos, calenturas de joven...¿a dónde iré, después?. Quiero ser parte de la lucha contra la marginación y la desnutrición.

Josefina de oro negro... de cruel mirada cuando el hambre de triste sombra la habitaba y todo sin ser ella… mala. De ojos verdes cual un paisaje de verano belga, Josefina, hoy vive y ha estudiado Psicología gracias a las buenas acciones de hombres de fe. Tiene una gata. Se llama Petunia... gatita loquita, de tres selectos colores, presumida como ninguna otra. Nena, nenita, neniña, misericordiosa y sonriente, que le gustan las golosinas gatunas, que le gusta la comida de la lata, que durante la noche se acuesta en las alfombras rojas y peludas de la sala, Petunia, nena de suave pelo, de seda fresca y de dulce tez... gran colorido en armonía te habita, y una niñez... en el rostro sombrío de quien ha sufrido debajo de un camión en las calles del olvido. Josefina la recogió de la calle porque también aprendió a ser solidaria con quienes nos necesitan. En este caso, los animales desamparados, abandonados a su suerte.

Milagros de ojos negros… cual terciopelo su piel, de acero inoxidable tu firme mirada de clavel, del bueno… cual recuerdo en la distancia, estás tú, morena de piel, dorada por el luminoso sol, niña hija de dioses lejanos, encantada, Milita, muñequita de flores frescas en sus gestos y su caminar, acaramelada y alegre, pero en su pasado, sin nada en su seno, viviendo en la sombra del trueno del llanto y el lamento, del mismo ser que no fue... Milagros no se murió de hambre porque recibió alimentos a tiempo.

Viendo a Yolanda... niña hermosa, de película, preciosita, gran amiga de los seres humanos, cariñosita con pequitas, ella que no me quiso besar. Viéndola ojo a ojo, sintiéndola, cara a cara, jugando con sus muñecas, divirtiéndose sin cesar, gritando con la boca llena, dándome sus peluches, bailando a buen ritmo, pisando pedales de bici, sin llorar ni un pelo, con sus ojos luminosos de oro, abiertos cual la luz solar, grandes cual es mi presente, haciéndose querer mucho. Esa niña africana vive gracias a la ayuda de mi prima Macarena que lo hizo todo por ella, la apadrino por medio de una Ong y luego, la adoptó.

¿Qué buscamos ayudando a los demás?... me pregunto yo, Gabriela Valle.

Busco: vivir en paz... con los santos, con los demás... con lo que soy, yo soy yo... y quiero tanto vivir tranquila. Vivir en dulce soledad si toca, en armonía el alma que no llora, en sabiduría, ciencia eterna, en gracia de los que gracias hacen y no en la distancia de los que sufren. Vivir en paz, paz es paz... paz interior, de espíritu, paz verdadera, de dentro afuera, paz eterna, en plenitud, decir... sólo me queda: vivir en paz siendo solidaria, amiga de los necesitados, donante de amor y de tiempo… también.

Para lo que me queda... mejor arrojar una sonrisa al cielo, al aire, a la inconstancia y decirle: aquí estoy yo: doña Gabrielita... Quiero sobrevivir, salir de abajo, aún más, ayúdame. Para lo que me resta, mejor ver los campos llenos de flores, salpicados de pétalos de rosas, mejor no llorar la pena por lo que no fue, ni será (el remedio de las acciones del pasado, los muertos de hambre que han sido olvidados). Mejor pensar en lo que sí, sí puede ser.

Para lo que me resta, Dios me miro en el espejo, ganas de llorar tengo y lloro, que es triste todo en el río... quedo en soledad. Sola... Sólo nada tengo, vacíos los bolsillos, más que la noche gris, aquella en la que me cuesta dormir. Bendiciones pido al alba y que me deje recuperar, verme un buen porvenir aunque sea pequeño, y encontrar fuera lo que no encontré en algunas personas del mundo poco amigo de regalar y poco amable en que me hayo. El mundo en que también estás tú.

No es que sea imposible gritar, pero “libertad”, tal como están las cosas, no puedo, ¿por qué los africanos siguen siendo pobres cuando se da dinero y dinero para la causa?, por qué siguen muriéndose de hambre?, ¿por qué las madres tienen hijos sin control, niños que luego mueren de desnutrición?...

Hay tantas cosas que no se comprenden, que dan rabia.

Sé que sé lo que sé... y andando voy por el río, paso a paso en sus orillas que son las mías, marchando paso a paso... y sólo sé que nada sé. Como decía el filósofo, sólo que la felicidad, la risa se puede encontrar en los otros, en lo más triste y penoso, en lo más sombrío, en la infelicidad del ser humano que enseña. Que lo sé del fondo y hubiera deseado saberlo todo, pero todo se escapa de mis manos casi pintadas de negro por acción de los rayos del sol disfrazado de lluvia. Todo se va y yo... voy perdiendo terreno poco a poco, se es lo que se puede, lo que no, no. Y feliz igual yo soy que nada valgo ni soy, salvo para mis familias.

Escribí un cuento a un niño de África del Sur… Con ese cuento también le hice feliz:

Le hablé de Lourdo, perro que fue el mejor amigo de Pedro, que sería la mejor compañía de un chiquillo. Lourdo, cabeza de tigre y tierna piel llena de estrellas. Lourdo de zanahoria. Lourdo de estrella a estrella. Lourdo valiente e irónico y burlesco y también luchador. Lourdo de pelo negro, ojos marrones, corazón de oro y collar con medalla y campana de plata.

Mi prima Lupe dejó a su alemán... poco le duró, pero volverán a verse. Aunque sólo discutió fue duro, quizá vuelvan, él no se peinaba. A ella le gusta Alemania, quizás vaya a vivir allí, lo sé. Algún día, en un futuro próximo y con ella en su regazo él estará, como quien tiene cogido un bebé. Pero si lo olvidó... le abandonó por un ahora del sol, pero su foto, su firma y su fragancia siguen en su mirada, en sus gestos, lo que me hace pensar en una reconciliación.

Sé que no tiraré en saco roto… todo lo sentido, todo lo añorado, todo el tormento de no sentirme respetada por los que no quieran aceptarme como quiero ser. No tiraré en saco roto la muerte que viene y que parte de mi alma y dice: ¿y a mí qué?... no meteré en saco roto tus ojos verdes que poco me dicen ya, no tiraré en saco roto, vivir por vivir, decirte que sí, cuando quiero decir NO.

Voy a morir… y Dios no lo desea, lloverá, sin duda, lloverá.

Voy a morir, pero los que no colaboran volverán a nacer, como ratas, y no tendrán su queso. Voy a morir como un ser celestial que casi soy, y con Dios que no sé si me abandonó… misericordia Dios, no me olvides. No quiero ser santa, sólo quiero “ayudar”.

Para que escribir palabras, fantasías son poesías, para qué si ya no sé que decir. Pero aquí sigo. Porque tengo una causa, quiero ayudar, aunque pierda, aunque se rían de mí. Quiero poner mi grano de arena y dirigir mi voz a los políticos, los sociólogos, los medios de comunicación, estudiantes, funcionarios, barrenderos, peluqueros, amas de casa, actores y directores de cine, homosexuales... Todos, absolutamente todos podemos hacer algo.

Podemos no sentir “odio”. Odio, mal sentimiento que deja su rastro, del que quiero escapar, que no me deja gritar “Libertad”. Odio, sentimiento de ira, de desolación, del infinito deseo de ver como pierde la felicidad del ser odiado, y son tantos… tantos y tantos los seres que se detestan. Y con qué razón…

Odio, que no deseo morir, más mi muerte se desea. La desean los odiados por mí, que lo sepan eternamente. Nunca responderé por ellos, para mi nada son… que se hundan en una arena sin luna.

Odio a los que no luchan ni comparten y se llevan a todos por delante, se ríen de las desgracias ajenas y a los santos no se encomiendan. No verán la luz solar.

Y a pesar de todo, soy mujer. Y sueño. Y amé. Y a pesar de todo tengo mi vida y mis metas particulares, sólo mías, de mi propiedad, en la sociedad moderna, en un país desarrollado, con más de una casa en la que vivir…

Los sacerdotes dicen que con buenas acciones se busca la “miel azul”… vaya utopía… la mía. Miel color cielo y cielo deseado, amado, valorado. No sé si mío será.

Miel de perlas perdidas de la playa de Macuto y miel con sabor a cielo enlatado, y miel para el bienestar, para curar la fatiga, para la pena y el tormento, para la gripe y el lamento, para respetar. Miel de los caminos, de los pastizales, que da sus beneficios a los caminantes, miel de tul, encantada y emanada de las flores.

Miel de praderas y bosques, de playas solitarias, de civilizaciones variadas, de la aldea de Maio Grande en Galicia, miel celestial y terrenal, miel que vale, que se toma y se alegra todo uno, lo poco que se es. Se tiende la mano al hermano para ayudar, pero no sé que será de mí… no tengo esperanzas de que la miel me sane ni me cure, ni me alivie…

Dios, que haya algo mejor para los que pasan hambre, que algo mejor les suceda, que el tarrito de miel azul bienvenidito sea. Pero que algo mejor haya que les saque de las penas. Es una difícil tarea porque no hay nadie bueno en el mundo… pocos son los que comparten, todo perturba la paz, todo es caer en terrenos que no se pueden pisar. No hay nadie bueno, no hay. No hay sentimientos puros con los que lograr quererse, no hay amor en los seres vivos, sólo interés, sólo maldad. Pisar, pisar y pisar. No hay nadie bueno en el mundo. Si malogran mi destino y no me dejan respirar, no hay nada bueno, no hay.

El mundo está haciéndose pedazos, mucho vicio, poco aguante, ¿y la bondad?, poca boquita rosada que nada dice más que “hola”, y yo no sé si soy pensamiento o amarilla o caprichosa. Y yo no sé si soy algo diosa o Gabriela u otra cosa.

Y sigo aquí viendo el viento y la distancia que me separa del sol… y las estrellas en el cielo de hielo me dicen que saben cantar, fumar, hablar, engañarme, que orgullo sienten de su condición… y él… que nunca me ha besado, no lo hará ya, gracias a Dios.

Están advertidos… mis ideas no pueden desaparecer, morir, mis deseos de ayudar a los necesitados no se hará invisible, no podemos ser ignorados. “No” a la desdicha del ser que estrecha la mano a un negro, un chino o a un mulato.

Saben que tengo razón, que la justicia divina trabaja por detrás, que a todos lo que hacen mal se llevarán por delante, pues todos tenemos derechos: alimentación, calzado, ilusiones, buen peinado, estudios y un trabajo respetable que nos permita vivir dignamente, sin pedir limosna, sin mal humor, sin lamentarnos, sin compararnos.

Quienes han sabido dar muerte, sin pena ni gloria, no me perdonarán la vida… y debo ser cautelosa. Están advertidos, uno a uno, unos a los otros… adviértanse. No soy culpable, no tiene que pasarme nada, ya que inmensamente vuelo y no vuelvo, vuelo al viento, a las olas que casi son tsunamis…a la luz que me cura y me hace inmensamente feliz. Una fuerza positiva y no negativa, que te da la razón y no te humilla, que está en vigor, en plenitud, en armonía, en soltura, en concordancia, en altura, en cordura, en su mayoría, en asamblea plenaria, en luz perpetua y natural y en las sombra de la tempestad.

Somos la familia Warrely, familias así hay bastantes, pero debería haber más, hay que enseñar a vivir a los que no saben para que no pidan limosna toda su vida, porque hay negocio, claro que puede haber negocio detrás de toda hipotética buena acción y eso es lo que hace doler los huesos y retorcerse el ánimo.

No la las guerras, no al hambre ni al odio entre naciones, la familia Warrely lo pide y lo justifica porque después de luchar por la causa la paz interior es muy grande, la vida se ve de color rosa y te sonríen los claveles, todo te será más fácil y morirá lleno de alegría y con los brazos abiertos los seres divinos te esperarán, con un pedazo de bizcocho con nata, de ese tan rico que preparaba mi abuela.

Luces, cámara y ACCIÓN. Comienza el rodaje de una nueva película, aquella en la que debemos participar para acabar con el hambre en el mundo. Aquella que nos hará realmente libres y felices. Que ganará premios y nos dará el mejor premio: paz interior, triunfo y saber que se puede.

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